James Nelson- 27.03.08- En la tragedia griega, los al parecer bendecidos por los dioses se destruyen a sí mismos porque su orgullo y la desmesura que suele acompañarlo- libris- les impiden comprender que la diosa Némesis les está preparando un castigo condigno. Confiados en que el destino seguirá privilegiándolos se mantienen empecinados hasta que la aventura llega a su fin, por lo general, de manera desagradable.

Hola Bemi y Mamá:

Les mando estas ideas para el manual. Madre, tené en cuenta que las mandaron por mail o sea que están redactadas medio informalmente. Lo importante es el concepto. Besos

AgustinaBazterrica

1. EL ORIGEN DE LA GUERRA DE TROYA

2. EDIPO

3. ORFEO

4. DESTRUCCIÓN DE UNA DE LAS 7 MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO.

5. EL ORIGEN (EL NACIMIENTO DE ZEUS) 6. PROMETEO 7. PELOPE E HIPODAMÍA

8. AFRODITA

9. TESEO Y EL MINOTAURO

10. EL MARTILLO DE THOR

11. ISIS

12. EL MAR VORAZ

13. DAFNE

14. PERSEO

15. PERSEO y ANDROMEDA

16. ECO Y NARCISO

EL ORIGEN DE LA GUERRA DE TROYA

Se ha preguntado cuales han sido los motivos que tuvieron en mente Zeus y Temis cuando planearon la guerra de Troya ¿Será que quisieron hacer célebre a Helena por haber reunido pretendientes de Asia y Grecia? ¿O será que quisieron alivianar el peso que cargaba la Madre Tierra por la enorme cantidad de tribus que existían en la época? El relato es el siguiente:

Pero el origen de la contienda no se produjo en Esparta, sino en el monte Ida, en una boda a la que asistieron todos los dioses Olímpicos, la boda de Peleo y Tetis. Eris, la discordia, hija del dios de la Guerra, arrojó una manzana de oro que tenía inscripta las palabras “Para la más bella” al centro del monte, y las tres diosas que se encontraban en el lugar, Atenea, Hera y Afrodita, discutieron respecto a quien le pertenecía la manzana de oro. Para decidir la disputa, Zeus decidió que el arbitro debía ser Paris, hijo de Príamo, rey de Troya, debido a que era el hombre mas bello de todo Frigia. Ahora bien, la madre de Paris, Hécabe, cuando estaba embarazada de este, soñó que daba a dar a luz a un leño enroscado por serpientes de fuego, y los adivinos que vivían en Troya en el momento predijeron una gran catástrofe a causa de Paris. Hermes, el dios mensajero de los dioses, llevó a Paris al monte Ida, para decidir a quien le correspondería la manzana, y se presentaron las tres diosas. Paris pidió como condición que las diosas perdedoras no tomaran represalias contra el, cosa muy común en estas tres cuando un mortal las ofendía. Paris, una vez enterado de su tarea, pidió a las diosas que se acercaran una a una. La primera fue Hera, quien dijo a Paris: - Si me eliges a mi, te haré señor de todo Frigia y el Atica, con grandes triunfos y riquezas. - Yo no me dejo sobornar, señora. Bien, es todo, ahora pasa tu, divina Atenea. Atenea se acercó a Paris, diciéndole: - Si me das la manzana a mi, Paris, haré que seas el hombre mas sabio de todo el mundo, y tus hijos serán grandes héroes. Luego pasó Afrodita, quien dijo a Paris: - Apenas te he visto, Paris, me dije a mi misma, este es el hombre a quien debe pertenecer Helena de Esparta, cuya belleza, si no tan grande, es similar a la mía. Acto seguido, y viendo el interés de Paris, Afrodita mostró a Paris la imagen de Helena en el manantial que se hallaba en el monte, y en seguida quedó cegado en su pasión hacia ella. Dijo a Afrodita: - Pero... ¿Cómo podría ser, si es una mujer casada? - Vaya, pero que ingenuo eres, ¿acaso no sabes que estos asuntos son mi especialidad? Ve a Esparta con mi hijo, Eros, el hará que Helena enloquezca de amor por ti. Paris entregó la manzana a Afrodita. Días después, Paris se presentó en Esparta, ahora bajo el reinado de Agamenón, como representante del reino de Troya, y ofreciendo su ayuda para nuevas campañas de Esparta.

Al darse cuenta de esta traición, Menelao pidió a su hermano Agamenón su ayuda para ir a rescatar a Helena. Así, todo el ejército de Esparta y el Atica partió rumbo a Troya, a iniciar la mayor guerra que hubiera podido soportar la Madre Tierra, que culminó con la muerte de grandes héroes, como Aquiles, y la destrucción de la una vez grande Troya.

EDIPO

Layo, hijo de Labdaco, gobernó en el reino de Tebas, a unos 300 kilómetros de lo que sería actualmente la ciudad de Atenas. Casado hacía años con Yocasta, Layo lamentaba con pesar que su amada esposa no le hubiera dado hasta el momento un hijo varón que lo sucediera en el reino de Tebas, por lo que consultó al oráculo de Delfos, en el cual la Pitonisa le dijo que esta desgracia era en realidad una bendición, ya que cualquier hijo varón nacido de Yocasta sería un asesino. Ante esta revelación, Layo repudió a Yocasta, la que se sintió enormemente ofendida. En la fiesta de los triunfos de Tebas, Yocasta esperó a que Layo se emborrachara, y aprovechó la ocasión para que volviera a sus brazos. Nueve mese después Yocasta dio a luz un hijo, el cual fue arrebatado por Layo, quien taladró los pies del pequeño y lo abandonó en los bosques de las afueras de Tebas, esperando que lo matara la jauría. Para su desgracia, el niño fue encontrado primero por un pastor del lugar, quien lo llevó a su casa. El pastor llamó al niño Edipo, por la deformidad que tenía en sus pies. Junto a su esposa, Polibea, ambos pastores criaron a Edipo, quien pasado el tiempo se había convertido ya en un hombre, cuando un amigo le dijo un día que no tenía ningún parecido con sus padres. Esto era una gran verdad, por lo que Edipo fue a consultar al oráculo a que se debía tales diferencias físicas con sus padres. En Delfos, Edipo fue atendido por la Pitonisa, quien apenas verlo le dijo: - Vete, desdichado, matarás a tu padre y te casarás con tu madre. Edipo, afligido, decidió que no volvería nunca a su hogar, ya que amaba a sus padres. Ahora bien, a unos metros de distancia, Layo se dirigía a Delfos a preguntarle a la Pitonisa que podía hacer con la Esfinge, que atormentaba a los Tebanos. Al cruzarse con Edipo, Layo le dijo que se inclinara ante él. Edipo, ante tal petición, le respondió que no se inclinaría ante nadie que no fueran los dioses ni sus padres. A tal respuesta, Lato ordenó a uno de sus guardias, Polifontes, que matara a Edipo. Al intentar hacerlo, Edipo, quien era superior físicamente a Polifontes, le arrebató la espada y lo mató. Luego arremetió contra Layo, matándolo de una estocada. La Esfinge era una criatura con cabeza de mujer, cuerpo de león, alas de águila y cola de serpiente. Algunos dicen que era hija de Equidna y Tifón, otros que era hija de la gorgona Medusa. Habría volado de Etiopía hasta Tebas, donde atormentaba a los tebanos en la entrada de la ciudad haciendo una pregunta que le habían enseñado las tres Musas, que era la siguiente: -¿Qué ser tiene a lo largo de su vida cuatro pies, luego dos pies, luego tres pies, y es más débil mientras más pies tiene? Al que no podía resolverlo, la Esfinge estrangulaba y devoraba. Hasta ahora nadie lo había hecho. Al entrar Edipo a Tebas, la Esfinge le hizo la pregunta, y Edipo la contestó: Es el hombre, dijo, porque primero gatea, luego camina en dos pies y en su vejez se apoya en un bastón. La Esfinge, al ver que habían resuelto su acertijo, se arrojó del acantilado donde estaba sentada y se despedazó. El pueblo de Tebas coronó a Edipo ante la salvación de la que había provisto, y Edipo se casó con Yocasta, sin saber que era su madre. Así pasaron los años, y Edipo y Yocasta tuvieron una hija, ANTÍGONA. Un día, el viejo adivino Marcias se presentó ante el rey, ya que Edipo había concertado una entrevista para que le dijera por que su reinado estaba pasando tal hambre, debido a la escasez de sus cosechas. Marcias, apenas vió a Edipo, se desesperó, y en un estado de locura contó toda la verdad en el palacio. Yocasta, ante la vergüenza de haberse casado con su propio hijo, se suicidó arrojándose desde el mismo acantilado del que lo hubiera hecho la Esfinge. Edipo tampoco pudo soportar la verdad, y se cegó con alfileres de su madre. Abandonó el reino que le correspondía por herencia, atormentado por las Erinias, seres similares a las arpías que se dedicaban a castigar a los parricidas. La única que acompañó a Edipo en el resto de su vida fue su hija, Antígona.

