- Giro Vegetal
La relación entre el mundo de las plantas y el ser humano ha cobrado un gran protagonismo en la literatura contemporánea a través del llamado "giro vegetal" (plant studies). Diversos ensayistas, científicos y narradores exploran cómo los vegetales se comunican, sienten, y moldean nuestra cultura y supervivencia. A continuación, se destacan las autoras y autores más influyentes divididos por su enfoque:
🔬 Perspectiva Científica y Sabiduría Indígena
• Robin Wall Kimmerer: Botánica y miembro de la nación Potawatomi. En su aclamado libro Braiding Sweetgrass (Una trenza de hierba sagrada), entrelaza la ciencia botánica con el conocimiento indígena. Defiende que las plantas son nuestras maestras y analiza los hilos de gratitud y reciprocidad que nos unen a ellas. • Stefano Mancuso: Neurobiólogo vegetal italiano. A través de obras como Sensibilidad e inteligencia del mundo vegetal, desafía el antropocentrismo demostrando que las plantas tienen memoria, se comunican y resuelven problemas complejos sin necesidad de un cerebro centralizado. • Suzanne Simard: Ecóloga forestal canadiense. En su libro Finding the Mother Tree (En busca del árbol madre), detalla sus descubrimientos científicos sobre cómo los árboles se comunican y comparten nutrientes bajo tierra mediante redes de hongos, conectando esta simbiosis con su propia historia de vida. • Monica Gagliano: Científica pionera en la cognición vegetal. En su obra Thus Spoke the Plant (Así habló la planta), combina experimentos de laboratorio rígidos con experiencias de aprendizaje junto a sabios indígenas para explorar la conciencia vegetal.
🧠 Filosofía y Ensayo Cultural
• Emanuele Coccia: Filósofo italiano que en La vida de las plantas propone una "razón vegetal". Argumenta que las plantas crearon nuestra atmósfera y que es imposible entender el mundo humano sin asimilar primero que compartimos el mismo espacio metafísico con el reino vegetal. • Michael Pollan: Periodista y ensayista estadounidense. En su célebre libro The Botany of Desire (La botánica del deseo), analiza la coevolución entre humanos y plantas a través de cuatro especies (la manzana, el tulipán, la marihuana y la papa), planteando que las plantas nos utilizan a nosotros para reproducirse tanto como nosotros las usamos a ellas. • Santiago Beruete: Filósofo y jardinero español. Autor de libros como Verdolatría y Jardinosofía, donde postula que el cuidado de las plantas y los jardines funciona como una filosofía práctica, una escuela de paciencia y una forma de resistencia ante la crisis ecológica actual. • Paco Calvo: Catedrático de filosofía de la ciencia. En su obra Planta Sapiens, invita a los lectores a salir del molde antropocéntrico y reconocer que las plantas poseen propósito, sensibilidad y respuestas creativas a su entorno.
📝 Narrativa y Literatura de Ficción
• Cristian Alarcón: Escritor y periodista chileno-argentino. En su novela El tercer paraíso (Premio Alfaguara 2022), reconstruye la historia familiar y la memoria de la dictadura chilena mediante el acto de cultivar un jardín, entrelazando la botánica colonial con el refugio emocional. • Edmundo Paz Soldán: Escritor boliviano. En su novela de ciencia ficción La mirada de las plantas, explora una relación más oscura y tecnofantástica, donde el uso de plantas amazónicas altera los límites de la percepción, la memoria y el entorno digital humano. • Valeria Correa Fiz: Escritora argentina que en su antología de cuentos Hubo un jardín, utiliza la naturaleza y los elementos botánicos no solo como escenarios, sino como personajes psicológicos que se funden con los dilemas internos de los protagonistas humanos.
