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| * MIRAR EL LIBRO: * https://es.scribd.com/document/501817079/Jacques-Godbout-El-Espiritu-Del-Don#google_vignette ---- * El Don actualizado * Publicado el 1 diciembre, 2008 por bricoedicion * Martha Marivel Mendoza Ontiveros * Dra. En ciencias antropológicas Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa Desde que Marcel Mauss publicó su famoso Ensayo sobre el Don (1971), mucho se ha escrito. No obstante, el tema vuelve a cobrar vigencia en la última década del siglo pasado gracias a dos obras: El espíritu del Don de Jacques T. Godbout (1997) y El enigma del Don de Maurice Godelier (1998). Por lo anterior, me parece conveniente retomar la crítica que Lévi-Strauss hizo en la Introducción a la obra de Mauss, para luego intentar actualizar esta añeja temática. Mauss en el Ensayo sobre el Don subrayó el hecho de que donar supone encadenar tres obligaciones: la de dar, la de recibir o aceptar y la de devolver una vez que se ha aceptado, dentro de una lógica de siempre más. En consecuencia, esto significa que no es posible analizar un acto por separado, no obstante, lo que intrigó a Mauss fue la acción de devolver. En su intento por dar una explicación, invocó la existencia de un espíritu en la cosa donada que incita a su receptor a devolverla, añadiendo de esta forma una dimensión religiosa al don. Mauss describía el hau o espíritu de la cosa donada como una fuerza que dominaba a la vez a la persona y a la cosa, o bien, que las cosas se prolongaban en las personas y las personas se identificaban con las cosas que intercambiaban y poseían. Este argumento fue duramente criticado por el fundador del estructuralismo, pues según Lévi-Strauss, Mauss no entendió suficientemente los tres momentos que forman un todo y se dejó envolver por la teoría indígena. Lévi-Strauss puntualizó que el hau no era la razón última del intercambio, sino que los tres momentos del don -dar, recibir y devolver-, podrían encontrar su explicación en la noción del origen simbólico de la sociedad, la cual sostiene que la vida social está constituida fundamentalmente por intercambios y se compone de sistemas simbólicos (reglas matrimoniales, relaciones económicas, arte, ciencia, religión) articulados por medio de estructuras mentales inconscientes (1971) o mejor dicho, por la mente estructuradora que organiza todo el conocimiento del mundo en pares opuestos. Para el estructuralismo, la vida social deviene un movimiento de intercambios perpetuos entre individuos y grupos por el que circulan palabras, bienes y agentes de parentesco. De esta forma, plantea que debemos buscar el origen de esos movimientos más allá del pensamiento consciente y de las razones explícitas reconocidas. El origen del intercambio es necesario buscarlo en las estructuras inconscientes del espíritu humano, en su capacidad de simbolizar y sólo existe por la combinación de intercambios (Lévi-Strauss, 1969). Lo anterior significa que Lévi-Strauss concibe que la ciencia debía romper con la experiencia indígena y con la teoría indígena de esa experiencia, para concebir que, es el intercambio lo que constituye el fenómeno primitivo y no las operaciones concretas en que la vida social lo descompone. De esta forma, conviene esclarecer qué es lo que llamamos don: Don es cualquier prestación de bienes o servicios efectuada sin garantía de devolución, con vistas a crear, alimentar o volver a crear el lazo social entre personas (Godbout, 1997:37) Los pequeños obsequios que anudan la amistad en una sociedad que se concibe compuesta por grupos de individuos que intentan perpetuamente seducirse y domesticarse los unos a los otros, rompiendo y volviendo a crear lazos (Godbout, 1997). El Don es el bien que circula al servicio del lazo, constituyéndose en un elemento esencial para cualquier sociedad.De esta forma, se crea una zona de incertidumbre, porque la devolución es libre, luego es incierta (Godbout, 1997). Por otra parte, el don funciona con base en la deuda, es decir, lo que mantiene el lazo social es el hecho d eque cada persona piensa dar a la otra más de lo que recibe: “Le debo tanto”, incluso cuando se termina una relación de cualquier tipo, se liquidan deudas, se queda como cuando se conocieron. A partir de esta argumentación, vemos cómo Lévi-Strauss fue atinado en su observación. Las