ORFEO

Orfeo, quien algunos dicen era el hijo de Lábdaco, y otros hijo de Hermes, tenía el don de manejar los instrumentos musicales con la gracia de los mismos dioses, hasta llegar a encantar a los arboles y animales cuando pasaba, que seguían su melodía divina. Aún así, una noche en tocaba en la isla de Pafos para sus amigos, se atrevió a afirmar que en su manejo de la lira era mejor que Apolo mismo, el dios de la música y de las artes en general. Ante este agravio, Apolo lo maldijo. La inspiración de Orfeo era su amor por Eurídice, con quien estaba a punto de casarse, de quien se decía que su belleza rivalizaba con la de la misma Afrodita. Un día, Eurídice estaba recogiendo flores en los bosques de Lesbos, cuando el príncipe Ayante la vió y quedó cultivado ante su hermosura. Su locura fue tal que intentó secuestrarla. Eurídice corrió desesperadamente, sin ver que en su camino se encontraba una serpiente, a la que pisó. Fue mordida. Eurídice murió. Cuando Orfeo se enteró de esto, enloqueció de ira y mató al mismo príncipe de Lesbos, por lo que vivió como prófugo el resto de su vida. Orfeo haría todo para recuperar a Eurídice, hasta entrar en el mismo Hades, el mundo subterráneo de los muertos. Para ello debía cruzar el río Estigia, que comunicaba el reino de los vivos con el de los muertos. En la entrada a la caverna que comunicaba con el río Estigia se encontraba como guarda el perro de tres cabezas CERBERO, que devoraba a todos los que intentaban entrar el reino de los muertos. Orfeo toco su lira y encantó a Cerbero de una forma tal que el mismo fue su custodia en todo el camino hasta orillas del Río Estigia. Lo mismo hizo con CARONTE, el barquero de los muertos. Así fue como Orfeo llegó al reino de los muertos a recuperar a Eurídice. Ahora Orfeo debía enfrentar al mismo HADES, dios de los muertos. Cuando llegó frente al trono de este y de su esposa PERSÉFONE, tocó con tal pasión por recuperar a su amor que ablandó el corazón de Perséfone, aunque no el de Hades. Ante la insistencia de Perséfone, Hades permitió que Eurídice abandonara el reino de los muertos junto a Orfeo, pero solo con una condición, que mientras emergía a la superficie Orfeo no mirara hacia atrás. De lo contrario la perdería para siempre. Y así emergieron los dos todo el camino desde el mundo subterráneo. Pero cuando estaban a punto de llegar a la superficie, Orfeo miró hacia atrás para ver si su amada lo seguía. Eurídice desapareció para siempre. Orfeo no pudo soportar la pérdida, y enloqueció. Maldijo a todos los dioses, y vivió como un pendenciero durante años. Un día maldijo a la misma Afrodita, por jugar con su amor, quien entró en ira ante tal injuria. Entre los numerosos amantes de Arodita se encontraba Dioniso, dios del vino. Convenció al dios a que enviara a las Ménades a matar a Orfeo, las que una noche, mientras dormía, decapitaron a este último. Apolo se sintió culpable de la desgracia de Orfeo, por lo que guardó su cabeza en el templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo. La leyenda dice que hoy pueden escucharse los lamentos de Orfeo.

DESTRUCCIÓN DE UNA DE LAS 7 MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO.

Grecia fue invadida por los turcos a principios de siglo. Estos entraron en guerra con Venecia. Los turcos fueron tan sensibles (perdón por los toques subjetivos) que transformaron al Partenón en una base de municiones. El Partenón era el templo mas importante de Atenas, establecido al pie de la Acrópolis ( punto mas alto de la ciudad en el que se discutían los temas políticos). Dentro del Partenón se hallaba una de las siete maravillas del mundo antiguo. Esta era la estatua de oro de 12 metros de la diosa Atenea, patrona de Atenas. La leyenda dice que los barcos mercantiles se guiaban por el brillo de la lanza de oro que la estatua de la diosa de la sabiduría generaba. Tarde o temprano Grecia iba a ser invadida. Venecia bombardeó el Partenón, estallando las municiones que se encontraban dentro de él. De lo poco que quedaba en pie de la estatua de Atenea, los turcos se lo llevaron a su país natal a fin de su fundición. Otra historia es la de lo mármoles del Partenón. Estos representaban la lucha entre Atenea ( o Minerva) y Poseidón ( o Neptuno) por el patrocinio de la ciudad de Atenas. Los dioses del Olimpo formaron un tribunal a fin de determinar quien iba a ser el ganador. Establecieron que sería el que otorgara a la ciudad el mejor atributo. Poseidón ofreció la lanza, a fin de ser utilizada en la guerra. Atenea ofreció el laurel, símbolo de la sabiduría. La ganadora fue Atenea, por lo que la ciudad comenzó a llamarse con su nombre.

EL ORIGEN (EL NACIMIENTO DE ZEUS)

Al principio, no existía absolutamente nada, solo el Caos. Pero nosotros no podríamos comprenderlo. Si solo pudiéramos abrir nuestras mentes y entender ese inconcebible hecho, sería el último pensamiento racional que tendríamos. Entonces, hace tanto tiempo que nadie sabe como ni porqué, surgió desnuda del centro mismo del caos Gea, la Madre Tierra. Era joven y hermosa, pero sufría de una eterna soledad. De pronto surgió Urano, el inmenso y majestuoso cielo de la noche, y se produjo el primer acto de creación. La Tierra se enamora del Cielo.