- Dosier monográfico
* https://revistes.ua.es/pangeas/article/view/29863
Sobre las relaciones entre el ser humano y las plantas en El tercer paraíso, de Cristian Alarcón, y La mirada de las plantas, de Edmundo Paz Soldán Autores/as Jenny Haase Universidad Potsdam, Alemania https://orcid.org/0009-0003-7918-6951 DOI: https://doi.org/10.14198/pangeas.29863 Palabras clave: ecocrítica, jardín, novela de la selva, Cristian Alarcón, Edmundo Paz Soldán, estudio de plantas, narrativa latinoamericana, siglo XXI Resumen Este ensayo toma como punto de partida el nuevo interés por la relación entre los seres humanos y las plantas en las Humanidades Ambientales conocido como plant studies o “giro vegetal”. Se concentra en dos novelas latinoamericanas recientes que tratan las plantas de maneras muy diferentes: El tercer paraíso (Alfaguara, 2022), de Cristian Alarcón, y La mirada de las plantas (Almadía, 2022), de Edmundo Paz Soldán. Si bien la novela de Alarcón se inscribe en la tradición de las narraciones clásicas de jardines y en la historia de la botánica (colonial), también considera la memoria de la última dictadura chilena y el aislamiento experimentado durante las fases de distanciamiento social en el contexto de la pandemia mundial del Covid-19. Por su parte, Paz Soldán, en su novela distópica sobre la selva, reflexiona sobre los recientes avances tecnológicos en la creación de realidades virtuales y los confronta con fantasías sobre la mítica y alucinógena planta ayahuasca, de manera que cuestiona las ideas existentes sobre tecnología y plantas, “cultura” y “naturaleza”. Ambas novelas dialogan, además, con teorías críticas actuales en el campo de la ecocrítica y la antropología, concretamente con las reflexiones sobre el jardín en el Antropoceno, de Gilles Clément (Alarcón), los escritos sobre plantas de Michael Marder y la antropología amazónica de Eduardo Viveiros de Castro (Paz Soldán). Así, en suma, estas dos novelas nos ofrecen nuevas perspectivas sobre las plantas y nuestra relación con ellas desde una perspectiva latinoamericana, considerando al mismo tiempo los urgentes problemas globales y la crisis ecológica que nos conciernen a todos.
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- La razón vegetal
- En un enfoque original y disruptivo, el filósofo italiano Emanuele Coccia propone en La vida de las plantas una respuesta al antropocentrismo. La especulación que postula consiste en observar y definir al mundo desde el punto de vista de las plantas, milenarias habitantes del mundo, creadoras de la atmósfera y, sin embargo, carentes de estatuto trascendente para el pensamiento.
- Por Ignacio Navarro para Página 12
- 24 de diciembre de 2017
- Son el alimento de todos, pero no se alimentan de nadie. Ofrecen todo y no piden casi nada: agua, suelo, aire, luz. A diferencia de otras formas de vida, que de manera caníbal requieren de los otros para sobrevivir, las plantas se bastan a sí mismas como nadie. Estiran sus ramas hacia el sol, hunden sus raíces hacia el centro de la tierra, respiran al ritmo de la atmósfera porque ellas son sus creadoras. Inmersas en el universo, se confunden injustamente con lo inanimado siendo ellas mismas las principales creadoras de vida. Aun así, indispensables pero al mismo tiempo rebajadas, eterno último peldaño de la cadena alimentaria, las plantas parecen condenadas a ocupar un escalón inferior en el concierto de los seres.