cosas no se desplazan por sí mismas, lo que pone en movimiento y las hace circular en su sentido y en otro es la voluntad de los individuos y de los grupos de establecer entre sí vínculos personales de solidaridad o dependencia. Lo que se produce y reproduce al establecer vínculos personales es el conjunto de las relaciones sociales que constituyen los cimientos de una sociedad y le imprimen una cierta lógica global que, al mismo tiempo, es la fuente de la identidad social de sus miembros, individuos y grupos. No son sólo sus voluntades personales, sino necesidades a-personales o im-personales ligadas a la naturaleza de sus relaciones sociales, necesidades que surgen sin cesar de la producción-reproducción de dichas relaciones, ya sea relaciones de parentesco, de poder, relaciones con los dioses y los espíritus de los muertos, etc. No obstante, han sido las explicaciones economicistas las que han oscurecido la explicación del don, sobre todo en las sociedades modernas. La paradoja a resolver es la calidad del don de una prestación libre y gratuita, en oposición a la producción e intercambio interesado en lo útil. Es decir, en el don hay al mismo tiempo interés y desinterés, libertad y obligación. De esta forma veremos que el don se caracteriza por la espontaneidad, la falta de cálculo, sin que por ello signifique la ausencia de un sistema, no que este sistema sea inconsciente, sino que está implícito. La reciprocidad y la espera de reciprocidad no están ausentes, no son ignoradas, pero no se hacen explícitas. * -Gracias. ¡No te hubieras molestado! * – ¡Pero, si no es nada! Desde una perspectiva utilitarista, lo anterior representa una gran hipocresía. Ahora bien, ambos conocen las reglas, saben también que el otro las conoce, no se trata de un problema de ignorancia, ni de desconocimiento, sino de resistencia a hacerlo explícito. Se afirma la falta de reciprocidad, cuando en realidad se espera que el don sea devuelto. El don, como ciclo, es un sistema dotado de una coherencia intrínseca. Esta coherencia sistemática es más fácil de observar, si dejamos de ver al don teniendo como referente el intercambio o mercantil regido por la ley de dando y dando. Puesto que el tiempo del don es circular y cíclico, las posiciones de los donantes y donatarios son infinitamente reversibles y permutables, sin olvidar que la temática de la reversibilidad no debe hacernos perder de vista que el don no se da en el vacío y que cada momento tiene su especificidad, en otras palabras:las posiciones de los implicados en el don son reversibles y permutables, mas no así el don. Por lo anterior, podemos sostener que la metáfora del círculo tan usada para explicar el don, es también inexacta porque pone en el mismo plano los tres momentos del ciclo oblativo, por ello sería más adecuado utilizar la metáfora de la espiral como lo ha propuesto Godbout (1997). Hay que tener en cuenta, que el momento capital sin duda es el primero, el don que inaugura la relación, es el que hace aparecer algo que no existía anteriormente, o cuando menos, no de manera formal. La relación entre dos personas o dos grupos inicia porque algo fue dado y recibido. Sin esta iniciativa nada podría existir. Pero sin duda, el contrasentido que encontró Mauss, está en el tener que devolver. Si nos inscribimos en el paradigma de la mercancía se pudiera comprender como la necesidad de pagar una deuda, sin embargo, si ese fuera el caso no se entiende por qué no sólo hay que devolver, sino devolver más. Postulamos que se debe a la intención de colocar al recipiendario como donador para realimentar permanentemente la deuda, así vemos que no es un intercambio recíproco, aunque suele usarse el término de reciprocidad. Pero, ¿por qué necesitamos disimular esta regla del contradon cuando recibimos o regalamos? Jacques Godbout responde que se debe a la intención de mantener al donante lo más lejos del compromiso contractual, que obliga al otro independientemente de sus sentimientos con respecto a él, independientemente del lazo que existe entre ellos. Esto no es otra cosa que dejar al otro libre de devolver, o no hacerlo, libre también para calcular lo que debe devolver, cuándo hacerlo, etc. Para obligar libremente. Porque cuando más se tiene la convicción de que el otro no estaba verdaderamente obligado a devolver, más el hecho de que devuelva tiene valor para mí porque yo entiendo que lo hace a favor de nuestra relación. * ''“A partir del momento en que, en una sociedad, la mayor parte de las relaciones sociales existen sólo bajo la forma y gracias a la instauración de vínculos personales, de relaciones persona a persona, a partir del momento en que el establecimiento de esos vínculos pasa por el intercambio de dones… todas las relaciones sociales objetivas que forman los cimientos de una sociedad… así como las relaciones personales y subjetivas que las encarnan, pueden expresarse y ‘materializarse’ en dones y contradones”'' (Godelier, 1998:153) ----- |