De la unión de Gea y Urano también surgieron los Titanes, los primeros seres míticos que gobernarían la tierra. Liderados por Cronos, existía un titán y una titánide por cada astro planetario. Ese fue el origen de los planetas y demás astros. Aunque sangre de su sangre, Urano odiaba a los titanes, y los confinó al Tártaro, prisión subterránea en el centro mismo de la tierra. Se dice que un yunque tarda nueve días y nueve noches el caer a este infernal lugar. Gea, ofendida respecto a cómo habían sido tratados sus hijos, quiso vengarse de su marido, por lo cual ideó un plan. Liberó al mayor de sus hijos, Cronos, y lo armó con una hoz de pedernal. Cronos, mientras su padre dormía, se le acercó y lo mutiló. Había castrado a su padre. Urano corrió huyendo de su propio hijo, y de su sangre derramada surgieron los Gigantes y las tres Erinias, seres similares a las Harpías que castigan a los autores del delito de parricidio. De la sangre de Urano que cayó al mar surgió la diosa del amor, Afrodita. Desde ese día los Titanes gobernaron el universo. Cronos, que pasó a ser su líder, desposó a la titánide Rea. Centurias mas tarde, Gea predijo que cualquier hijo de Rea destronaría a su padre, y Cronos, temiendo que la historia se repitiera, devoró a todos y cada una de los hijos que su esposa le daba. Rea, desconsolada al ver que no podría tener nunca un descendiente, ideó un plan para engañar a Cronos, justo en el momento que estaba por dar a luz a su nuevo hijo, a quien pensaba llamar Zeus. Luego de dar a luz, escondió al niño Zeus en la isla de Creta, y le entregó a Cronos una piedra envuelta, la que Cronos devoró. Zeus fue criado en la isla de Creta por una cabra, llamada Amaltea. En recompensa, cuando creció, Zeus puso la imagen de Amaltea entre las constelaciones. Cuando Zeus creció y se convirtió en un adulto, se dirigió a enfrentarse a su padre, en una guerra que duraría 10 años. El vencedor fue Zeus, y Cronos, derrotado, devolvió a todos sus hermanos, quienes eran Poseidón (o Neptuno), Hades, Démeter, Hestia y Hera. Ese fue el origen de los primeros dioses, quienes confinaron a los titanes en el Tártaro, luego de una guerra que duró largos años. Zeus se proclamó dios de todos los cielos, e hizo que lo llamaran padre de los dioses. Hades ocupó el mundo subterráneo, mientras Poseidón se convirtió desde entonces el rey de los mares. Hera fue desde entonces la diosa patrona de la institución del matrimonio, y su hermana Hestia del fuego hogareño Los dioses ocuparon el monte Olimpo, y reinaron en una nueva era.

PROMETEO

Los dioses crearon al hombre a su semejanza, moldeándolo en barro y fuego. Luego le dieron un soplo de vida. Lo mismo hicieron con todo el resto de las especies que habitan la tierra. Pero a la hora de distribuirle los dones a todos los seres, se dieron cuenta que pasaban todo su tiempo en el Monte Olimpo, dentro del Palacio real, donde todo lo que no puede ser es, y no tenían idea de las necesidades que pudieran tener que enfrentar estos seres en el mundo de los mortales. Por eso Zeus, el padre de los dioses, acudió a los hermanos Epidemeo y Prometeo, hijos de los Titanes, para que les dieran los dotes necesarios tanto a los animales como al hombre. Epidemeo, quien no era conocido por su inteligencia, precisamente, insistió a Prometeo en hacer toda la labor el mismo, lo que Prometeo concedió. Epidemeo dio alas a algunos seres para volar, pieles belludas y grasosas a otros para protegerse del frío, fuerza en las patas a otros, garras, etc. Cuando Prometeo vio el trabajo terminado, observó que Epidemeo había atribuido un don a todos los seres, excepto al hombre, quien estaba desnudo y desprotegido frente al frío. Por lo tanto, Prometeo obsequió el fuego a los mortales. Un día, se originó un debate en el Olimpo acerca de que parte debía entregarle a los dioses en los sacrificios, si los huesos y la grasa o la carne de los animales. Prometeo le propuso un trato a Zeus para decidir la cuestión. Zeus debería decidir entre dos sacos, y según que le tocara se decidiría la cuestión. Prometeo puso en un saco los huesos y la grasa del cordero sacrificado, mientras que en otro saco puso la carne. Zeus, al ver que el primer saco tenía mayor volumen, lo eligió. Cuando vió su contenido, estalló en ira, y gritó: - Que la coman cruda!. El eco de su grito resonó durante 6 días. Prometeo, al ver a su querida humanidad sufrir el frío nuevamente, subió al Olimpo a escondidas y robó el fuego, entregándoselo a los hombres nuevamente. Zeus, al enterarse de tal traición condenó a Prometeo a ser colgado en la cumbre del Cáucaso, donde cada noche un águila lo atacaría noche tras noche, comiéndole el hígado. Este le crecería durante el día solo para ser comido en la noche por una nueva águila. Pero la ira de Zeus no había terminado. Hizo que Hefestos, el dios herrero, moldeara a una mujer con barro y agua, y ordenó a todas las diosas para que le dieran sus dotes. Afrodita le dió belleza, Atenes sabiduría, y así siguieron todas. Esta mujer, la primer mortal, se llamó PANDORA (“todos los regalos”). Pero faltaba el último “don”. Zeus le confirió una gran maldad. Antes de ser enviada a la tierra, entregó a Pandora una caja, y le dijo: - Ahora vas a ser guardiana de los secretos de esta caja. Pero nunca, nunca, la abras. Y así se dirigió al mundo de los hombres. Así pasaron los días, y Pandora se casó con Epidemeo. Mas allá de lo que Zeus le había dicho, Pandora no pudo resistir la curiosidad, y abrió la caja. En la misma se encontraban todos los males que hoy en día azotan la humanidad: el hambre, las guerras, la hipocresía, la violencia, y todos los que nos podamos imaginar. Pero última, al fondo de la caja, surgió Eltis, la esperanza.

PELOPE E HIPODAMÍA

Enómao, rey de Pisa, era hijo de Ares, dios de la guerra. Se dirigió un día al oráculo de Delfos a preguntar al dios Apolo que le deparaba el destino a su reino. La pitonisa informó a Enómao que su reino gozaría de grandes triunfos, pero siempre que observare que su hija, Hipodamía, nunca se casara, ya que en ese caso sería muerto por su yerno. Ante tal revelación por parte del oráculo, Enómao ideó un plan. Todo pretendiente de Hipodamía debería competir con él en una carrera de caballos que comenzaría en Olimpia, frente el templo de Zeus, y terminaría en el canal de Corintio. Si el pretendiente ganaba, Hipodamía sería suya. Si perdía, sería muerto bajo la mano de Enómao. Hipodamía debería ir en el carro del pretendiente, con el objetivo de distraer la atención del respectivo competidor. Aunque Enómao les daría una ventaja de media hora, estaba en ventaja, debido a que su carro era tirado por caballos regalados por su padre, el dios de la guerra. Estos caballos eran los más rápidos que se hubieran podido encontrar en la época. De esa manera, Enómao dio muerte a gran cantidad de pretendientes, cuyas calaveras ocupaban toda la entraba a Pisa. Un día, este rey se jactó de que construiría con calaveras un templo dedicado a Ares, lo que horrorizó a los dioses. Ahora bien, Pélope era un joven príncipe que había heredado el reino de Paflagonia de su padre. Aún así, poco después de tomar su reinado, fue expulsado de Paflagonia por los bárbaros, por lo que se marchó con sus seguidores en búsqueda de nuevo hogar. Pélope era protegido de Posidón, dios del mar, quien le dijo que su hogar estaría en Pisa, y su esposa debía ser Hipodamía. Como Pélope conocía el destino que tendría de pretender la mano de Hipodamía, al principio se resistió a la idea, pero Posidón luego lo convenció, otorgándole un carro tirado por caballos alados, que podrían tirar del carro tanto por mar como por tierra. Aún así, Enómao seguía con ventaja. Por lo que Pélope convenció a Mirtillo, guardia personal de Enómao, a que traicionara a su amo. Si hacía esto, Pélope le prometía entregar una noche a Hipodamía. Mirtillo, que se había enamorado de Hipodamía, aceptó. Traicionó a su amo y aflojó las uniones del carro de Enómao. Apenas comenzaron la carrera, el carro de Enómao se desprendió de sus ligas, por lo que éste cayó y murió arrastrado por sus caballos. Pélope era el nuevo rey de Pisa. Luego de que Pélope e Hipodamía se hubieren casado, Mirtillo reclamó su paga por la traición a su amo. Pélope aparentó estar de acuerdo. Le pidió a Mirtillo que lo acompañara a buscar agua para su esposa, a lo que Mirtillo accedió. Apenas se encontraron en el risco del monte Ptía, Pélope arrojó de un puntapié a Mirtillo al mar, quien antes de hundirse, maldijo a Pélope. Así fue que Pélope e Hipodamía gobernaron Pisa, y extendieron su reino en gran proporción. A todo su reino le llamaron PELOPONESO.