El hombre construyó un sistema de pensamiento y se puso a sí mismo en el centro, como referencia ineludible para todo lo que existe. La especulación que propone el filósofo italiano Emanuele Coccia consiste en observar y definir al mundo desde el punto de vista de las plantas, quienes le dieron forma y están en él desde miles de años antes que los hombres pero no poseen un estatuto trascendente para el pensamiento. Sostienen la vida, pero están excluidas de las divinidades modernas. Tienen una ciencia (la botánica), un espacio de recreación y ornamento (la decoración, el urbanismo), un ámbito reproductivo específico (la reserva forestal), pero no un estatuto de trascendencia, un rango ontológico que permita pensar su existencia como fundamento filosófi
Empoderado, el hombre moderno diluye su dominio sobre otras especies, a quienes concede derechos y un estatuto en la creación. El antropocentrismo derivó durante los últimos años en un zoocentrismo que incorporó la dimensión animal como rasgo ampliado de su señorío. Pero las plantas parecen confinadas al silencio interpretativo, a su negación en el orden metafísico y su ascenso como elementos de explotación, diseño y decoración. “Parece que nunca nadie ha querido poner en cuestión la superioridad de la vida animal sobre la vida vegetal, y el derecho de vida y de muerte de la primera sobre la segunda: vida sin personalidad y sin dignidad, ella no merece ninguna empatía benévola ni el ejercicio del moralismo que los vivientes superiores sí alcanzan a movilizar”, se queja el autor, y agrega: “El animalismo antiespecista no es más que un darwinismo interiorizado: ha extendido el narcisismo humano al reino animal”.
Frente a la pregunta central de la metafísica sobre qué es el mundo, interrogante que atraviesa la historia del pensamiento como un tajo, el autor, hastiado del sesgo antropocéntrico de la filosofía moderna, ensaya aquí una respuesta desde el punto de vista de las plantas. Su solamente estar ahí, a disposición, en un estado de contemplación ciega y permanente, es un silencio que en su reverso expresa que nada se adhiere al mundo mejor que ellas y que ningún otro ser viviente expresa mejor la definición sobre lo que implica estar en el mundo. Hojas, tallos, raíces y flores, más que atributos específicos de una variedad de vida, encierran con elocuencia una concepción metafísica basada en la mixtura y la contaminación incesante y perpetua entre las diferentes sustancias que componen el universo. El autor sugiere que el cosmos es ante todo un estado de intercambios recíprocos representado en la figura del soplo, un contagio sin fin entre los elementos, que nunca son nada en sí mismos y siempre deben ser aprehendidos en diálogo con todo lo que existe.
El hombre no habita el mundo de manera sólida y terráquea como se ha querido, sino que se encuentra en un estado inevitable de inmersión atmosférica. Más que en la firmeza impenetrable del suelo donde edifica, vive de manera gaseosa en una atmósfera, un espacio de fluidez donde todo se combina con todo y nada existe sin implicarse con el resto. La separación y clasificación de los entes, la disección sistemática de todo lo existente bajo la lupa de la ciencia, es el efecto posterior de la deriva antropológica emprendida por los humanos, que, vistos desde el milenario ojo clorofílico de la planta, son comparativamente una especie recién llegada al universo. El autor apunta que “las hojas han impuesto a la gran mayoría de los vivientes un medio único: la atmósfera”. Resultado de miles de años de respiración vegetal, es el efecto prodigioso de la fotosíntesis, el soplo vegetal que mantiene todo el ecosistema funcionando. Así, vista desde las plantas, la especie humana no sería más que el resultado inesperado de un ensayo biológico involuntario a escala planetaria. El autor advierte que esta obsesión moderna centrada en el suelo, en la tierra como agente que todo lo puede contener y todo lo puede explicar –casi como una extensión de los dominios de la razón expresada en una confianza absoluta en la certeza de lo terráqueo– es una fijación geocéntrica, una “falsa inmanencia” que impide comprender la condición astrológica del planeta y su diálogo permanente e insustituible con el sol. Son las plantas quienes mejor encarnan esta simbiosis equilibrada que permitió la vida. Sus raíces se dirigen, sin vacilar, guiadas por la gravedad, hacia el centro del planeta; sus ramas, tallos y hojas miran hacia el sol, hacia el infinito; el soplo de su respiración es el combustible gaseoso que formatea al mundo como “una cosmogonía en acto”. “Nuestro mundo es un hecho vegetal antes de ser un hecho animal”, sostiene.