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| En la medida en que los dones proceden de las personas, se vinculan luego a los donatarios para luego liberarse y volverse a donar, encarnan tanto a las personas como a sus relaciones; por ello debe concebirse como un hecho social total, en tanto sintetiza algo que viene de las personas y algo que está presente en sus relaciones, consigue totalizarlas y simbolizarlas en su práctica y en los objetos que la materializan. Esto significa que es igualmente importante lo donado como la relación que se establece a través de él. | |
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| Así que, el don no permite que seamos sólo sapiens dejando fuera al homo. Los dones circulan para crear relaciones, sin las cuales no podemos entrar en el proceso de hominización. Es decir, no se llega a existir sin la intervención de otros seres humanos que lo engendran física y culturalmente. Lévi-Strauss en su Antropología Estructural (1997), escribe que los hombres que no se han hecho menos a sí mismos que lo que han hecho con las razas de sus animales domésticos. Nuestra humanidad nos la ha contagiado y esta enfermedad nunca se hubiera desarrollado si no fuera por la proximidad de nuestros semejantes. La primera forma de contagio de la humanidad se realiza a través de la palabra, esta forma de intercambio nos saca de nuestra insignificancia natural para convertirnos en seres humanamente significativos. Por ello el ciclo del don -dar, recibir y devolver- es el fundamento de la vida social, ya que los intercambios entre individuos y grupos de palabras, bienes y agentes de parentesco producen y reproducen vínculos personales que constituyen los cimientos de todo grupo social, imprimiéndole cierta lógica global que, al mismo tiempo, es fundamento de la identidad social de sus miembros. | |
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| De lo anterior se desprende que los dones aparecen y circulan para crear relaciones sociales, sin las cuales nos es imposible la humanización. Este es el proceso en el que nos configuramos, para y por nuestros semejantes, obligándonos a constituirnos en seres lingüísticos, es decir, simbólicos. Sin duda no hay peor castigo que percibirse fuera de la sociedad y pasar inadvertido por todos los miembros que la componen. Si la humanidad nunca es cosa de uno solo sino tarea de varios, una vez humanos, la peor tortura sería que nadie nos reconociese como tales. Edgar Morín (2003) arguye que la necesidad del otro es esencial y esta necesidad queda testimoniada por la incompletud del Yo; cuando no se tiene el reconocimiento, ni amistad, ni amor. De este modo, ante un desconocido nos hallamos ante una relación ambivalente, dudando entre simpatía y miedo, no sabiendo si va a mostrarse amigo o enemigo. Para pacificar la relación e ir hacia la amistad, intercambiamos con él, en primer lugar, gestos de cortesía, si se nos aceptan y devuelven se iniciará una serie de más intercambios. En el marco de la teoría de la selección natural, el éxito reproductivo se centra en los rasgos adaptativos, y sin duda el más importante de ellos es vivir en grupo, puesto que quien se queda dentro de un grupo, obtiene ventajas reproductivas. Sin embargo, fue necesario crear estrategias de alianza basadas en el parentesco y en la reciprocidad que permitirían vivir bien en grupo. La paradoja del altruismo en el don, nos lleva de este modo, a revisar la teoría de la evolución de Darwin, pues no sólo la lucha por la sobrevivencia y la reproducción debió ser el motor de la evolución de las especies, el altruismo tuvo y tiene un valor adaptativo para el individuo y el grupo, ya que es mejor ayudar que competir. Ayudar a alguien semejante