Clyde Kluckhohn




También el destino quiso que se trasladara a estudiar a Europa, a Viena, donde resultó atraído por las corrientes psicoanalíticas de Freud, lo cual explica que a la vuelta a los Estados Unidos fuera un portador muy eficaz de la relación entre la doctrina freudiana y la antropología. En el hecho, seguramente, jugaron un papel decisivo sus estudios iniciales de Educación en las Universidades de Princeton y Wisconsin. Su estancia en Viena a comienzos de los años treinta también le permitió conocer de primera mano el movimiento difusionista que lideraba F. W. Schmidt. No obstante, y a pesar de que realizó su doctorado en Harvard, siempre se sintió a gusto en el entorno de Boas, entreverado con el semillero de este último, y especialmente junto a A. Kroeber, E. Sapir R. Linton y C. Wissler. De hecho, Kluckhohn fue un gran admirador del sabio antropólogo germano. Ahora bien, en el contexto boasiano, Kluckhohn se identificó más, si cabe, con la mejor síntesis de la antropología y la reflexión freudiana, esto es, con el movimiento abanderado por R. Benedict, M. Mead y R. Linton, conocido con el nombre de Cultura y Personalidad. Ciertamente, la carrera de Clyde Kluckhohn se desarrolló sobre todo en Harvard, a la vera del todopoderoso sociólogo norteamericano Talcott Parsons, del cual fue asimismo estrecho colaborador. No en vano, la antropología de Kluckhohn cabalgó entre el enfoque de Cultura y Personalidad y el más puro funcionalismo, como resultado, una vez más, de sus coordenadas vitales. No es exagerado decir que su antropología es una de las mejores expresiones del cruce de influencias que se registra en la antropología del segundo cuarto del siglo XX.

Clyde Kluckhohn pasó a la historia de la antropología por razones muy diversas, pero sobre todo por tres. En primer lugar por ser el alma de un proyecto exitoso que permitió conocer mejor a los navajos de Arizona, Utah, Nuevo México y Colorado, haciendo comparable su cultura con la de otros indios norteamericanos. En una época en la que los proyectos de investigación en las ciencias sociales no eran interdisciplinares, él abogó por este enfoque, dentro del Proyecto Ramah que dirigió en Nuevo México entre 1936 y 1948, logrando hacer a la antropología social más fuerte. En segundo lugar por la extraordinaria vigencia de su modelo teórico, no sólo en la antropología sino en otras ciencias sociales, conocido como “orientación en valores”, justamente en una época en la que pocos se habían fijado en este aspecto de la cultura. Y en tercer lugar, Kluckhohn ha pasado a la historia, y quizá con más fortuna que de ninguna otra manera, por su célebre obra sobre la cultura, en la cual, y en compañía de su amigo A. Kroeber, pasó revista pacientemente a todas las definiciones de cultura que se manejaban en su tiempo, dando así vida a su libro Culture: A Critical Review de Concepts and Definitions (1952), obra insustituible en el seno de la antropología social.

A lo dicho, y complementariamente, habría que añadir su concepción de la antropología que se halla contenida en Mirror for Man (1947), que se halla traducida al español con el título de Antropología (1974), y que constituye un auténtico manual, aún muy sugerente en nuestros días para todo aquél que se quiera adentrar por la senda de esta ciencia social. Ahora, baste añadir que este antropólogo norteamericano alcanzó la presidencia de la Asociación Americana de Antropología, cuando contaba tan solo cuarenta y dos años. Clyde Kluckhohn falleció en 1960.

Última modificación: viernes, 23 de junio de 2017


En fin, que los buenos antropólogos tienen una paciencia sobrehumana y Kluckhohn no fue una excepción.

Durante décadas (de mediados de 1930 a finales de los 50), se dedicó a observar a grupos sociales de culturas bien dispares y concluyó que las culturas pueden clasificarse de acuerdo a seis asunciones básicas:

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