La colaboración es un fin en sí mismo. Es un bien común para todas las células que componen el organismo. Es importante romper las barreras de la zona de confort de cada departamento para convertir sus paredes en vasos comunicantes. La idea, el espacio óptimo para que se dé la comunicación o los medios utilizados para llevar a cabo un mismo fin son, en definitiva, el bien común. No se trata de sumar esfuerzos sino de crear redes de colaboración. Google, un ejemplo de talento colaborativo Desde su nacimiento, Google, el mayor representante de la Revolución Digital, ha fomentado y respetado que cualquier persona que forma parte de su organización pueda hacer nacer una gran idea. Sin duda, el gigante de Sillicon Valley tiene la base y la estructura tecnológica para facilitar que todos sus trabajadores contribuyan directamente con sus conocimientos. La cultura organizativa de Google valora la empatía como valor fundamental. En muchas ocasiones se valora tanto la individualidad de cada persona que permite que sus trabajadores utilicen el 20% de su tiempo laboral en el desarrollo de proyectos personales. Esto facilita la flexibilidad, la innovación y la disrupción. Al fin y al cabo es la compañía la que gana invirtiendo en ideas nuevas, evitando las limitaciones que puede imponer su papel de gestor.

Cuando se abren caminos y se conquista el futuro desde la primera línea de la vanguardia, se asume que los problemas y la solución de los mismos no están definidos. Google es, por tanto, una empresa dinámica, abierta a cambios y a errores; por esa razón la responsabilidad recae de forma compartida en todos los miembros del equipo. No es necesario tener un mismo jefe (o gestor) en todos los proyectos: dependerá del perfil, de las necesidades del problema y, sobre todo, de la capacidad de las personas que integran el equipo para resolver interacciones.

Muchas veces entendemos la tecnología como un fin, pero en el ámbito del talento colaborativo es el mayor error que se puede dar. La tecnología es un medio más para que el trabajo en colaboración pueda tener lugar. Cuando el liderazgo reposa en el equipo, se logran acuerdos y normas compartidas (al menos en su mayoría); se optimizan los recursos y los tiempos de los proyectos y, sobre todo, se crea un mundo más humano.