a nosotros, puede facilitar el inicio de una relación con alguien que comparte nuestros valores, creencias, intereses o cualquier otra característica. Así el don se nos presenta como desinteresado y libre, cuando en verdad es interesado y obligatorio, la gente ayuda, da dones, para obtener recompensas, ya sea que la persona que recibe la ayuda, o de otros (reconocimiento social), o de uno mismo (orgullo). En el don hay al mismo tiempo egoísmo (cálculo implícito de costo-beneficio), altruismo (activación empática) y hedonismo (uno se siente bien cuando consigue que otro deje de sentirse mal y encima se lo agradecen). Así pues, estamos ante la presencia de un sistema extremadamente dúctil y cimbreante para la vida humana, misma que ya se dijo no puede darse fuera de la sociedad. El don se transforma y se adecúa a los tiempos y a las necesidades sociales y lejos de morir, se encuentra en excelentes condiciones de salud. Bibliografía * Godbout, Jacques T. (1997) El espíritu del don. Siglo XXI, México. * Godelier, Maurice (1998) El enigma del don. Paidós, Bercelona. * Lévi-Strauss, Claude (1971) Introducción a la obra de Mercel Mauss, en M. Mauss, Sociología y Antropología, Tecnos, Madrid, pp.13-42. * Lévi-Strauss, Claude (1997) Antropología Estructural. 10ª ed., Siglo XXI, Madrid. * Mauss, Marcel (1997). “Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas”, en Sociología y Antropología. Tecnos, Madrid, pp. 153-263. |
EL ESPÍRITU DEL DON
- MIRAR EL LIBRO:
https://es.scribd.com/document/501817079/Jacques-Godbout-El-Espiritu-Del-Don#google_vignette
- El Don actualizado
- Publicado el 1 diciembre, 2008 por bricoedicion
- Martha Marivel Mendoza Ontiveros
- Dra. En ciencias antropológicas Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa
Desde que Marcel Mauss publicó su famoso Ensayo sobre el Don (1971), mucho se ha escrito. No obstante, el tema vuelve a cobrar vigencia en la última década del siglo pasado gracias a dos obras: El espíritu del Don de Jacques T. Godbout (1997) y El enigma del Don de Maurice Godelier (1998). Por lo anterior, me parece conveniente retomar la crítica que Lévi-Strauss hizo en la Introducción a la obra de Mauss, para luego intentar actualizar esta añeja temática.
Mauss en el Ensayo sobre el Don subrayó el hecho de que donar supone encadenar tres obligaciones: la de dar, la de recibir o aceptar y la de devolver una vez que se ha aceptado, dentro de una lógica de siempre más. En consecuencia, esto significa que no es posible analizar un acto por separado, no obstante, lo que intrigó a Mauss fue la acción de devolver. En su intento por dar una explicación, invocó la existencia de un espíritu en la cosa donada que incita a su receptor a devolverla, añadiendo de esta forma una dimensión religiosa al don. Mauss describía el hau o espíritu de la cosa donada como una fuerza que dominaba a la vez a la persona y a la cosa, o bien, que las cosas se prolongaban en las personas y las personas se identificaban con las cosas que intercambiaban y poseían.
Este argumento fue duramente criticado por el fundador del estructuralismo, pues según Lévi-Strauss, Mauss no entendió suficientemente los tres momentos que forman un todo y se dejó envolver por la teoría indígena. Lévi-Strauss puntualizó que el hau no era la razón última del intercambio, sino que los tres momentos del don -dar, recibir y devolver-, podrían encontrar su explicación en la noción del origen simbólico de la sociedad, la cual sostiene que la vida social está constituida fundamentalmente por intercambios y se compone de sistemas simbólicos (reglas matrimoniales, relaciones económicas, arte, ciencia, religión) articulados por medio de estructuras mentales inconscientes (1971) o mejor dicho, por la mente estructuradora que organiza todo el conocimiento del mundo en pares opuestos.
Para el estructuralismo, la vida social deviene un movimiento de intercambios perpetuos entre individuos y grupos por el que circulan palabras, bienes y agentes de parentesco. De esta forma, plantea que debemos buscar el origen de esos movimientos más allá del pensamiento consciente y de las razones explícitas reconocidas. El origen del intercambio es necesario buscarlo en las estructuras inconscientes del espíritu humano, en su capacidad de simbolizar y sólo existe por la combinación de intercambios (Lévi-Strauss, 1969).
