Confianza ------ * Keefer, Philip; Scartascini, Carlos. 2022. Confianza: la clave de la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe (Resumen ejecutivo) * VER DOCUMENTO AQUÍ: https://publications.iadb.org/es/confianza-la-clave-de-la-cohesion-social-y-el-crecimiento-en-america-latina-y-el-caribe-resumen * La confianza es el problema más acuciante y, sin embargo, el menos abordado al que se enfrenta América Latina y el Caribe. Ya se trate de los demás, del gobierno o de las empresas, la confianza en la región es menor que en cualquier otra parte del mundo. Las consecuencias económicas y políticas de la desconfianza se propagan a toda la sociedad. La desconfianza reduce el crecimiento y la innovación: la inversión, la iniciativa empresarial y el empleo florecen cuando las empresas y el gobierno, los trabajadores y los empleadores, los bancos y prestatarios, así como los consumidores y productores confían unos en otros. Por otro lado, la confianza dentro de las organizaciones del sector privado y público es esencial para la colaboración y la innovación. La desconfianza distorsiona la toma de decisiones democrática. Impide que los ciudadanos exijan mejores servicios públicos e infraestructura, y que se unan entre sí para controlar la corrupción; asimismo, reduce sus incentivos para hacer sacrificios colectivos que benefician a todos. La buena noticia es que los gobiernos pueden aumentar la confianza ciudadana con promesas más claras sobre lo que los ciudadanos pueden esperar de ellos, con reformas del sector público que les permitan cumplir sus promesas y con reformas institucionales que refuercen los compromisos que los ciudadanos contraigan unos con otros. Este libro orienta a los responsables de la toma de decisiones en su esfuerzo para incorporar la confianza y la cohesión social en las reformas integrales necesarias para abordar los retos más difíciles de la región. ---- * VER MÁS EN * SociologiaAmable * [[Confianza]] * ElCirculo y el Dialogo * EnLaArgentinaFaltaConfianzaReciproca * FormulaDeLaConfianza * MundoVicaConfianza * SociedadConfianza ---- * La institución invisible: la confianza. * La confianza es considerada una "institución invisible" porque funciona como el tejido social que hace posibles las interacciones, el funcionamiento de las organizaciones y la cohesión de la sociedad. Es invisible porque no está escrita en un código o ley, pero es fundamental para que otras instituciones funcionen, como las de gobierno, el mercado y la vida cotidiana, ya que sustenta la credibilidad y permite la cooperación. Cuando la confianza se quiebra, los costos aumentan y la productividad disminuye. * Sustento de otras instituciones: La confianza es un prerrequisito para que otras instituciones formales y sociales operen efectivamente. Sin ella, los ciudadanos desconfían de los médicos o profesores, los cónyugues desconfían entre sí, y los ciudadanos desconfían de los valores de su nación. * Impacto en la economía: La falta de confianza tiene efectos económicos tangibles, haciendo que los inversionistas se vuelvan cautelosos, las empresas implementen controles redundantes y los ciudadanos se vuelvan escépticos. * Mecanismo para la productividad: La confianza se traduce en productividad. Se utiliza el tiempo de manera más eficiente cuando se confía en que el sistema hará su parte correctamente, lo que aumenta la eficiencia en lugar de perder tiempo en la verificación excesiva. * No se decreta, se diseña: La confianza no puede ser creada por decreto, sino que debe construirse a través de acciones concretas como procesos simples, trazables y honestos, explica La Tercera. ---- * Encuesta de la OCDE sobre los determinantes de la confianza en las instituciones públicas de América Latina y el Caribe Resultados 2025 * Las principales tendencias y los determinantes de la confianza en América Latina y el Caribe * https://www.oecd.org/es/publications/2025/11/oecd-survey-on-drivers-of-trust-in-public-institutions-in-latin-america-and-the-caribbean-2025-results_698c3d98/full-report/trends-and-drivers-of-trust-in-latin-america-and-the-caribbean_1e871bb8.html * Se espera de los gobiernos el uso de evidencia en el diseño de políticas y equilibrar los intereses intergeneracionales * La confianza en el gobierno puede reforzarse gradualmente a través de cada interacción que las personas tengan con las instituciones públicas. Sin embargo, más allá de sus interacciones cotidianas con las instituciones, las personas también evalúan a los gobiernos según su capacidad para abordar de manera fiable desafíos sociales complejos y de largo plazo. Al respecto, los ciudadanos de