El mundo, entonces, no es un contenido, un conjunto de cosas, sino un procedimiento que todo el tiempo recombina los materiales existentes; un collage permanente y natural, cósmico e involuntario, que tiende a mezclar los elementos del universo. Un movimiento de inteligencia y racionalidad no humanas, sin dueño ni tiempo, que encuentra en la flor y la semilla sus expresiones más cercanas y misteriosas. La razón vegetal propone comprender el devenir del mundo y la vida como un estado de inmersión en donde los límites impuestos por la racionalidad se desdibujan y reina la mixtura de los seres y los elementos.
Mientras que el animal luce asediado por el hambre o el cansancio, perturbado por la necesidad y desinhibido para satisfacerse, en perpetua tensión con el entorno, que se ofrece como remedio y al mismo tiempo como amenaza, la planta nace y muere sosegada. Su estado de apertura nos resulta inaccesible. Su signo parece ser la contemplación de un reino modesto y grandioso que, la mayor parte de las veces pero tal vez hasta ahora, pasa desapercibido a las “grandes ideas”.
LA PLANTA Y EL SER HUMANO
Las humanidades ambientales son un campo de estudio interdisciplinario que analiza la relación entre los seres humanos y el mundo natural a través de la filosofía, la historia, el arte, la literatura y la ética.
¿Qué buscan?
• Explicar el "por qué": Mientras las ciencias naturales estudian los datos y soluciones técnicas, las humanidades ambientales entienden la crisis ecológica como una crisis cultural y de pensamiento. • Unir saberes: Conectan el rigor científico con los valores humanos para buscar futuros sostenibles. • Visibilizar conflictos: Estudian cómo las decisiones políticas y económicas afectan los paisajes y a las comunidades más vulnerables.
Temas principales
• El Antropoceno: El impacto de la huella humana visto como un relato cultural e histórico. • Justicia ambiental: La relación entre los problemas ecológicos y la desigualdad social. • Narrativas y arte: El uso de la literatura o el cine para imaginar futuros alternativos.
Humanidades ambientales, aliadas contra los desafíos del planeta Humanidades | 14/07/2026
UNIR Revista Las humanidades ambientales constituyen la intersección crítica entre cultura, ética, historia y el medio ambiente, explorando las narrativas humanas para repensar la crisis planetaria y buscar futuros sostenibles más allá de la ciencia.
Las humanidades ambientales constituyen la intersección crítica entre cultura, ética, historia y el medio ambiente Dentro del amplio espectro de las humanidades ambientales, la geografía juega un papel fundamental. Descubre nuestros estudios de Humanidades Las humanidades ambientales son la respuesta a los desafíos sin precedentes que presenta actualmente el planeta, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la crisis de recursos para comprender y abordar la compleja red de problemas socioecológicos. En ellas se integra el conocimiento científico con la reflexión profunda sobre la cultura, los valores, la ética y la narrativa humana.
Su alineación con la coyuntura global convierte el Grado en Humanidades de UNIR en una formación que sirve de acceso a una comprensión más profunda de los mecanismos culturales que han llevado a la actual crisis planetaria.
Grado en Humanidades Solicita información El origen de las humanidades ambientales Las humanidades ambientales (un término que engloba también a las humanidades ecológicas o ecohumanidades) constituyen un campo de estudio interdisciplinario emergente que examina las relaciones entre los seres humanos y el mundo natural a través de los lentes de la filosofía, la historia, la literatura, el arte, la antropología, los estudios culturales y la ética.
Este campo se diferencia de las ciencias ambientales en su enfoque. Mientras estas últimas se centran en el “qué”, (los datos, los procesos biológicos, las soluciones técnicas), las humanidades ambientales abordan el “por qué” y el “cómo”, tratando de explicar que la crisis ambiental es, en esencia, una crisis cultural y de pensamiento.
Abordar este desafío requiere una sólida formación en los fundamentos del pensamiento crítico que solo los estudios en Humanidades pueden ofrecer.