AFRODITA

El origen de Afrodita se remonta a la batalla en la que Urano fue castrado por su propio hijo. De la sangre de los genitales de Urano que cayó al mar surgió Afrodita desnuda, quien inmediatamente fue vestida y atendida por una serie de ninfas que formaban su séquito. Vivió en la isla de Pafos, hasta que se cansó de este pequeño lugar, y decidió unirse a sus hermanos en el Olimpo. Afrodita es la diosa del amor, de la belleza, de la pasión desencadenada. Siempre se jactaba de que podía jugar con las pasiones, tanto de los mortales como de los dioses, y siempre usaba su ceñidor mágico, que hacía que todo el que la viera se enamorara de ella. Especialmente la divertía el ver como podía influir en el mismo Zeus para que tuviera aventuras con incontables mujeres mortales, y pudiera divertirse con los celos que estos generaba en Hera, su esposa. Pero no hay que subestimar a Afrodita, ya que es quizá la diosa más poderosa de todas, teniendo bajo su control el arma que domina en mayor o menor medida la razón de los dioses y mortales, la pasión. Hay que recordar que fue ella quien generó la guerra de Troya. Ahora bien, Zeus y Hera tuvieron un hijo, llamado Hefestos, el dios herrero, pero Hera, al ver que había dado a luz a un hijo de tal fealdad, lo arrojó desde el Olimpo a la tierra. Allí lo atendieron una serie de ninfas, quienes lo cuidaron hasta que se recuperó, pero Hefestos quedaría cojo para toda la eternidad. Hera, arrepentida de lo que había hecho a su propio hijo, dio a Afrodita en casamiento con Hefestos. La diosa del amor, aunque casada con Hefestos, otorgó sus favores a varios mortales y dioses. Pero su principal amante era Ares, el inestable y violento dios de la guerra. Aunque de un carácter violento y amante de las matanzas, Afrodita sentía una gran atracción por Ares por su belleza. Hefestos, harto de las infidelidades de su esposa, tramó un plan. Le dijo que estaría ocupado unos días en Lemnos atendiendo unos asuntos. Afrodita, apenas su esposo se retiró, llamó a Ares, quien acudió velozmente a los brazos de Afrodita. Hefestos había fabricado una red tan fina como una telaraña, pero que era irrompible. Los amantes, apenas se recostaron en el lecho de la diosa, se vieron atrapados ante estas redes. Todos los dioses se dirigieron a ver que pasaba debido a los gritos de Afrodita (las diosas prefirieron quedarse en sus aposentos por pudor). Al ver a la diosa desnuda, Hermes se enamoró de ella, y lo mismo le sucedió al dios del mar, Posidón, quien intercedió por ella para que su marido la liberara. Y así fue. Afrodita volvió a Pafos para renovar su virginidad, mientras que Ares se dirigió a Tracia, donde moran belicosos guerreros. Nuestro personaje principal también tuvo amoríos con Hermes, con quien tuvo un hijo que poseía ambos sexos, llamado Hermafrodito. Hera censuró la promiscuidad de Afrodita, y maldijo al hijo que tuvo con el dios del vino, Dionisio, dándole un aspecto obsceno. Este se llamó Príapo, el dios de la fertilidad.

TESEO Y EL MINOTAURO

Centurias atrás reinaba en la isla de Creta Minos. Este se enfrentó al rey de Atenas, llamado Egeo, y lo derrotó en combate. Atenas pasó a depender entonces de las decisiones tomadas por Minos. Ahora bien, Minos exigía a Atenas como pago anual siete jóvenes varones y siete mujeres a fin de ser sacrificados para alimentar al minotauro. Esta criatura, con cabeza de toro y cuerpo de hombre, era el resultado de las relaciones tenidas por la mujer de Minos, Pasífae, con un toro. Algunos dicen que Afrodita se había enfadado con Minos porque no la honraba como debía, por lo que hizo que su mujer tuviera esa perversa atracción. Ante esto, Pasífae, la esposa de Minos, pidió al gran constructor y escultor Dédalo, que construyera una gran vaca de madera, donde la extraña pareja podría consumar su atracción. Cuando Minos se enteró, su corazón se encegueció de cólera, por lo que intentó ejecutar a Dédalo. Pero este tomó a su hijo Icario y escapó con él con grandes alas de águila que había construido. Pero Icario se acercó mucho al Sol, por lo que la cera con la que Dédalo había construido las alas se derritió y Icario cayó al mar. Desde ese día el mar donde Icario murió pasó a tomar su nombre. De la relación de Pasífae con el toro nació el Minotauro, y Minos, lleno de vergüenza, escondió al Minotauro en un gran laberinto, obra de Dédalo. Cada año debía alimentar al minotauro con los jóvenes que exigía de Atenas. Mientras tanto, en Atenas crecía el príncipe Teseo, quien, cuando llegó a la mayoría de edad, y luego de ser reconocido por sus proezas y grandes hazañas, le dijo a su padre que se uniría al último envío de jóvenes a Creta. Luego de innumerables discusiones, Egeo aceptó la empresa que su hijo se había propuesto. Le dijo a la tripulación antes de partir a Creta que si Teseo salía con vida, que izaran banderas blancas en reemplazo de las negras que llevaba el barco. El barco ateniense llegó a Creta. Allí estaba Minos, con su hija Ariadna. En ese momento Afrodita obró un milagro. Al bajar los jóvenes atenienses, Ariadna vió a Teseo y se enamoró de él. Teseo advirtió esto, por lo que, por la noche, burló la vigilancia de los soldados cretenses y escapó a la habitación de la princesa Ariadna, a quien le pidió su ayuda para escapar del laberinto una vez que entrara en él. A la mañana siguiente, los jóvenes fueron llevados a la entrada del laberinto para ser sacrificados. Teseo se ofreció para ser primero. Ariadna, disfrazada de campesina, se encontraba junto a él. Le dio a Teseo un ovillo, del cual tomó el extremo del hilo, a fin de que Teseo formara con el mismo el camino que le facilitaría llegar a la salida. En el laberinto, Teseo, luego de una sangrienta lucha, logró matar al minotauro con un cuchillo que, según algunos, le había regalado Hércules, según otros, Poseidon. Luego de salir del laberinto, corrió antes que nadie se diera cuenta a romper las bases de los barcos cretenses para que nadie pudiera seguirlo, a Ariadna y a los jóvenes atenienses, y recibió para esto la ayuda de los sirvientes de Ariadna. Así lograron escapar Teseo y sus acompañantes. Pero nadie se había acordado de cambiar las velas del barco. Egeo, que subía a la acrópolis todos los días para ver si su hijo volvía con vida, vio al barco que traía a su hijo acercarse, pero que este llevaba velas negras. Sumido en la depresión, Egeo se arrojó al mar, el cual desde ese día se llama como él.

