MUNDIAL DE ESCRITURA 2026.4. Los ñoquis del 29 Conversaba ayer con mi amiga Renata. Es una feminista empedernida. Yo no tanto. Me recordaba aquello de Has recorrido muchacha un largo camino...Esa publicidad de los hoy estigmatizados cigarrillos que se hizo famosa en los años 70. Dejando de lado los cigarrillos, -me decía- la frase se impuso, marcó una época y se sigue repitiendo porque la igualdad de género es un proceso que está en marcha y es, quizás, el fenómeno sociológicamente más relevante de este siglo. Tenemos varias batallas ganadas...pero falta mucho, me decía. ¿Qué falta?, le pregunté. -Nena, escuchá, y leía: Los estudios de esa época indicaban que faltaban 450 años para la equidad total. Investigaciones recientes señalan que al ritmo actual de progreso, se necesitarán 132 años para alcanzar la paridad. Este índice considera cuatro indicadores clave: 1) logro educativo, 2) salud y supervivencia, 3) empoderamiento político y participación económica, 4) oportunidades. De 450 años a 130...hemos ganado unos 320 años en estas últimas décadas. Agregaba -¡Está muy bien!...Muchas, y desde hace mucho tiempo contribuimos a recorrer ese camino, y sabemos que en este tema no hay vuelta atrás. ¿A descansar ahora que ese brote prendió y nuevas generaciones dicen presente y siguen actuando? No, hay otra tarea irrenunciable que nos convoca: La revolución de la longevidad. La interrumpí: -¿y eso de qué viene? Me miró de reojo y siguió leyendo: El movimiento feminista tiene una deuda en este tema, el edadismo, que de eso se trata. Desde 2012 se publican algunas investigaciones que explican cómo se excluye y discrimina tanto a jóvenes como a personas mayores, hace referencia a los prejuicios y estereotipos negativos asociados con la edad. "Callate porque que no sabes nada de esto, porque sos muy joven... o porque sos muy viejo.". -Ah, qué interesante, le dije yo. Y le conté: -¡Me pasa! Me indigna cuando hablan con mi hija refiriéndose a mí ¿Ella puede caminar sola?, y antes de que mi hija conteste yo digo: -¡Claro que puedo! Vine en colectivo, hice combinación, fui a la clase de yoga y pasé por el súper. -Muy bien , me dijo Renata, entonces escuchá: El "viejismo" o “edadismo” es la discriminación y el prejuicio aplicado contra las personas mayores. Lo podemos equiparar al racismo, al clasismo, al machismo. Oímos y repetimos: Tercera edad. Nuestros mayores, asilo de ancianos, abuelitos…En general, se reproduce una mirada infantilizadora o denigrante, que vincula la época únicamente con el papel del abuelazgo. Pero las mujeres estamos históricamente bien entrenadas para registrar discriminaciones y oponernos a ellas. -¿O no? Y Renata me siguió leyendo lo que podríamos hacer: 1.- Reconocer que el maltrato a las personas por cuestión de edad es una construcción social que discrimina y limita el desarrollo de las personas. 2.- Educarnos y fomentar la educación contra el edadismo en nuestro día a día, en nosotras mismas como así también en las personas de nuestro entorno. 3.- Encarar y desmitificar los estereotipos sobre las personas mayores y favorecer una convivencia integradora e intergeneracional. 4.- Fomentar el papel de los medios de comunicación como agentes de cambio ante el edadismo promocionando el respeto, la visibilidad, la diversidad, la realidad y la importancia de las personas en sus diferentes etapas vitales. 5.- Involucrar a instituciones y a actores sociales, con objeto de promover, tanto en el campo público como en el privado, políticas y acciones dirigidas a hacer frente al edadismo y la discriminación que conlleva. Y yo agregué algo que recordaba que había dicho San Agustín: -La esperanza tiene dos hijas queridas, la indignación y el coraje. Y las mujeres sabemos mucho de eso. Tenés razón Renata, que ninguna mujer piense en jubilarse en esta lucha, porque apenas está comenzando. Y yo voy a comenzar pateando algunos rituales domésticos que nos han enseñado que debemos repetir porque -nos dicen- dan sensación de pertenencia y construyen memoria familiar. Todo bien, pero algunos recaen solo sobre mis hombros: ¡los ñoquis del 29! Ya somos casi veinte en la familia. Yo tengo que ir al super. Comprar los ingredientes, picada y postre incluídos. Amasar toda la tarde. Poner la mesa mientras sigo pensando cómo pongo en marcha los nuevos proyectos laborales que tengo en mente. Y cómo voy a hacer para organizarme con los trámites bancarios pendientes. Y trato de relajarme para llegar en forma para el torneo de tenis de la semana. Y cuándo voy a terminar de leer los textos que estamos viendo en el taller de lectura… Suena el teléfono. Es mi hija Alicia. -¡Hola má! ¡El viernes tenemos los ñoquis del 29! -Sí, pero se acabó ese ritual en mi domicilio. Si quieren seguirlo, vamos cambiando de casa. La tuya o la de alguno de tus hermanos. Pueden ser los ñoquis o se podría cambiar el menú ¿no?.