América Latina y el Caribe expresan un optimismo relativo, lo que es un hallazgo alentador, ya que las percepciones positivas en este aspecto son fundamentales para fortalecer la confianza en el gobierno nacional. * En promedio, el 52 % de los encuestados confía en que sus gobiernos lograrán reducir las emisiones de gases de efecto invernadero durante la próxima década, y el 46 % cree que sus gobiernos equilibrarán adecuadamente los intereses de las generaciones actuales y futuras (Gráfico 1.9). Estos porcentajes superan los promedios de los países de la OCDE, del 42 % y el 37 %, respectivamente. Las percepciones positivas sobre la equidad intergeneracional en la toma de decisiones son un factor clave para fortalecer la confianza en los gobiernos nacionales de la región. ---- * 2005 Revista mexicana de sociología -versión On-line ISSN 2594-0651versión impresa ISSN 0188-2503 Rev. Mex. Sociol vol.67 no.1 Ciudad de México ene./mar. 2005 * https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-25032005000100004 * * Confianza y desempeño en las redes sociales- Trust and performance in social networks * Matilde Luna * y José Luis Velasco ** * https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-25032005000100004 * una definición operativa de la confianza interpersonal, con base en la distinción de tres tipos o dimensiones de confianza: estratégica, normativa y basada en el prestigio. * I. LA CONFIANZA: TIPOS, NIVELES Y ENFOQUES En su versión más elemental, la confianza puede ser definida como un conjunto de expectativas positivas sobre los demás o, más específicamente, sobre las acciones de los demás. Tales expectativas se vuelven importantes cuando el individuo tiene que elegir un curso de acción, a sabiendas de que su éxito depende —en alguna medida— de las acciones de otros; y sin embargo, tiene que hacer esa elección antes de que pueda evaluar las acciones de los otros (Dasgupta, 1988).1 La confianza, por lo tanto, tiene tres características básicas: la interdependencia, la incertidumbre y una expectativa positiva. Hay una relación de confianza cuando el éxito de las acciones de una persona depende de la cooperación de otra; entraña por lo menos un desconocimiento parcial de la conducta de los otros, y supone que la contraparte no abusará de la persona que desea cooperar (Lane, 1998: 3; Sable, 1993). La confianza se ha distinguido de otros conceptos próximos, como la familiaridad, la cooperación, la confidence y la propia desconfianza; se han distinguido también niveles de confianza, como la confianza interpersonal, interorganizacional, institucional y sistémica, así como distintos tipos de confianza, ya sea que se adopte un enfoque racional o uno normativo. Se ha hecho hincapié en su función positiva o disruptiva; ha sido considerada como un recurso o como un proceso y, finalmente, bajo el concepto de "capital social", se le ha relacionado por lo general con redes densas, es decir: con redes que tienen un alto grado de conectividad. Tales distinciones (a las que se hará una breve referencia a continuación) son pertinentes para establecer el punto de partida desde el cual se analizan las diferentes dimensiones de la confianza: personal/ normativa, estratégica/calculada, y basada en el prestigio/capacidades, cuyo reconocimiento tiene a su vez efectos en algunos de los presupuestos en los que se basan dichas distinciones. En primer lugar, la confianza es diferente de la familiaridad, la cual significa el conocimiento previo de las partes, el trato cotidiano y la cercanía. Es decir, la familiaridad se refiere a relaciones pasadas, mientras que la confianza se orienta al futuro: entraña una decisión sobre las consecuencias futuras de la acción. Luhmann (1996: 32) sostiene que no se puede otorgar confianza si no hay familiaridad, la cual es precondición tanto para la confianza como para la desconfianza. Sin embargo, como se verá más adelante, la familiaridad no agota todas las dimensiones de la confianza. Es decir, la confianza estratégica y la confianza basada en las capacidades no necesariamente tienen como condición la familiaridad, fuente principal de la confianza personal. También se ha argumentado que confianza (trust) es distinta de confidence. Esta última priva cuando uno simplemente asume que ciertas expectativas no serán defraudadas y actúa en consecuencia. La diferencia fundamental radica en las opciones: en una situación de confidence el individuo toma un curso de acción sin considerar si hay otros cursos posibles; en una relación de confianza, en cambio, la persona elige un curso de acción de entre varias opciones posibles (Luhmann, 1988: 