EL MARTILLO DE THOR

Mas allá de los cielos que cubren la Tierra, se levanta el país de los dioses, llamado Asgard. Existen dos familias de dioses, la de los Ases y la de los Vanes. Los dioses viven en un eterno festejo en el palacio del tuerto Odín, el autoproclamado padre de todos los dioses. Para llegar a Asgard solo existe un camino, del color del arco iris, llamado Bif-Rost, Pero ningún mortal, elfo o gigante puede transitar por ese camino sin previa autorización de los dioses de Asgard, ya que el que intentara hacerlo moriría icinerado. Los dioses viven en una eterna lucha contra los gigantes, que viven mas allá de la tierra de los mortales, en un país llamado Jotun-Heim. El rey de los gigantes, Trhym, había jurado venganza contra los dioses de Asgard, debido a la muerte de su padre, el dios Ivalde, a manos de Odín. Y la tramó de la siguiente forma. Un día Thor, el dios del trueno, y el mas poderoso de los dioses, volvía con su tío Loki de Jotun-Heim, y, cansados por el viaje, se tumbaron para dormir. Muy inquieto estaba el dios del trueno cuando se despertó, porque no podía encontrar a su martillo encantado, el arma mas poderosa de los dioses, y el miedo le invadía mientras buscaba por todas partes. Sin su martillo no tenía poder para luchar contra los gigantes. Cuando Loki despertó, le dijo: -Escucha, y te diré lo que nadie sabe ni en la tierra ni en el cielo. El martillo encantado Mjollnir ha sido robado. Rápidamente se dirigieron a Asgard a la morada de la bella Freyja, la diosa de la fertilidad. Thor habló bruscamente y le dijo : - Puedes prestarme tu disfraz de halcón? . Mi martillo ha sido robado y tengo que recuperarlo. Freyja le dio voluntariosamente su disfraz, y Thor se lo dio a su vez a Loki, quien sobrevoló por las costas de Jotun-heim buscando el martillo encantado. Loki era el dios de la maldad, y en el futuro llevaría a los dioses al ocaso, pero estaba en deuda con Thor, por lo que lo ayudó en esta travesía lealmente. No paró ni descansó hasta que llegó hasta una alta montaña en la que estaba sentado descansando Trhym, el rey de los gigantes. Cuando contempló a Loki le dijo : - Cómo les va a los dioses y cómo les va a los elfos? Para que has venido a estas costas? . Loki respondió : - Mal les va a los dioses y mal les va a los elfos. Has escondido tú el martillo de Thor? - Si, en realidad lo he hecho. Y no pienso devolverlo hasta que no me sea entregada la bella Freyja como esposa. Mientras tanto, Thor se debilitaba sin su martillo encantado, y cuando Loki le contó lo que le había dicho el gigante, juntos corrieron a la morada de Freyja. Allí, exclamó Thor: "Rápidamente debes ponerte tu vestido nupcial, y juntos iremos a Jotun-heim". Freyja estalló de ira y se negó a tener tan denigrante destino. Por lo cual, Thor llamó a los dioses a una asamblea para resolver la cuestión. Allí, Heimdall, el dios brillante, habló con conocimiento y astucia, y aconsejó lo siguiente: - Que Thor se vista con las ropas nupciales de Freyja y que también se ponga su gran collar, que le da belleza a quien lo porta". Pero Thor protestó y declaró que los dioses se reirían de él si se vestía de mujer, por lo que Loki dijo : - Bien sabes que si no encontramos tu martillo los gigantes invadirán Asgard y construirán aquí su castillo de hielo. Luego de que todos los dioses dijeran cosas similares, Thor aceptó, y Loki lo acompañó vestido de sirvienta. Juntos partieron a Jotun-heim. Cuando llegaron, Trhyn preparó un gran festín, y a la mesa se sentaron Thor ( o Freyja, según pensaba Trhym) y Loki, que era "la sirvienta". Thor tenían mucho hambre, y se comió un buey, ocho salmones, y todos los dulces que se había preparado para las doncellas gigantes. Asombrado Trhym le contempló, y dijo: -Alguna vez han visto una novia tan hambrienta?. Loki, el astuto, temiendo que Thor fuera descubierto, dijo : - Freyja deseaba venir tanto a Jotun- heim que ha ayunado durante ocho días. A lo que Trhym estuvo muy complacido de escuchar. Luego intentó levantar el velo de la novia para darle un beso, pero Thor apartó su cara, y Trhym exclamó: - Por que son los ojos de Freyja tan fieros y brillantes? Parecen brillar como el fuego. Loki volvió a contestar : - Es que tanto deseaba Freyja venir a ti a Jotun-heim que no ha dormido durante ocho noches. Es por ello que sus ojos parecen hechos de fuego. Entonces, Trhym decidió que se celebrara allí mismo la boda. Pero Loki afirmó que antes, como prueba de su amistad a los dioses Asa, le diera como regalo de bodas a Freyja el martillo encantado de Thor. El rey de los gigantes accedió, y puso a Mjollnir en la falda de "Freyja-Thor". Al ver su martillo en sus manos, Thor asumió su verdadera forma, blandió al martillo Mjollniry saltó sobre el rey Trhym, a quien mató aplastándole su cabeza. Luego convocó al trueno, y mató a todos los gigantes que se encontraban en el lugar. Luego de la devastación, el dios del trueno volvió con Loki a Asgard, a contar su aventura al resto de los dioses.

ISIS

La gran diosa Isis, madre de todas las cosas, patrona de la verdad y de la justicia, nació en Menfis, la ciudad centro donde se unen el Alto y Bajo Egipto. Sus padres fueron, según el historiador Plutarco, Rea y Cronos. Rea había quedado encinta de dos niños, Isis y su hermano Osiris. Ya desde el seno materno, Isis se enamoró de Osiris, y cuando salieron a la luz, se casaron, pasando a iniciar una tradición que se convertiría en milenaria entre faraones y reinas. El casamiento entre hermanos. Osiris representaba al Sol, Isis a la Luna, y su convivencia generaba la armonía entre los poderosos rayos del sol y la tenue luz de la luna. Juntos reinaron el universo, trayendo consigo paz y prosperidad a los hombres. Tuvieron un hijo, el dios Horus, que tenía cabeza de águila y cuerpo de hombre. Horus pasó a ser el dios de la guerra, por lo que se relatará a continuación. Egipto florecía bajo el reinado de la familia real. Pero Osiris tenía un hermano mayor, el dios Seth, dios del fuego que hace arder las arena del desierto. Seth poseía una gran maldad, y deseaba con gran pasión a Isis. Osiris comunicó a su esposa que partiría a conquistar la India, mas con la diplomacia que con la violencia, que no era característica suya. Seth aprovechó la ausencia de Osiris para acercarse a Isis. La gran diosa rechazó las insinuaciones de Osiris, pero no quiso comentarle nada a Osiris, a fin de no comenzar una guerra entre deidades que acarrearían, como siempre, gran destrucción en la humanidad. Osiris volvió triunfante de la India, y su primera noticia en su ausencia fue una invitación de su hermano a una cena en su palacio. Al día siguiente, Osiris concurrió a tal cena. Había un gran banquete en el palacio de Seth. Todo cocurrió normalmente, hasta que al final de la cena Seth mostró a Osiris un ataúd de oro de gran valor, y le dijo que lo regalaría al que cupiese en el. De esta manera, convenció a Osiris a probar el ataúd. Cuando Osiris entró al mismo, Seth lo cerró y lo arrojó con el dios del sol al Nilo. Isis, al enterarse de ello, lloró de forma tal que el Nilo creció. Es por ello que el río crece anualmente, bañando las costas de Egipto y dándole su riqueza. Asi se originó una búsqueda por el lado de Seth e Isis del ataúd de Osiris, uno para rematarlo, la otra para recuperar a su marido. Esa búsqueda fue, desgraciadamente, fructífera para Seth. Osiris yacía inconsciente en su ataúd, y para que no fuera mas un obstáculo en su pasión hacia Isis, cortó a su hermano en pedazos, y desparramó sus restos por todo Egipto. Isis, desconsolada, mandó a su hijo Horus a buscar los restos de su padre, e erigió un templo dedicado a este en cada uno de los lugares en que sus restos se hallaron. Luego reunió a sus tropas, las puso a cargo de su hijo, e inició una terrible guerra contra Seth, de la que resultó victoriosa. Seth huyó hacia Grecia, y se convertiría en enemigo de los dioses Olímpicos, que tenían simpatía hacia Isis. Horus se convirtió en el dios de la guerra, e Isis, en la diosa más importante del reino egipcio. Osiris pasó a convertirse en una deidad que representaba en círculo de los hombres con el mas allá. A él le rendirán cuentas los hombres en la hora de su juicio final.

