PRIMERO UN POCO DE CONTEXTO

-Lo encaré: ‘¿Usted es diputado?’. ‘No, no’, me respondió y se tiró en un sillón. Volví a la carga, enojado: ‘¿Y qué hacía sentado en una banca?’. Y el tipo me dice: ‘No, me dijeron que me sentase ahí porque me sentía descompuesto…’. Así comenzó la trama, en esa escena de nervios, con un hombre asustado, que luego supimos que tenía 74 años, frente a un periodista que lo acosaba, empleados del bloque justicialista que intentaban cubrirlo…

-¿Cómo salió el “diputrucho” de esa situación?

-Llegó Julio Manuel Samid en su rescate. ‘¿Qué le pasó, don Juan? Venga conmigo’, le dijo. Y lo levantó. Tomó a Julio Abraham Kenan -tal era el nombre del diputrucho- del brazo izquierdo y trató de sacarlo de escena. Yo lo agarré del brazo derecho convencido de que no iba a soltarlo por nada del mundo. Samid era un hombre grandote, fuerte, temible.


Esta carta fue publicada por el Cronista el viernes 24 de abril de 1992 En una de las primeras sesiones de Diputados del período 1992, un desconocido ocupó una banca y con su voto contribuyó a dar quorum para la aprobación de un proyecto impulsado por los legisladores oficialistas. Se durmió durante la sesión y fue descubierto por dos periodistas. El intruso se llamaba Juan Kenan y se lo conoce desde entonces como el «diputrucho». Este hecho iluminó, como ningún otro, los problemas que aquejan nuestro sistema de representación política. Escribí y fue publicada en un medio de la época la siguiente carta «en reivindicación del diputado Kenan».


Buenos Aires, 24 de abril de 1992. Estimado señor Kenan: Me atrevo a escribirle porque hace ya un par de semanas que nadie habla de usted. Y eso no me parece justo. Es cierto que los acontecimientos que se suceden son tantos y tan variados que pretender conocerlos y seguirlos a todos nos produciría un desasosiego similar al que sufrimos cuando, parados frente a una nutrida biblioteca, sentimos los estrechos límites de nuestros conocimientos. Pero, así como no haber leído ciertos clásicos permite acusar o acusarnos de ignorantes, hay actos que por su significación social permiten acusar a quien no esté atento a su desarrollo del peor título que podemos dar en democracia: indiferente. Y usted fue autor, señor Kenan, de un hecho esclarecedor que iluminó, de repente, la trama de nuestro entuerto cívico; echarlo al olvido no le hace justicia y nos condena a todos a seguir sin mejoras sustanciales. Hace casi una década que vivimos en ininterrumpida democracia. Con ajustes, con tropiezos, con carencias, pero en democracia; algunos pensando que todavía no estamos del todo bien, pero que con el transcurso de este tiempo nuevo todo va a mejorar, otros, más idealistas, bregando por la urgencia de reformas para la modernización de la vida política. Todos convencidos esta vez, por suerte, de que solo el sistema democrático brinda las herramientas para resolver sus propias crisis. Habrá visto usted, señor Kenan, los esfuerzos que realizan aquellos que quieren convencer a las dirigencias partidarias y a la ciudadanía de la necesidad de cambios como proceso inherente a la consolidación democrática. Parte de ese esfuerzo son innumerables mesas redondas, estudios, reuniones y publicaciones sobre este tema de la representatividad política; sobre el vínculo entre gobernantes y gobernados, entre electores y elegidos. No se imagina el tiempo y la energía que esto insume, señor Kenan. Usted burló a los 1500 empleados de seguridad del Congreso, saludó a sus vecinos en el recinto, ¿se conocían ya señor Kenan?, apoyó su osamenta en una banca y se convirtió en diputado. Esperó que el recinto se fuera llenando, pero, claro, esto siempre demora, que unos entran, que no entran, que se van, que no llegan. Luego los discursos, y esos gestos obscenos de algunos, y los insultos, la bravuconada. Era mucho para usted, don Juan, ¿puedo llamarlo don Juan? y se fue durmiendo, de a poquito; primero un pie, luego otro, la mano... y aquel legislador que bosteza..., y ya se le cierran los ojos... y se va.., ¿se va a su jardín, don Juan?. ¿Sabe por qué me lo imagino en un jardín? Porque usted es nuestro Gardiner. ¿Leyó la novela de Kosinski? Es usted como el protagonista de Desde el jardín quien, con su sencillez pone en evidencia la oquedad de ciertas convenciones sociales y políticas. Fíjese qué curioso, el autor comienza aclarando que la suya es una obra de ficción y que sus personajes y situaciones son completamente imaginarios. Pero nosotros, que quisiéramos vivir en el país de nunca jamás y nos tocó simplemente el país del todo puede ser, hicimos nuestro Gardiner de verdad, que es usted, don Juan. Pero lo sorprendieron dos intrusos, ¿por qué tanta indignación a partir de allí? Si usted hizo lo mismo que iba a hacer el irresponsable ausente. Si quien se sienta ahí no tiene que pensar por sí, sino cumplir la indicación de su partido. ¿Qué número en la lista sábana tenía el que usted reemplazaba? Si para los que lo votaron era igual que estuviera usted o él, porque a ninguno de los dos conocían, ¿quién es más «trucho», usted, él?, ¿los que le pidieron que ocupara su banca o los que se demoran en investigar todo este malentendido? ¿Por qué habría de ser menos legítima su osamenta presente y su sueño jardinero? Usted, don Juan, nos mostró, como ninguno, la necesaria urgencia de producir cambios para el mejoramiento en la selección de los candidatos, para aumentar la participación activa de la ciudadanía, para realizar reformas que tornen más transparente y eficaz la función de los partidos políticos, para lograr, al fin, la democracia representativa y participativa en permanente evolución y transformación, que tantos queremos. Le repito, don Juan, y déjeme que ahora lo llame Diputado, no sería bueno que nos olvidáramos de usted, porque sería seguir olvidándonos de nosotros mismos. Le agradece y saluda, Marta Oyhanarte