¿Qué hacen exactamente las humanidades ambientales? A diferencia de una disciplina con un objeto de estudio único, las humanidades ambientales actúan como un puente. Su labor se centra en proporcionar las herramientas analíticas y narrativas necesarias para darle sentido a la crisis ecológica.
Deconstruir narrativas dominantes: analizan críticamente conceptos como “naturaleza”, “progreso” o “desarrollo” que han guiado a la modernidad occidental, mostrando cómo han contribuido a la explotación del planeta. Por ejemplo, estudian el concepto de “antropoceno”, un término que describe una hipotética nueva época geológica caracterizada por el impacto de la actividad humana en el planeta y las implicaciones éticas y culturales de esta nueva era geológica. Explorar la representación cultural (ecocrítica): estudian cómo el medio ambiente es representado en la literatura, el cine, la pintura y la música. ¿Cómo se narra el cambio climático en una novela? ¿Qué dice una pintura sobre la percepción de un paisaje? Estas representaciones moldean la comprensión y emociones hacia la naturaleza. Recuperar saberes olvidados: investigan y valoran los conocimientos ecológicos tradicionales de pueblos indígenas y comunidades locales, que a menudo poseen una comprensión profunda y sostenible de sus entornos. Plantear cuestiones éticas y políticas: abordan preguntas cruciales como las obligaciones de la sociedad actual con las generaciones futuras y las demás especies, la justicia ambiental o la distribución del costo de la transición ecológica. El valor de una carrera de Humanidades en este contexto es innegable. Estas disciplinas proporcionan el entrenamiento para el análisis de textos, la comprensión histórica de las ideas y la reflexión ética, habilidades esenciales para desentrañar la complejidad de la crisis actual.
Entre los núcleos temáticos más relevantes de las humanidades ambientales se encuentran:
El antropoceno, entendido no solo como una propuesta geológica, sino como un relato cultural sobre la huella humana en el planeta. La justicia ambiental, que visibiliza cómo las comunidades más vulnerables suelen ser las más afectadas por la degradación ecológica. Las narrativas del futuro, como la climate fiction, que permiten imaginar mundos alternativos y ensayar soluciones creativas. La reconciliación entre ciencias y humanidades, superando la vieja fractura entre “dos culturas” para afrontar la crisis ecológica desde una mirada integral. Las Humanidades ambientales se encuentran también en la reconciliación entre ciencias y humanidades
Las humanidades ambientales como motor de cambio Dentro del amplio espectro de las humanidades ambientales, la geografía juega un papel fundamental, especialmente cuando se cruza con los estudios culturales y la preocupación ecológica. La geografía ambiental es un subcampo vital que examina la interacción espacial de los humanos y los entornos naturales. No se limita a mapear datos, sino que estudia cómo las decisiones políticas, económicas y culturales se manifiestan en el paisaje y cómo el lugar moldea la identidad humana.
Las preguntas de las humanidades ambientales a menudo se arraigan en un espacio geográfico específico, buscando respuestas a la forma en la que cuestiones como la deforestación, el cambio climático o la falta de recursos afectan a las diferentes comunidades. Entender la relación íntima entre el entorno físico y la vida humana requiere una perspectiva geográfica firme. Este enfoque en el lugar es crucial para ir más allá de las soluciones globales abstractas y encontrar respuestas que sean cultural y ecológicamente apropiadas para cada región.
Las ciencias aportan datos duros, como las toneladas de CO2, la tasa de extinción de especies, el aumento de la temperatura global… Pero los datos, por sí solos, no movilizan a la sociedad de manera profunda y duradera. Sin embargo, las también llamadas environmental humanities proporcionan las historias, los símbolos, los valores y las emociones necesarias para darle sentido a esos datos.
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LA CARTA DE LA TIERRA
La Carta de la Tierra
Preámbulo Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que, en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
La Tierra, nuestro hogar La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado.
La situación global Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.
Los retos venideros La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas.
Responsabilidad universal Para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.
Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente. Por lo tanto, juntos y con una gran esperanza, afirmamos los siguientes principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales.