EL MAR VORAZ

Ra era el mas poderoso de todos los dioses del panteón egipcio. Representaba el poder del sol mismo, y cuando se enojaba hacía arder las arenas del Alto y Bajo Egipto. En el comienzo nada existía, solo el Caos, y en el medio de este inconcebible hecho solo una cerrada flor de loto, dentro de la que estaba recluido el creador. Cansado de su encierro, se alzó y creó la luz en medio de las tinieblas. Y su cuerpo brilló como una inmensa bola de fuego, que quedó encendida por toda la eternidad. Era el creador de la vida, y de su boca fueron pronunciadas las palabras que crearon a la Tierra (Geb) y a Nut (el Cielo). Ra prometió a casar a la Tierra con el Cielo. La Tierra, agradecida, alabó a Ra, dando a todos sus territorios del Alto y Bajo Egipto prosperidad en las cosechas. Entonces el Cielo abrazó a la Tierra en su plenitud. Esto provocó la ira del Mar, quien también deseaba a la Tierra, por lo que se dirigió al palacio de Ra pedir en matrimonio a la Tierra. En tal situación, Ra decidió colocar como regalo de bodas un gran trono en la tierra que se extendía hasta el Cielo, y determinó que cualquier ser que pudiera llegar hasta la cima del trono tendría a la Tierra como esposa. Asi, el Mar se alzó inconteniblemente a fin de llegar a la cima del gran trono creado por Ra, arrasando todo lo que se interponía en su camino. Esto preocupó a los dioses, quienes se reunieron en asamblea para determinar una solución. Allí, Thot, el dios de la sabiduría con cabeza de ibis y cuerpo de hombre, propuso que Ra diera a su hermosa hija Astarté, diosa de la belleza, en matrimonio con el Mar. Y así fue dispuesto. Astarté ese entregó desnuda al Mar, quien, conforme con lo dispuesto por Ra, retrocedió sus aguas al punto en el que hoy forman la orilla en la Tierra. Entonces la humanidad volvió a vivir tiempos de paz, y el faraón podía administrar sus prósperas tierras. Pero esta paz solo duró hasta el día en que el Mar reclamó su regalo de bodas, y envió a Astarté a trasmitirle a los dioses su exigencia. El Mar exigía el peso de la tierra en oro, y fue indescriptible el horror que produjo tal exigencia en los dioses. Por mas que llevaran sus esfuerzos al límite, nunca podrían cumplir con tal petición, por lo que negaron otorgar tal regalo de bodas. Todos los dioses: Ra, Osiris, Isis, Horus, Seth, Hatok, y el resto del panteón ofrecieron al Mar toda serie de presentes, pero este no se contentó. Arrasó todo lo que encontró en la Tierra hasta llegar a saciar su sed de destrucción. La Tierra quedó cubierta por las olas, y toda la humanidad pereció. Esto generó la ira de Seth, quien comenzó a dar golpes de gran poder al mar, haciéndolo retroceder con gran velocidad. De esa forma hizo que el diluvio culminara, pero la humanidad pereció. Ra lloró la pérdida de su creación. De pronto, de sus lágrimas nació una nueva especie, una nueva humanidad, que amaba la paz y honraba debidamente a los dioses, los nuevos hijos de Ra.

DAFNE

Apolo era el majestuoso dios de la luz del sol, de la poesía, la música y de todo aquello que enriquece el alma del hombre. El primer amor de Apolo fue Dafne. Mas este amor no surgió casualmente, sino por la malicia de Eros, mas conocido por algunos como Cupido. Apolo vio un día al niño jugando con su arco y sus flechas y, orgulloso por su reciente triunfo sobre la mortífera serpiente gigante Pitón, dijo a Eros: -¡Que tienes que hacer tu con peligrosas armas, niño insolente!. Déjalas para las manos que sean dignas de ellas, como las del que acaba de triunfar sobre la vasta serpiente que extendía su venenoso cuerpo sobre toda la planicie -. Escuchando estas palabras, el hijo de Afrodita dijo : - Tus flechas pueden herir a todo ser mortal, gran Apolo, pero las mías pueden herirte a ti -. Y diciendo esto, Eros se marchó al monte Parnaso, donde preparó dos de sus mágicas flechas, una para atraer al amor y otra para alejarlo. Preparó su arco, y dirigió la primera de ellas al corazón de Apolo, mientras que la segunda fue dirigida al de la ninfa más hermosa que existía en aquel entonces, la hija del río Peneo, Dafne. Sin ninguna demora, el dios fue atrapado por un inmenso amor hacia la joven, mientras que ella comenzó a sentir horror a la idea de ser ligada a hombre alguno. Su placer consistía en vagar por los bosques helenos, en salir a pasear y cazar. Muchos amantes la buscaban, mas ella los rechazaba a todos, sin pensar en Eros o Afrodita. Su padre muchas veces le decía: -“Hija, debes generar una progenie, debes darme nietos”-, y temiendo al matrimonio como un crimen, ella abrazó un día a su padre y le dijo: -“Concédeme esta gracia, padre. Que jamás me case”-. Peneo, a su pesar, aceptó. Apolo la amó y luchó por tenerla. Él, que era el oráculo más importante de todo el mundo, no pudo predecir lo que le deparaba el destino. Vio sus cabellos caer prolijamente sobre sus hombros, sus ojos brillar como estrellas, vió sus labios, y no se dio por satisfecho con solo verlos. Admiró sus manos y brazos, y todo lo que estaba escondido a la vista lo imaginó más bello aún. Él la siguió. Ella huyó por todo el bosque, más rápida que el viento, y no se retardó un momento ante las súplicas del dios. -“Espera, hija de Peneo. No soy un enemigo. No huyas de mí, como la oveja del lobo. Es por amor que te persigo. Zeus es mi padre, soy señor de Delfos, y conozco todas las cosas presentes y futuras. Soy dios del canto y de la poesía. Mis flechas siempre llegan a destino, pero una más mortífera que las mías me atravesó el corazón. Soy el dios de la medicina, y conozco la virtud de todas las plantas medicinales. Pero sufro de una enfermedad que ningún bálsamo puede curar.” La ninfa continuó su fuga sin oír las súplicas de Apolo. Y mientras más huía, mas lo encantaba. El dios se empezó a impacientar y, excitado por Eros, corrió tan rápido que disminuyó la distancia que había entre ambos. Así volaban Apolo y Dafne, ella con las alas del temor, él con las del amor. El perseguidor es más rápido, y se adelanta en la carrera. Su respiración ya mueve los cabellos de Dafne. Y las fuerzas de Dafne comenzaron a disminuir, prestas a caer, y en ese momento convocó a su padre, diciendo: -“Ayúdame, Padre, abre la tierra para envolverme, o cambia mis formas, de las cuales solo he recibido desgracia”-. Y mientras pronunciaba estas palabras, Dafne comenzó a sentir un cosquilleo por todo su cuerpo, su cuerpo comenzó a convertirse en tallo, sus cabellos en hojas, sus brazos en ramas, y sus pies se clavaron en la tierra, en forma de raíz. Y nada se conservó de lo que era, excepto la belleza. Apolo abrazó las ramas del árbol, y besó apasionadamente su madera, diciendo: -“Ya que no puedes ser mi esposa, serás mi planta preferida. Tus hojas formarán mi corona, y coronarán a su vez a todos los grandes reyes que gobiernen toda la hélade”-.