97). La confianza también es distinta de la cooperación, aunque ambas se hallan estrechamente vinculadas. La confianza priva en un contexto de cooperación.2 Sin embargo, puede haber cooperación sin que haya confianza; por ejemplo, cuando la cooperación es casual. Del mismo modo, la falta de cooperación no necesariamente constituye un signo de falta de confianza. Por último, se precisa considerar la diferencia entre confianza y desconfianza. La desconfianza no es simplemente la ausencia de confianza (Luhmann, 1996). La diferencia principal radica en la índole de las expectativas: una persona desconfía cuando supone que las acciones de otro individuo le traerán consecuencias negativas. Generalmente, la desconfianza supone que un individuo sí buscará sacar provecho ilícito o ilegítimo de las acciones cooperativas de otro o que no será capaz de realizar las acciones que se esperan de él. La confianza puede ocurrir en distintos niveles. El más elemental de ellos es el interpersonal: cuando un individuo otorga su confianza a otro. En otro plano se encuentra la confianza interorganizacional, definida como una relación entre "actores corporativos que difieren de la suma de individuos que los constituyen" (Lane, 1998: 14). Aun más general y abstracta es la confianza institucional, una manera de confianza que no depende de la familiaridad interpersonal o un pasado común, sino que se basa en estructuras formales, producidas y legitimadas socialmente; es el tipo de confianza que generan las instituciones reguladoras, encargadas de sancionar a las personas u organizaciones que no cooperen o actúen irresponsablemente. Por último, se encuentran la confianza sistémica, que se otorga no a individuos u organizaciones concretas sino a "sistemas sociales o principios abstractos, característicos de las instituciones de la modernidad; se basa en "medios generalizados de comunicación", como el dinero, la verdad y el poder legítimo (Luhmann, 1996: 100-101).3 En el mismo nivel se encuentra lo que algunos autores han concebido como la "confianza social", que significa una "[. . .] noción generalizada de confianza normativa, basada en una visión de la sociedad como una comunidad cultural solidaria" (Lane, 1998: 17),4 o lo que se ha definido como la "confianza cognitiva". Al respecto, hemos de señalar que el presente trabajo se refiere a la confianza mutua que ocurre en el nivel interpersonal. Sin embargo, la fuente de la confianza en este nivel puede afectar otros niveles (véase el apartado A). En particular, la confianza basada en las capacidades puede estar referida a una reputación personal, a las capacidades de una organización particular o a las características de una institución. En los últimos dos casos, la relación de un individuo con una organización o una institución determinadas puede hacer de la persona (como un sujeto categorial), un individuo digno de confianza o de desconfianza. Otro caso importante es la confianza normativa que, referida a ciertos principios abstractos (o "medios generalizados de comunicación"), pudiera estar expresando no una mera confianza personal, sino una confianza sistémica. Por último, si bien es central, por sus implicaciones y operacionalización, la distinción entre una confianza personal y una institucional (la referida por ejemplo a los partidos, los organismos internacionales, el Parlamento, y otros), esta última no debe confundirse, como lo hace Lane (1998), con la confianza que surge en el marco de las siguientes condiciones: "a) el intercambio entre grupos socialmente distantes; b) el intercambio entre unidades geográficamente lejanas; y c) el intercambio que comprende una gran cantidad de transacciones interdependientes y no separables" (p. 15). Como se verá más adelante, la confianza mutua en sus distintas dimensiones es de hecho una propiedad de las interacciones complejas. Otro aspecto central del debate que puede identificarse, consiste en si la confianza es concebida como un recurso o como un proceso. Dasgupta (1988), por ejemplo, sostiene que la confianza no es diferente de otras mercancías como el conocimiento y la información, de manera que aunque no hay unidades que puedan medirla, "[...] en cualquier contexto determinado uno puede medir su valor, su importancia". Hirschman (1984), empero, restringe esta concepción al afirmar que la confianza (como otros "recursos morales") no se agota con el uso; al contrario, la falta de uso puede extinguirla o atrofiarla. En este sentido, se ha observado también su capacidad de retroalimentarse. En las organizaciones y sociedades donde prevalece la confianza, los beneficios de la