Título del autor,BBC Mundo, Argentina 16 abril 2009 Imagine lo siguiente: usted va a votar en los comicios legislativos de su país y el principal candidato a diputado por el partido gobernante es un popular gobernador, que no ha dejado su cargo para pasar al Congreso, ni tampoco piensa hacerlo aunque sea elegido.

Estos "falsos candidatos" que pretenden postular por un escaño legislativo que nunca piensan ocupar podrían ser una realidad en Argentina.

Eso si prospera una idea postulada por el ex presidente Néstor Kirchner, que quiere que gobernadores e intendentes -que cuentan con un buen nivel de popularidad- se presenten como candidatos a diputados nacionales o provinciales en los próximos comicios legislativos del 28 de junio.

La estrategia del titular del Partido Justicialista (peronismo) -y marido de la actual mandataria Cristina Fernández- es que estos políticos "presten" su nombre a las listas que presentará el oficialismo en las elecciones, para arrastrar votos.

Los comicios de junio son considerados clave para el futuro del gobierno y la propuesta de Kirchner de presentar “candidaturas testimoniales” –como se las ha llamado en Argentina- ha generado mucha polémica en el convulsionado escenario político del país.


En Argentina casi una década después se utilizó dicho concepto para referirse a un cierto tipo de candidaturas electorales en las que dirigentes o personalidades de un partido político se ponen a la cabeza de las listas de candidatos, aún sin la intención real de asumir el cargo de resultar electo.[2]​ en las Elecciones legislativas de Argentina de 2009 la Coalición Cívica, Frente para la Victoria, y PRO recurrieron a candidaturas consideradas testimoniales. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, fue criticado por impulsar la candidatura testimonial de Gabriela Michetti, vicejefa de la ciudad. La vicejefa del gobierno porteño renunció a su cargo poco después, para poder presentarse en forma normal, afirmando que la presentación de candidaturas testimoniales "me parece una truchada marca cañón"