Lo anterior significa que Lévi-Strauss concibe que la ciencia debía romper con la experiencia indígena y con la teoría indígena de esa experiencia, para concebir que, es el intercambio lo que constituye el fenómeno primitivo y no las operaciones concretas en que la vida social lo descompone.
De esta forma, conviene esclarecer qué es lo que llamamos don: Don es cualquier prestación de bienes o servicios efectuada sin garantía de devolución, con vistas a crear, alimentar o volver a crear el lazo social entre personas (Godbout, 1997:37)
Los pequeños obsequios que anudan la amistad en una sociedad que se concibe compuesta por grupos de individuos que intentan perpetuamente seducirse y domesticarse los unos a los otros, rompiendo y volviendo a crear lazos (Godbout, 1997). El Don es el bien que circula al servicio del lazo, constituyéndose en un elemento esencial para cualquier sociedad.De esta forma, se crea una zona de incertidumbre, porque la devolución es libre, luego es incierta (Godbout, 1997).
Por otra parte, el don funciona con base en la deuda, es decir, lo que mantiene el lazo social es el hecho d eque cada persona piensa dar a la otra más de lo que recibe: “Le debo tanto”, incluso cuando se termina una relación de cualquier tipo, se liquidan deudas, se queda como cuando se conocieron.
A partir de esta argumentación, vemos cómo Lévi-Strauss fue atinado en su observación. Las cosas no se desplazan por sí mismas, lo que pone en movimiento y las hace circular en su sentido y en otro es la voluntad de los individuos y de los grupos de establecer entre sí vínculos personales de solidaridad o dependencia. Lo que se produce y reproduce al establecer vínculos personales es el conjunto de las relaciones sociales que constituyen los cimientos de una sociedad y le imprimen una cierta lógica global que, al mismo tiempo, es la fuente de la identidad social de sus miembros, individuos y grupos. No son sólo sus voluntades personales, sino necesidades a-personales o im-personales ligadas a la naturaleza de sus relaciones sociales, necesidades que surgen sin cesar de la producción-reproducción de dichas relaciones, ya sea relaciones de parentesco, de poder, relaciones con los dioses y los espíritus de los muertos, etc.
No obstante, han sido las explicaciones economicistas las que han oscurecido la explicación del don, sobre todo en las sociedades modernas. La paradoja a resolver es la calidad del don de una prestación libre y gratuita, en oposición a la producción e intercambio interesado en lo útil. Es decir, en el don hay al mismo tiempo interés y desinterés, libertad y obligación.
De esta forma veremos que el don se caracteriza por la espontaneidad, la falta de cálculo, sin que por ello signifique la ausencia de un sistema, no que este sistema sea inconsciente, sino que está implícito. La reciprocidad y la espera de reciprocidad no están ausentes, no son ignoradas, pero no se hacen explícitas.
- -Gracias. ¡No te hubieras molestado!
- – ¡Pero, si no es nada!
Desde una perspectiva utilitarista, lo anterior representa una gran hipocresía. Ahora bien, ambos conocen las reglas, saben también que el otro las conoce, no se trata de un problema de ignorancia, ni de desconocimiento, sino de resistencia a hacerlo explícito. Se afirma la falta de reciprocidad, cuando en realidad se espera que el don sea devuelto.
El don, como ciclo, es un sistema dotado de una coherencia intrínseca. Esta coherencia sistemática es más fácil de observar, si dejamos de ver al don teniendo como referente el intercambio o mercantil regido por la ley de dando y dando. Puesto que el tiempo del don es circular y cíclico, las posiciones de los donantes y donatarios son infinitamente reversibles y permutables, sin olvidar que la temática de la reversibilidad no debe hacernos perder de vista que el don no se da en el vacío y que cada momento tiene su especificidad, en otras palabras:las posiciones de los implicados en el don son reversibles y permutables, mas no así el don.
Por lo anterior, podemos sostener que la metáfora del círculo tan usada para explicar el don, es también inexacta porque pone en el mismo plano los tres momentos del ciclo oblativo, por ello sería más adecuado utilizar la metáfora de la espiral como lo ha propuesto Godbout (1997).