cooperación refuerzan las expectativas positivas hacia las acciones de los demás; en cambio, donde prevalece la desconfianza, la falta de cooperación reafirma las expectativas negativas. Desde una perspectiva más amplia, Luhmann (1996) sostiene que "[...] los sistemas móviles y diferenciados establecen una norma particularmente alta, que puede cumplirse solamente si se puede aprender el aprendizaje de cómo confiar, y no sólo la confianza misma" (p. 47). El análisis de la confianza en este trabajo muestra su construcción como un proceso complejo y dinámico, donde la confianza puede aparecer lo mismo como causa que como efecto de la cooperación y, podría decirse, también de variables de otro orden (económico o político). Concebida en sus diferentes dimensiones, la confianza en todo caso aparece al mismo tiempo como un insumo y como un producto. De aquí las dificultades no sólo de medirla sino también de evaluarla. Al respecto, se ha destacado el papel positivo que desempeña la confianza y, en menor medida, su carácter disruptivo. En el análisis macrosocial realizado por Fukuyama (1995), la confianza es la clave para entender el desarrollo económico. Desde su perspectiva, las "sociedades de alta confianza" (como Japón, Alemania y Estados Unidos) integran con mayor facilidad los esfuerzos individuales; en cambio, en las "sociedades de baja confianza" o "familistas" (por ejemplo, China, Francia, Italia y Corea del Sur), la competencia entre individuos, grupos y familias es tan fuerte que afecta el desempeño económico global. De manera más específica, otros autores han señalado que la confianza facilita la colaboración entre empresas, agiliza los flujos de información, conocimiento e innovaciones entre diferentes actores económicos, hace más armoniosa y eficiente la relación entre empleados y empleadores, facilita la comunicación dentro de las organizaciones y ensancha el horizonte temporal de los actores económicos. De todas estas formas, la confianza contribuye a mejorar el desempeño económico (Casson, 1995; Zucker, et al., 1995; Lorenz, 1988; Ouchi, 1981).5 El papel positivo de la confianza —y del capital social— también se ha destacado por su relación con la cooperación, en la medida en que la confianza entraña la disposición a emprender acciones conjuntas y, particularmente, a cooperar. Se presume que la confianza y el capital social no solamente facilitan la cooperación sino también la comunicación y el diálogo; incluso permiten el intercambio de información de "grano fino". Sin embargo, se han encontrado limitaciones. Adler y Kwon (2000), por ejemplo, sostienen que si bien el acceso a la información (en el plano de los actores focales) y su difusión (en el nivel de las externalidades), son los principales beneficios del capital social, los costos en la creación y mantenimiento de relaciones y las negociaciones excesivas (respectivamente), pueden ser muy altos (pp. 103-105).6 Desde nuestra perspectiva, y como se argumentará más adelante, la evaluación de la confianza pasa en primer lugar por la manera como se combinan sus diferentes dimensiones, que pueden tanto complementarse como bloquearse mutuamente, lo cual genera en este último caso conflictos y problemas de coordinación y eficacia. Algunas pistas sobre la distinción de las dimensiones de la confianza que se presenta en el siguiente apartado, se encuentran en el debate sobre los enfoques prevalecientes. En particular, en la Sociología económica ha habido un debate sobre la índole y base de la confianza. Los proponentes del enfoque racional ven a la confianza como una manera de reducir el costo de las transacciones económicas. Aunque para los individuos puede ser más provechoso sacar ventaja ilegítima de las acciones de los demás, si el intercambio es continuo resulta más conveniente cooperar. Tal expectativa, nacida de la continuación del intercambio, constituye —según este enfoque— el fundamento de la confianza. Sin embargo, otros autores han subrayado el carácter normativo o moral de la confianza. La confianza, según ellos, es una "[. . .] orientación hacia la sociedad y hacia otros que tiene un significado social más allá de los cálculos racionales". Los individuos cooperan y se tienen confianza unos a otros porque sienten que es "moralmente apropiado" actuar así (Tyler y Kramer, 1996: 5). Este debate ha conducido a la identificación de tres tipos básicos de confianza. El primero de ellos es la confianza calculada: cuando una persona confía en otra porque sabe que la cooperación le traerá beneficios y que a su contraparte no le conviene defraudar la confianza. El segundo tipo es la confianza normativa: las personas confían unas en otras no tanto por los beneficios que esperan de la colaboración sino porque comparten una serie de valores y normas. Finalmente está la confianza cognitiva, que se basa en una visión del mundo (sobre la índole de la realidad y las maneras de interpretarla) que es compartida por los actores.7 Se basa, en otras palabras, en la expectativa de continuidad del orden natural y social. De acuerdo con Bachman (1998), en realidad, tales tipos de confianza aparecen combinados. En este mismo sentido, Giauque (2002) sostiene que: "Es necesario reconocer la importancia de las normas, los códigos y los cálculos en la creación de una relación de confianza [. . .]