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---- * Helene Strohl |
- Michel Maffesoli
- Michel Maffesoli: "Ecosofía, una ecología para nuestro tiempo"
https://www.climaterra.org/post/michel-maffesoli-ecosof%C3%ADa-una-ecolog%C3%ADa-para-nuestro-tiempo
- Michel Maffesoli - La postmodernidad es nuestra, ya que es nuestro tiempo. Siguiendo a Michel Foucault que habló de la epistémica, Thomas Kühn (paradigma), Gilbert Durand (cuenca semántica), pienso que cada "época" (tres o cuatro siglos) está determinada por un cierto número de grandes figuras, mitos, un imaginario. Hablar de posmodernidad, siguiendo a Jean-François Lyotard, es simplemente decir que nuestra época está en desacuerdo con el gran período de la modernidad, en el que el individualismo, el contrato social, el racionalismo y el cientificismo, el productivismo, se están afianzando. No se trata de una crítica a estas nociones, sino de la constatación de que están saturadas, de que la opinión pública ya no cree en ellas. Estas palabras ya no son relevantes para reflejar la atmósfera contemporánea. Seguimos luchando para captar los valores emergentes: la comunidad en lugar del individualismo, la pertenencia y la colaboración en lugar de la competencia, el secularismo sacral en lugar del racionalismo y el ateísmo, la búsqueda de la calidad en lugar del crecimiento frenético...
- Maffesoli: "El progresismo y la era del futuro optimista han terminado"
https://www.climaterra.org/post/maffesoli-el-progresismo-y-la-era-del-futuro-optimista-han-terminado
- LE FIGARO - La modernidad, del siglo XVIII al XX, fue la era del individualismo y la crítica sistemática. En su opinión, estamos entrando en una nueva era, basada en el asentimiento, en la que nos ajustamos lo mejor que podemos al mundo tal y como es, sin pretender darle forma. ¿Qué significa esto? ¿Cuáles son los valores del nuevo mundo que viene?
Michel MAFFESOLI. - En Francia, a menudo hemos temido el fin de lo que comúnmente se llama "modernidad", es decir, el movimiento que comenzó en el siglo XVII con el cartesianismo y ha estado en declive desde mediados del siglo XX. Hoy entramos en una nueva era, que algunos llaman "posmodernidad". Contrariamente a la concepción lineal de la historia, que imagina a la humanidad progresando constantemente desde la barbarie hasta el triunfo absoluto de la ciencia, personalmente creo que hay épocas. La primera es el individualismo, con el "cogito ergo sum" de Descartes, la segunda es el racionalismo, que predominará con la filosofía de la Ilustración, y por último está el progresismo, la gran idea marxista de un "mañana radiante". Desde mi punto de vista, este trípode está llegando a su fin, tambaleándose, de forma bastante difícil. Estamos en un periodo crepuscular. Todo el mundo intuye lo que estamos dejando atrás, pero aún no puede ver con claridad lo que está surgiendo. Apoyo la hipótesis de que el "yo" va a ser sustituido por el "nosotros", el racionalismo por el sentimentalismo, y el progresismo y el futuro prometedor por el "hay que vivir el momento".
- Durante mis años de profesor en la Sorbona, tuve la oportunidad de estudiar a las jóvenes generaciones, que representan el futuro de la sociedad. Si se observan de cerca las prácticas de los jóvenes, queda claro que lo que prevalece es la comunidad, el "nosotros". Ya no se trata de una concepción puramente racionalista del mundo, sino de compartir emociones, afectos y pasiones. Ya no hay un compromiso político o una visión de futuro, sino una necesidad de conectar con el momento eterno que es el presente.
- P: ¿Qué precipitó la caída del modernismo?
MM: Para describir este declive suelo tomar prestada la idea de "saturación" del sociólogo estadounidense Pitrim Sorokin, que se preguntaba cómo una determinada cultura podía perder su carácter "obvio" y degradarse gradualmente. En química, la saturación se produce cuando las moléculas que componen un cuerpo, por diversas razones, ya no pueden permanecer juntas. Este fenómeno provoca la ruptura del cuerpo y la aparición de una nueva estructura. No se trata pues de una ruptura, sino de una lenta degradación, y llega un momento en que todo lo que antes funcionaba ya no lo hace, todo lo que parecía evidente parece absurdo. Asistimos hoy a multitud de fenómenos que demuestran que ya no nos reconocemos en valores compartidos. Las élites, ya sean políticas, económicas o mediáticas, se han aferrado a los patrones de la era moderna, pero el pueblo ya no se reconoce en ellos. Sorokin da la imagen de un vaso de agua, que puede salarse sin que sea visible, hasta un momento preciso en que la saturación se hace evidente. Somos el último grano de sal.
- Helene Strohl