Historia de su culto

Nevado Pariacaca. El culto consagrado al rayo es el fruto de la concepción de los antiguos pueblos andinos que, al contemplar la irreprimible fuerza del fuego celestial, intuyeron que dicho fenómeno debía ser provocado por una divinidad que fuera digna de profunda veneración. Así se formaron cultos consagrados a divinidades asociadas a estos fenómenos.

El poder e influencia del dios del rayo era tal que fue establecido como dios patrono y/o creador por muchos pueblos andinos.[3]​ Todos estos dioses del rayo regionales poseen características semejantes entre sí, así como también, diferencias notables en el concepto.[4]​ Por lo general, los dioses andinos del rayo se destacan por su impetuosidad, sus múltiples atribuciones y su estructura (se desdoblan en un grupo de tres o más dioses atmosféricos que constituyen una entidad absoluta).[5]​ [6]​

Al igual que los antedichos dioses, Pariacaca fue considerado el dios creador que contribuyó con la creación del mundo por los pueblos andinos preincas. El culto consagrado al dios Pariacaca fue tan importante en la región centroandina que incluso llegó a expandirse hacia las zonas costeras.

Pariacaca fue uno de los tantos dioses atmosféricos que, después de la expansión del Tahuantinsuyo, pasaron a convertirse en homólogos regionales del dios Illapa. Dentro del área andina, Pariacaca tuvo dioses equivalentes a él: el dios Yana Raman por parte de los Yaros o Llacuaces; Tumayricapac, por los Yaros de Chinchaycocha; Apocatequil, por los Cajamarcas; y Pusikaqcha, por los habitantes del altiplano sur.[7]​