. Las tres formas de confianza [. . .] son de hecho totalmente inseparables. Ninguna de ellas puede ser aprehendida sin referencia a las otras" (p. 465). De manera similar, Nahapiet y Ghosal (2000), resumiendo la literatura, plantean que la voluntad de ser vulnerable frente a otro, parte de la confianza en cuatro aspectos: la creencia mutua en la buena intención e interés de las partes; la creencia en su competencia y capacidad; la creencia en su formalidad (reliability) o nivel de compromiso, y la creencia en su apertura. Por su parte, Burt y Knez (1996) identifican cuatro maneras como la confianza puede ser producida: vínculos de lugar y parentesco, pertenecer a la misma comunidad profesional, experiencias compartidas que muestran las ventajas de colaborar, y dependencias mutuas. Desde nuestra perspectiva, la confianza remite a tres tipos básicos: la confianza personal/normativa, la estratégica/calculada y la confianza basada en las capacidades/prestigio. Se trata de tres tipos de confianza que se ponen en juego en el contexto de interacciones complejas. De aquí la conveniencia de concebirlos como dimensiones de la confianza. Es decir, la confianza en sus distintas dimensiones es una propiedad de las redes como entidades complejas. Nos referimos a las redes como entidades complejas, por oposición a la noción de "redes" como sistema de vínculos densos (con alto grado de conectividad, con una pertenencia homogénea, y morfológicamente cerrados). Esta distinción es importante porque generalmente la confianza se ha vinculado con el concepto de "capital social", a su vez relacionado con redes densas.8 II. DIMENSIONES DE LA CONFIANZA E INTERACCIONES COMPLEJAS De acuerdo con Hage y Alter (1997), las interacciones pueden ser clasificadas por su grado de complejidad. Es decir, pueden definirse como de complejidad limitada, moderada o alta, en función de la cantidad de participantes y sus niveles de diferenciación; de la coordinación de actividades múltiples y particulares interdependientes, así como de la variedad de modos de coordinación con los que operan: desde contratos hasta relaciones personales, desde equipos hasta invocaciones normativas, y así por el estilo. En el caso de las relaciones altamente complejas, estaríamos hablando propiamente de "redes", donde ningún miembro tiene una autoridad absoluta y todos tienen una cierta autonomía. Desde nuestra perspectiva, como parte de la complejidad de la red y como mecanismo de integración entre actores con intereses, necesidades, preferencias y recursos distintos e inconsistentes, la confianza entraña el cálculo basado en la reciprocidad, la solidaridad basada en normas y principios morales, así como el prestigio de los participantes. Si ello es así, podría afirmarse que mientras las interacciones simples dependen de un solo tipo de confianza, las redes entrañan un equilibrio inestable entre la confianza estratégica, la confianza personal/normativa y la confianza fincada en las capacidades. Es decir, éstas pueden complementarse, yuxtaponerse, o entrar en conflicto. A continuación se propone una definición operativa de las dimensiones de la confianza, y se señalan algunos de los problemas particulares que engloba cada una de ellas. La confianza basada en el prestigio depende principalmente de los atributos de los participantes (individuos u organizaciones) en términos de sus capacidades y competencias, tales como recursos económicos, de información, recursos de conocimiento, infraestructura, capacidad de organización, capacidad de relacionarse, o recursos jurídicos, aunque también puede resultar de interacciones previas que hacen de los agentes (por ejemplo, los expertos) o las organizaciones participantes, actores confiables o comprometidos. Es, en parte, lo que algunos autores han reconocido como "la confianza técnica" o "la confianza organizativa" (véase, por ejemplo, Hage y Alter, 1997). En las redes (orientadas a la solución de