Diego Muzzio


El escritor argentino Diego Muzzio, radicado en Francia desde hace dos décadas, ganó el Premio Fundación Medifé Filba de este año con su novela El ojo de Goliat, publicada por Editorial Entropía. El jurado compuesto por Federico Falco, Betina González y María Moreno la eligió entre los cinco títulos finalistas, entre los que también figuraban Derroche de María Sonia Cristoff (Literatura Penguin Random House), Una oportunidad de Pablo Katchadjian (Blatt & Ríos), Barro de Natalia Rodríguez Simón, (Mardulce Editora) y Los brasileros de Rodolfo Omar Serio (Omnívora Editora).


Luciano Lamberti




... Afuera, el viento nocturno silbaba entre las ramas de los árboles y barría los tejados de la clínica. Pierce levantó la cabeza. A veces, cuando la migraña era tan intensa que le impedía dormir, se refugiaba en aquel lugar para observar las estrellas. En esas ocasiones sentía que una parte de sí mismo abandonaba su cuerpo para estudiarse desde afuera. Lo que veía –un hombre indefenso bajo un techo de cristales, torturado por un fragmento de hierro alojado en su cráneo– siempre lo turbaba. Y era justamente en esos momentos de aflicción en que se había visto asaltado por ideas e intuiciones fulgurantes (o que en ese instante en particular lo parecían, aunque más tarde terminara descartándolas), como si el hecho de sufrir y pensar fueran indisociables y se presentaran siempre formando un organismo de dos cabezas, un ente dividido que sólo podía sentirse completo por un espacio de tiempo muy limitado y siempre en la aflicción extrema. Así, había llegado a discurrir que ciertas formas de locura tal vez se asemejaran al vértigo que experimentamos frente a lo infinito; con un agravante, pensaba el doctor: el contemplador ocasional de astros puede desestimar dicha percepción a voluntad, mientras que, en el enfermo, la misma experiencia debe ser incontrolable y permanente.

En ese instante hubo un cambio en la actitud de Bradley: emitió una serie de suspiros y gemidos apagados, parpadeó y movió los brazos. No se detuvo a contemplar nada. Su única urgencia al sentirse libre de la camisa de fuerza fue arrancarse con premura la ropa que llevaba encima. La atención del doctor Pierce se desvío enseguida hacia los ojos del paciente, todavía pesados de sueño: uno era negro, el otro azul oscuro. Pierce sabía que el color de los ojos está determinado por la cantidad y la distribución de melanina en el iris, y que la heterocromía, que produce ojos de distinto color, podía ser congénita o adquirida, en este último caso resultado de un traumatismo o una hemorragia. Pero no sólo los ojos llamaron la atención del psiquiatra: el torso, la espalda y los brazos del paciente estaban cubiertos de hematomas y heridas: estas últimas, dispersas en una constelación carmesí sobre la palidez general del cuerpo, eran unas marcas pequeñas y rojizas semejantes a mordiscos.

Al cabo de un momento, Bradley se recostó boca abajo y llevó el brazo derecho hacia atrás. Luego, con dificultad, lo proyectó hacia adelante, ejecutando lo que, en efecto, podía considera?r?se una aparatosa brazada de crawl. A continuación realizó el mismo movimiento con el brazo izquierdo. Las piernas subían y bajaban, adquiriendo un ritmo particular, sincrónico, y de su boca salía un silbido ronco, casi un estertor, como si sus pulmones no expulsaran aire sino piedras y arena. Era en extremo perturbador: el ingeniero parecía un autómata atiborrado de engranajes invisibles, un Lázaro mecánico que, debajo de la cúpula de vidrio, huía a nado de la muerte. David Bradley nadó durante horas. Al amanecer, se desvaneció de cansancio.


“El ojo de Goliat” de Diego Muzzio: atmósfera gótica y profundidad psicológica

EnciclopediaRelacionalDinamica: DiegoMuzzio (última edición 2026-06-18 02:30:59 efectuada por MercedesJones)