No les sorprenderá, sin duda, que Apolo fuera el dios de la poesía y de la música. Aunque pareciera extraño que también lo fuera de la medicina. El poeta Armstrong, que también era médico, lo explica de esta manera :

PERSEO

Miles de años antes de nuestra era, existía en el reino heleno de la Argólide un rey llamado Acrisio. Este rey se encontraba preocupado sobre que le deparaba el destino a su gobierno. Debido a esto se dirigió a Delfos, precisamente al oráculo de Apolo, a fin de que la Pitonisa pueda advertirle los pasos que le convenía seguir. Pero la profecía de la Pitonisa no fue bastante alentadora, ya que esta dijo: -“Acrisio, tu no tendrás herederos varones, pero no dejes que te suceda tu nieto, ya que eso será tu perdición”-. Acrisio tenía una única hija, llamada Dánae. Al escuchar las palabras de la Pitonisa, el rey se dirigió a su palacio y dio orden de que se encerrara a su hija en uno de los calabozos de las catacumbas del palacio, de modo que nadie pudiera verla, y fuera imposible que le diera nietos. Dánae, en su encierro, lloró sus plegarias al padre de los dioses, Zeus, quien escuchó desde su trono en el monte Olimpo, desde el cual todo lo ve. Y no solo se apiadó de la joven, sino que se apasionó por ella. A fin de que su esposa Hera no pudiera notar la huida de Zeus del palacio real, el dios se transformó en lluvia dorada, y se dirigió al lugar de encierro de Dánae. Nueve meses después Dánae dió a luz a un niño, al que llamó Perseo. Y en una mezcla de sensaciones de miedo e ira, Acrisio mandó a construir un arca de madera, en la que encerró a Dánae y al infante Perseo, y los arrojó en ella al mar. Zeus contempló desde el Olimpo el destino al que habían sido sometidos su amada y el hijo que ésta le había dado, e hizo que el rey de los mares, Poseidón, cuidara del rumbo del arca en que se encontraban encerrados. Y ésta arribó a las costas del reino de Séfiros. Allí, Dánae y su hijo fueron encontrados por el hermano del rey Polidectes, quien los llevó hacia el palacio del rey. El rey brindó hospedaje a Perseo, quien misteriosamente, y gracias a la intervención divina, se había convertido en la travesía en un fuerte joven, y a su madre. Pero este cálido hospedaje no se debía a la piedad de Polidectes, sino a que este quería poseer a la madre de Perseo. Zeus deploraba la idea de que otro hombre tocara a su amada, por lo que instó a su hijo a detener a Polidectes. Y así lo hizo Perseo. Polidectes, ante la intervención de Perseo, le dijo: -"La única forma de que no haga a tu madre mi esposa, será que me traigas la cabeza de la Medusa"-. Medusa fue, en un tiempo, una de las sacerdotisas del templo de Atenea en Séfiros. Era una joven hermosa, pero no honraba a los dioses como debía. Poseidón, rey de los mares, tenía una aventura con Medusa, y los amantes no tuvieron mejor idea que concretar sus deseos en el templo de Atenea. Tal ultraje despertó la ira de Atenea, quien convirtió a Medusa en un monstruo. Sus cabellos fueron ocupados por serpientes, lo mismo que sus extremidades inferiores. Y lo que convirtió más mortífera a la Medusa fue que su mirada podría convertir todo aquello a lo que se dirigía en piedra. La diosa de la sabiduría Atenea, enemiga jurada de la Medusa, aceptó acompañar a Perseo en su aventura, y le dijo: -"No la veas nunca a los ojos, usa este escudo brillante que te confiero para que solo veas su reflejo en el mismo. También te brindo esta hoz de diamantina, para que cortes la cabeza del monstruo". Y de la misma forma en que súbitamente la diosa apareció, se alejó de Perseo. Pero nadie sabía donde se encontraba Medusa, excepto las tres Grayas, las ancianas que se encontraban en la cavernas de las afueras de Séfiros. Estas ancianas eran hermanas del monstruo, y entre las tres solo tenían un ojo y un diente. Perseo marchó hacia las cavernas donde se encontraban las Grayas, y allí las encontró, devorando los restos de la última víctima que se había atrevido a entrar en sus dominios. Las Grayas, a pesar de su fealdad real, producían encantamientos en los mortales para que vieran algo realmente hermoso. Perseo había sido advertido de esto por Atenea, y actuó con cuidado. Se acercó a las ancianas y les preguntó el paradero de la Medusa. Estas intentaron atrapar a Perseo, y este golpeó a la que tenía el único ojo de las tres. El ojo cayó al suelo, y las Grayas, en su ceguera, lo buscaban desesperadamente por toda la cueva. Perseo dijo : -"Solo les devolveré su ojo si me dicen el paradero de la Medusa"- Una de ellas, en su miedo de que Perseo las matara, dijo al joven el paradero que buscaba, que era en un viejo templo abandonado en Cnosos. Y allí se dirigió Perseo. Luego de una gran travesía marina, se dirigió al templo abandonado en Cnosos, donde se aterrorizó al ver la entrada del templo plagado de cadáveres de piedra. Hombres, mujeres y niños que se atrevían a llegar al lugar o que no sabían de la existencia del único habitante del pueblo. Perseo entró cuidadosamente.

