¿Qué palabra sostiene una creencia? ¿Cómo deber ser ese decir? ¿Se trata de un poder predictivo o un valor doctrinal?
- 20 de noviembre de 2015
- Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
- ¿Qué palabra sostiene una creencia? ¿Cómo deber ser ese decir? ¿Se trata de un poder predictivo o un valor doctrinal? ¿O es una proporción lingüística incalculable, una fórmula poética que se vuelve profética, como si se hubiera encarnado? Por otra parte, se obedece a la palabra… ¿de quién?
- El nuevo libro de Emmanuel Carrère, escritor francés que visitará la Argentina la próxima semana, El Reino (Anagrama), es una carta fuerte de la literatura para vérselas con algunas de las escrituras más poderosas de todos los tiempos: Los Hechos, Los Evangelios y Las Epístolas. El autor elije contar la historia de Pablo el Converso y de Lucas el Evangelista para dar cuenta de esa lengua trascendente. Sin cuestionarla del todo y preguntándose por su alcance, Carrère cita a un amigo, en las primeras páginas del libro que dice: "Es extraño que personas normales, inteligentes puedan creer en algo tan insensato como la religión cristiana, algo del mismo género que la mitología griega o los cuentos de hadas." En este sentido, El Reino propone una relectura personal de las escrituras. Como un cronista literario de la época, Carrère combina la investigación con referencias actuales, desde Pasolini, los Sex Pistols, Sadam Husein o la serie Les Revenants.
- Como en sus anteriores libros (al menos de los últimos quince años), Carrère escribe en primera persona y no se excluye como sujeto del relato, participa con su subjetividad de lo que cuenta de los otros; el impacto que le producen las lecturas, las actitudes, la vehemencia, el amor, el egoísmo, el dolor o la felicidad. Ingresa en la gran Historia para contar la pequeña historia, la de las personas enlazadas en la Historia. Es una primera persona tan original como única, sólo puede ser Carrère. Es la primera persona del autor. No es un autor que inventa a un narrador en primera persona. Es como si el autor mezclara su diario de pensamientos con la historia que está contando, que no es la propia. Es decir, Carrère se expone como primera persona relacionada con lo que escribe, sus ganas de hacerlo, las motivaciones que lo llevaron a contar la historia de personas reales, tales como Limónov; su abuelo colaboracionista en Una novela rusa; Jean-Claude Romand, el asesino múltiple de El adversario o los jueces de De vidas ajenas. La novedad literaria es precisamente esa conjunción entre el autor "verdadero" contando una historia real, provocando a su vez una lectura novelesca.
- Carrère explica: "Cuando abordo un tema me gusta tomarlo con pinzas". Quizá este afán de construcción sensible y minuciosa, le otorga al relato un aliento de investigador involucrado.
- Munido de una ironía franca, hasta graciosa, Carrère comienza El Reino con sus crisis personales. La primera le duró tres años, y lo sumergió en un fanatismo religioso de entrega casi absoluta. Comulgaba, iba todos los días a la iglesia y en ese tiempo escribió cuadernos con comentarios sobre los versículos del Evangelio según San Juan. Casi diez años después, sufrió una depresión, "sin poder amar ni trabajar". Y salió de una con lo que encontró de la otra: sus cuadernos, donde había escrito, por ejemplo: "Un ateo cree que Dios no existe. Un creyente sabe que Dios existe".