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Versión 3 con fecha 2026-04-03 19:20:00

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  • https://www.philosophica.info/voces/gadamer/Gadamer.html

  • La persona es tal en tanto que posee lenguaje, diferente por ejemplo de las llamadas de celo y de la advertencia de los pájaros. El lenguaje es el medio mediante el cual se manifiestan hechos, si bien no siempre “verdaderos”. Sin embargo, esto implica que el comportamiento del ser humano no sigue vías instintivas fijas, tal como ocurre por ejemplo con las aves cuando tempranos fríos de invierno las impulsan a obedecer su instinto de migración y dejan morir de hambre a las crías que hasta ahora habían estado alimentando incansablemente en el nido. Los seres humanos, en cambio, deben construir con los demás un mundo común por medio del intercambio permanente que se produce en la conversación [Gadamer 1991: 152].
  • ¿Cómo se manifiesta el lenguaje? Éste es esencialmente diálogo, porque el logos nace en la conversación y allí, en el diálogo con la otra persona, el lenguaje manifiesta su verdadera naturaleza [Gadamer1991a: 203]. No existe ninguna experiencia humana extra-lingüística, es decir, que se genere fuera de la comunidad de diálogo [Gadamer 1971a: 247]. Por medio del diálogo se alcanza la comprensión y el acuerdo con el otro, y se realiza en modo efectivo la vida social, que se construye como una comunidad de diálogo. Al conversar sobre el mundo unos con otros, y hacer de él una tarea común, las personas están creando el mundo y haciendo de él su punto de encuentro y de unión [VM 535]. Sólo a través del diálogo y del consenso se puede constituir la sociedad civil y la cultura que genera. El diálogo está siempre abierto:
  • La capacidad de dicción avanza incansablemente con la universalidad de la razón. Por eso el diálogo posee siempre una infinitud interna y no acaba nunca. El diálogo se interrumpe, bien sea porque los interlocutores han dicho bastante o porque no hay nada más que decir. Pero esa interrupción guarda una referencia interna a la reanudación del diálogo [Gadamer 1965: 151].
  • O sea, «la lengua se crea en cada conversación de nuevo» [Gadamer 1993: 228]. La esencial dialogicidad del lenguaje significa que no es posible “hablar” en sentido estricto de un lenguaje monológico. Esta es la razón por las que todas las tentativas de reducir el lenguaje a la lógica matemática han resultado infructuosas. Para la perspectiva gadameriana la razón es intrínsecamente lingüística, y esto comporta que el pensamiento mismo es de naturaleza dialógica [Gadamer 1994: 96; Platón, Teeteto, 189e–190a], porque
  • Si algo caracteriza a nuestro pensamiento es precisamente este diálogo interminable consigo mismo que nunca lleva a algo definitivo. […] Es nuestra experiencia lingüística, la inserción en este diálogo interno con nosotros mismos, que es a la vez diálogo anticipado con otras personas y la entrada de otros en diálogo con nosotros, la que abre y ordena el mundo en todos los ámbitos de la experiencia [Gadamer 1973a: 196].
  • Nuestra comprensión del presente y del pasado se forma en el diálogo que se establece entre el horizonte de nuestra situación presente y el horizonte de la tradición, una “negociación” en la que se lleva a cabo lo que Gadamer ha llamado fusión de horizontes (Horizontverschmelzung). Si bien dicha fusión pone en contacto los horizontes, se mantiene la tensión entre el momento presente y el horizonte de la tradición, sin disolverse en un horizonte único [VM 376-377]. «El comprender debe pensarse menos como una acción de la subjetividad que como un desplazarse uno mismo hacia un acontecer de la tradición, en el que el pasado y el presente se hallan en continua mediación» [VM 360]. En este proceso, la historia pasada no se nos enfrenta como algo que a nuestros ojos permanece inalterado y que hay que observar y conservar tal cual es, pues la ampliación de los horizontes históricos nos permite apreciar y comprender el pasado de modo distinto y corregir nuestros juicios acerca de él.
  • La conversación —cuando es auténtica— absorbe a todas las personas que, “ensimismadas”, participan en ella, quedándose la autoconciencia de los interlocutores en un segundo plano, detrás del tema u objeto común del que se está hablando. Por eso Gadamer afirma que el habla no pertenece a la esfera del yo, sino a la esfera del nosotros. […] Porque la realidad espiritual del lenguaje es pneuma, la del espíritu que unifica el yo y el tú. La realidad del habla, como se ha observado desde hace tiempo, consiste en el diálogo. Pero en el diálogo impera siempre un espíritu, espíritu de comunicación y de intercambio fluido entre el yo y el tú [Gadamer 1965: 150].
  • La trascendencia que Gadamer reconoce consiste en el significado espiritual de la experiencia de la absoluta limitación de nuestro conocimiento y de nuestra capacidad de comprender, que nos impulsa a aceptar nuestra ignorancia acerca del más allá de nuestros limites y nos abre al diálogo [Zimmermann 2002: 208-209]. Como expresa Gadamer en una entrevista concedida a Jens Zimmermann pocos días antes de morir, «ignoramus [significa que] no sabemos pero existe algo que no sabemos. Y el hecho de que no sabemos no significa que no exista» [Zimmermann 2002: 211].
  • A diferencia de su maestro Martin Heidegger, la búsqueda de Dios o el anhelo de lo divino no fueron la guía de sus investigaciones filosóficas. Jürgen Habermas, quien podría aplicar a sí mismo la metáfora de «ciudadano “sin oído musical” respecto a la religión» que utilizó en su diálogo con Joseph Ratzinger [Habermas-Ratzinger 2004: 4], sentía en este punto gran afinidad con el autor de Verdad y método, porque según Habermas Gadamer tenía «poco oído para las melodías religiosas» [Habermas 2001: 106]. Aunque había sido bautizado en la iglesia luterana, Gadamer mismo en más de una ocasión afirmó no tener fe [Grondin 2000: 39-43], y no creer en el más allá en sentido religioso de otra vida [Gadamer-Borgeest 1993]. Ahora bien, en su caso personal este hecho no implicó una actitud antirreligiosa, y menos aún anticristiana, ni a nivel existencial ni intelectual.
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