Hay que tener en cuenta, que el momento capital sin duda es el primero, el don que inaugura la relación, es el que hace aparecer algo que no existía anteriormente, o cuando menos, no de manera formal. La relación entre dos personas o dos grupos inicia porque algo fue dado y recibido. Sin esta iniciativa nada podría existir.
Pero sin duda, el contrasentido que encontró Mauss, está en el tener que devolver. Si nos inscribimos en el paradigma de la mercancía se pudiera comprender como la necesidad de pagar una deuda, sin embargo, si ese fuera el caso no se entiende por qué no sólo hay que devolver, sino devolver más. Postulamos que se debe a la intención de colocar al recipiendario como donador para realimentar permanentemente la deuda, así vemos que no es un intercambio recíproco, aunque suele usarse el término de reciprocidad.
Pero, ¿por qué necesitamos disimular esta regla del contradon cuando recibimos o regalamos? Jacques Godbout responde que se debe a la intención de mantener al donante lo más lejos del compromiso contractual, que obliga al otro independientemente de sus sentimientos con respecto a él, independientemente del lazo que existe entre ellos. Esto no es otra cosa que dejar al otro libre de devolver, o no hacerlo, libre también para calcular lo que debe devolver, cuándo hacerlo, etc. Para obligar libremente. Porque cuando más se tiene la convicción de que el otro no estaba verdaderamente obligado a devolver, más el hecho de que devuelva tiene valor para mí porque yo entiendo que lo hace a favor de nuestra relación.
“A partir del momento en que, en una sociedad, la mayor parte de las relaciones sociales existen sólo bajo la forma y gracias a la instauración de vínculos personales, de relaciones persona a persona, a partir del momento en que el establecimiento de esos vínculos pasa por el intercambio de dones… todas las relaciones sociales objetivas que forman los cimientos de una sociedad… así como las relaciones personales y subjetivas que las encarnan, pueden expresarse y ‘materializarse’ en dones y contradones” (Godelier, 1998:153)
- Visión general creada por IA
- El espíritu del don es un famoso libro de sociología escrito por Jacques T. Godbout (en colaboración con Alain Caillé) publicado en 1992.
- La obra explora cómo los actos de dar, regalar y compartir sin una ganancia obligatoria sostienen la base de toda la sociedad humana frente al mercado y el estado.
- Ideas Principales del Libro
- Lazo social: Dar crea comunidad. No todo se rige por el dinero o las leyes.
- Acción cotidiana: El don está en la familia, la ayuda y los pequeños gestos diarios.
- Crítica al egoísmo: Demuestra que las personas siguen dando de forma libre mucho más de lo que creen los ideólogos modernos.
- Contextos Alternativos
- Teología: En la religión cristiana, el Espíritu Santo es visto a menudo como el "Amor y Don" supremo de Dios hacia la humanidad.
- Antropología: Representa la obligación invisible de dar, recibir y devolver que estudiaron clásicos como Marcel Mauss en las culturas tradicionales.
En la medida en que los dones proceden de las personas, se vinculan luego a los donatarios para luego liberarse y volverse a donar, encarnan tanto a las personas como a sus relaciones; por ello debe concebirse como un hecho social total, en tanto sintetiza algo que viene de las personas y algo que está presente en sus relaciones, consigue totalizarlas y simbolizarlas en su práctica y en los objetos que la materializan. Esto significa que es igualmente importante lo donado como la relación que se establece a través de él.
Así que, el don no permite que seamos sólo sapiens dejando fuera al homo. Los dones circulan para crear relaciones, sin las cuales no podemos entrar en el proceso de hominización. Es decir, no se llega a existir sin la intervención de otros seres humanos que lo engendran física y culturalmente. Lévi-Strauss en su Antropología Estructural (1997), escribe que los hombres que no se han hecho menos a sí mismos que lo que han hecho con las razas de sus animales domésticos. Nuestra humanidad nos la ha contagiado y esta enfermedad nunca se hubiera desarrollado si no fuera por la proximidad de nuestros semejantes. La primera forma de contagio de la humanidad se realiza a través de la palabra, esta forma de intercambio nos saca de nuestra insignificancia natural para convertirnos en seres humanamente significativos. Por ello el ciclo del don -dar, recibir y devolver- es el fundamento de la vida social, ya que los intercambios entre individuos y grupos de palabras, bienes y agentes de parentesco producen y reproducen vínculos personales que constituyen los cimientos de todo grupo social, imprimiéndole cierta lógica global que, al mismo tiempo, es fundamento de la identidad social de sus miembros.