problemas), la capacidad de saber identificar los problemas, entenderlos, saber cómo resolverlos y saber a quién recurrir para resolverlos, es central, y se manifiesta en diversas maneras de prestigio. También puede ser importante la capacidad de movilización, estratégica u operativa, de las organizaciones participantes, así como las capacidades de veto y liderazgo de los individuos o actores. En algunos tipos de redes como las de acción pública, donde los individuos cooperan porque tienen confianza en las capacidades de los otros o de sus organizaciones, este criterio suele entrar en conflicto con los criterios de representación. La confianza calculada o estratégica, surge del cálculo de beneficios y costos; es decir, surge ahí donde los individuos tienen confianza mutua en función de un beneficio esperado. Está primordialmente relacionada con el principio de reciprocidad y la cooperación basada tanto en el intercambio como en la interdependencia de recursos, y alude propiamente al ámbito de los intereses individuales.9 Un problema característico de este tipo de confianza es la heterogeneidad de los recursos de intercambio que hace difícil la producción de acuerdos sobre pérdidas y ganancias, y puede incrementar los costos de la negociación. La confianza personal o normativa depende de normas, creencias y valores compartidos. A diferencia de la confianza basada en el cálculo racional y el interés individual, la confianza normativa se rige por la solidaridad social. Es decir, los individuos colaboran porque comparten un conjunto de valores y normas, y no por un beneficio esperado. En dicho campo, es importante distinguir —por sus modos de funcionamiento e implicaciones— diversas clases de vínculos. En primer lugar, los que se basan en relaciones personales, con frecuencia reconocidas por los actores como "relaciones de amistad" (aunque también pueden incluir relaciones de parentesco); en segundo lugar, los que se construyen en torno a identidades10 culturales, funcionales o territoriales, que no necesariamente entrañan relaciones personales; y, por último, los relacionados con principios o medios generalizados de comunicación (el poder legítimo, el dinero o la ley), ubicados más bien en el plano de la confianza sistémica. En las redes altamente complejas, la confianza personal basada en los vínculos de amistad desempeña un papel central, y puede aparecer como origen o resultado de las interacciones basadas en una confianza estratégica, o en una confianza fincada en las capacidades de los individuos o sus organizaciones. Una debilidad ampliamente reconocida de la confianza personal que se traduce en relaciones de amistad, es que mientras que tarda mucho tiempo en construirse, puede ser fácilmente traicionada (véase, por ejemplo, Alberoni, 1984). Retomando la idea inicial de este apartado, puede decirse que un caso de interacciones simples (o de complejidad limitada) es la comunidad, como modalidad de coordinación social, donde las relaciones evolucionan lentamente en el tiempo, se rigen por la solidaridad social y por altos niveles de confianza (personal o normativa), las obligaciones son impuestas por normas sociales y principios morales, y la principal fuente de conflicto es la tensión entre los miembros de la comunidad (los "nativos") y los que no pertenecen a ella ("los forasteros").11 Se trata, por su morfología, de vínculos densos, cerrados, caracterizados por un alto grado de interconexión entre sus nodos (individuos u organizaciones), donde los individuos colaboran porque comparten un conjunto de valores y normas, no por un beneficio esperado. En este sentido, también se trata de individuos con atributos semejantes (creencias, valores, cultura, educación o estatus social), en los cuales la confianza no puede generalizarse fácilmente entre personas que tienen diferentes culturas. Las redes como entidades complejas, vinculan en cambio actores heterogéneos, en quienes —dada la diversidad de intereses y valores— prevalece la lógica de la negociación y la búsqueda de consensos. En atención a su morfología, se trata de sistemas de vínculos dispersos, radiales, donde los nodos están conectados por ligas débiles;12 empero, no todas las relaciones dispersas son entidades complejas.13 A diferencia de las comunidades, las redes son también maneras de organización flexibles y temporales, en tanto que se disuelven una vez alcanzados sus objetivos, o cuando —como resultado de las negociaciones— prevalece el conflicto de intereses y de valores entre los participantes. ---- * Confianza en las instituciones * https://www.redalyc.org/journal/3589/358945983005/html/