De lo anterior se desprende que los dones aparecen y circulan para crear relaciones sociales, sin las cuales nos es imposible la humanización. Este es el proceso en el que nos configuramos, para y por nuestros semejantes, obligándonos a constituirnos en seres lingüísticos, es decir, simbólicos. Sin duda no hay peor castigo que percibirse fuera de la sociedad y pasar inadvertido por todos los miembros que la componen. Si la humanidad nunca es cosa de uno solo sino tarea de varios, una vez humanos, la peor tortura sería que nadie nos reconociese como tales. Edgar Morín (2003) arguye que la necesidad del otro es esencial y esta necesidad queda testimoniada por la incompletud del Yo; cuando no se tiene el reconocimiento, ni amistad, ni amor. De este modo, ante un desconocido nos hallamos ante una relación ambivalente, dudando entre simpatía y miedo, no sabiendo si va a mostrarse amigo o enemigo. Para pacificar la relación e ir hacia la amistad, intercambiamos con él, en primer lugar, gestos de cortesía, si se nos aceptan y devuelven se iniciará una serie de más intercambios.
En el marco de la teoría de la selección natural, el éxito reproductivo se centra en los rasgos adaptativos, y sin duda el más importante de ellos es vivir en grupo, puesto que quien se queda dentro de un grupo, obtiene ventajas reproductivas. Sin embargo, fue necesario crear estrategias de alianza basadas en el parentesco y en la reciprocidad que permitirían vivir bien en grupo. La paradoja del altruismo en el don, nos lleva de este modo, a revisar la teoría de la evolución de Darwin, pues no sólo la lucha por la sobrevivencia y la reproducción debió ser el motor de la evolución de las especies, el altruismo tuvo y tiene un valor adaptativo para el individuo y el grupo, ya que es mejor ayudar que competir. Ayudar a alguien semejante a nosotros, puede facilitar el inicio de una relación con alguien que comparte nuestros valores, creencias, intereses o cualquier otra característica.
Así el don se nos presenta como desinteresado y libre, cuando en verdad es interesado y obligatorio, la gente ayuda, da dones, para obtener recompensas, ya sea que la persona que recibe la ayuda, o de otros (reconocimiento social), o de uno mismo (orgullo). En el don hay al mismo tiempo egoísmo (cálculo implícito de costo-beneficio), altruismo (activación empática) y hedonismo (uno se siente bien cuando consigue que otro deje de sentirse mal y encima se lo agradecen).
Así pues, estamos ante la presencia de un sistema extremadamente dúctil y cimbreante para la vida humana, misma que ya se dijo no puede darse fuera de la sociedad. El don se transforma y se adecúa a los tiempos y a las necesidades sociales y lejos de morir, se encuentra en excelentes condiciones de salud.
Bibliografía
- Godbout, Jacques T. (1997) El espíritu del don. Siglo XXI, México.
- Godelier, Maurice (1998) El enigma del don. Paidós, Bercelona.
- Lévi-Strauss, Claude (1971) Introducción a la obra de Mercel Mauss, en M. Mauss, Sociología y Antropología, Tecnos, Madrid, pp.13-42.
- Lévi-Strauss, Claude (1997) Antropología Estructural. 10ª ed., Siglo XXI, Madrid.
- Mauss, Marcel (1997). “Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas”, en Sociología y Antropología. Tecnos, Madrid, pp. 153-263.
VER MÁS SOBRE EL DON DE LA ALEGRÍA
Curiosamente: https://es.wikipedia.org/wiki/Alegr%C3%ADa_(emoci%C3%B3n)
- ¡El don de la alegría!
http://www.somostodosum.com.br/artigos/stum-world/el-don-de-la-alegria-13513.html