Se detuvo al escuchar un ruido espantoso, como si lo rodeara un nido de serpientes. Y pudo ver en su brillante escudo la imagen de Medusa en el fondo del templo. Su terrorífica imagen hizo que el corazón de Perseo conociera por primera vez el miedo. Pero lo venció al recordar el peligro que corría su madre bajo las manos del malvado rey Polidectes. Medusa se dio cuenta, por el brillo del escudo, de la presencia del intruso, y dirigió una lluvia de flechas hacia él. Afortunadamente, esta azotó solo la columna bajo la cual Perseo se refugiaba. Medusa se dirigió reptando su espantoso cuerpo hacia Perseo, y el se apartó de la columna cerrando los ojos. Medusa esperaba convertir a Perseo en piedra con su mirada. Y cuando el héroe, orientándose con el desagradable ruido de las serpientes que formaban el cuerpo del monstruo, dedujo que se encontraba frente a él, tomó su hoz de diamantina y le cortó la cabeza. Ese fué el fin de la Medusa. Perseo guardó su cabeza en un saco, y poco a poco se marchaba del templo, hasta que vió algo surgir del cuerpo ensangrentado. El brillante espectáculo era asombroso. Del cuerpo abatido surgió el ser cuya blanca pureza podría ablandar el alma más pérfida, el caballo alado PEGASO

PERSEO y ANDROMEDA

Dentro de las oscuras ruinas de un templo que fue testigo de los albores de la humanidad, el joven Perseo es presencia la más irónica de las creaciones. Él mas puro ser nace de la sangre derramada del cuerpo inmóvil de la Medusa. Contempla a Pegaso extendiendo sus alas, creando un inexplicable contraste con la oscuridad reinante. Poco a poco, el joven guerrero se atreve a acercarse, hasta llegar a acariciarlo. Pero el caballo alado se espantó de pronto ante la súbita aparición de Atenea, la diosa de la sabiduría. -“Frente a tus ojos tienes mi regalo, mi presente a uno de mis hermanos mortales que mi padre, el gran Zeus, tuvo con la más bella de las mujeres de su tiempo. Junto a el enfrentarás el destino que te deparan los hados”-. Atenea desapareció. Y Pegaso se acercó a su nuevo amo, permitiendo que lo montara, para luego echarse a volar. Ahora vayamos diez días atrás, a Etiopía. Allí, reinaban Cefeo y su esposa Casiopea, que habitaban en un gran palacio cuya belleza causaba la admiración divina. Casiopea y Cefeo tenían una hija, llamada Andrómeda, tan hermosa que su gracia, decían en toda Etiopía, solo podría ser comparada con la de la misma Afrodita. Pero la reina se atrevió a jactarse un día de que la belleza de su hija era superior a la de las mismas ninfas marinas. Estas eran las compañeras de aventuras de Poseidón, el rey de los mares. Y tomaron como una gran ofensa el comentario que Casiopea hizo en uno de los banquetes dado a su escuadrón militar. Poseidón, quien escuchó las quejas de sus compañeras, envió a un gran monstruo marino a destruir todo el reino de Cefeo. Aterrorizado por la gran devastación que poco a poco el monstruo causaba en la ciudad, Cefeo viajó hasta Delfos, a fin de consultar al oráculo.

Esta revelación trajo un terrible pesar a Cefeo, pero no veía otra opción si quería salvar a su nación. Mientras tanto, Perseo viajaba sobre su caballo alado Pegaso. Así llegó a las costas Etíopes, hasta que vio a una hermosa jóven desnuda encadenada a unos acantilados a la entrada de la ciudad, y a todos los habitantes a unos pocos metros detrás de ella, esperando con desazón ver el triste espectáculo de entregar a la princesa al dragón marino de Poseidón. Estaba tan pálida e inmóvil que Perseo podría haberla confundido con una estatua de mármol si sus cabellos no hubieran acompañado el soplo del viento. Entonces, el monstruo emergió de las aguas, con la cabeza erguida sobre la superficie. La joven virgen desmayó del miedo, y sus padres se encontraban desesperados, especialmente su madre, quien sentía la impotencia de no poder hacer otra cosa que abrazar a su hija. Solo distrajeron su mirada, que estaba dirigida a la horrible criatura, cuando Perseo se acercó con su blanquecino caballo alado. Y quizás en ese momento, un toque de esperanza pudieron sentir en sus corazones. -“No hay tiempo para lágrimas - exclamó Perseo- Solo apenas lo tenemos para salvarla. Mi posición como hijo de Zeus y asesino de la Medusa hace que sea el único capaz de salvar a su bella hija, rey Cefeo. Pero solo lo haré con una condición. Si puedo salvarla, quiero que mi valor sea recompensado con la mano de su hija.”- Y, ante tal situación, sin siquiera pensarlo, el rey aceptó. Perseo, a pesar del comprensible temor que le ocasionaba el dragón marino, dirigió a Pegaso cerca de sus fauces. El caballo nacido de la sangre de la Medusa expulsaba tanta pureza que los habitantes de Etiopía experimentaron una sensación de paz que hacía tiempo no sentían. Entonces Pegaso esquivó el golpe que uno de los terribles brazos del monstruo trató de acertar, y se acercó aún más, que era lo que Perseo quería hasta que llegó a la distancia indicada, y Perseo tomó el saco donde guardaba la cabeza de la Medusa, y la apuntó al monstruo. Poco a poco se convirtió en piedra, y de una forma tan rápida que se resquebrajó tanto que cayó al mar en pedazos. Ante tal muestra de valor, Andrómeda se entregó enamorada a los brazos de Perseo, e inmediatamente se prepararon los festejos para la boda. Al mismo tiempo, en Séfiros, Polidectes mantenía encerrada a Dánae, sabiendo que pronto se rendiría en su obstinación de esperar a su hijo, que seguro habría muerto en la campaña mortal a la que lo había enviado. Polidectes se regocijaba pensando que pronto Dánae aceptaría ser su esposa, y de lo contrario la haría su esclava. Pero la sonrisa desapareció de su cara al sentir los gritos de Perseo llamando a su madre. Y la próxima sensación de Polidectes fue el temor, cuando se dió cuenta que los gritos no venían de la tierra, sino de lo alto del cielo, de un Perseo montado a un caballo alado, acompañado de una hermosa doncella, con vestido nupcial.

Debido a que Polidectes era un tirano en su reino, el pueblo de Séfiros no tardó mucho en proclamar a Perseo y a Andrómeda como sus nuevos reyes. Y Zeus estaba tan orgulloso de su hijo que colocó la imagen de los personajes de esta aventura en los cielos. Si hoy en día levantamos nuestros ojos a las estrellas, podremos ver en las constelaciones las imágenes de estos héroes y heroínas.

ECO Y NARCISO

Eco era una bella ninfa que habitaba los bosques helenos buscando las distracciones campestres. Solo le importaba vagar por los bosques, cantando, bailando y cazando. Era la favorita de la diosa de la caza, Artemisa, a la que acompañaba en todas sus aventuras. Pero Eco tenía un defecto. Hablaba demasiado, y en toda discusión buscaba quedarse siempre con la última palabra. Hera, la esposa del rey de los dioses, despertó un día en el Olimpo buscando a su marido, y como no podía encontrarlo, sospechó que pudiera estar con las ninfas del bosque. Llena de ira, Hera bajó del majestuoso Olimpo hasta los bosques donde sentía en lo profundo de su ser que se encontraba su marido. Pero Eco llegó hasta Hera primero, a quien entretuvo con su conversación, dando tiempo a sus compañeras para que pudieran huir. Percibiendo esto, Hera maldijo a Eco, diciendo: - Solo conservarás el uso de la palabra con la que me engañaste para hacer lo que tanto te gusta: responder. Pero solo podrás repetir lo que escuches. Así pasaron los días, hasta que la ninfa vio un día a Narciso, un bello joven que se había internado en los bosques a fin de cazar. Quedó encantada por el joven, y empezó a seguirle los pasos. Cuanto hubiera deseado la pobre Eco poder iniciar una conversación con él, pero permanecía oculta entre el espeso verdor. Narciso sintió que alguien lo estaba siguiendo y, asustado, ya que tal vez podría ser un animal salvaje, exclamó: - Hay alguien allí? - Alguien alliiii...- repitió Eco. - Muéstrate!- exclamó Narciso. - Muéstrateee...- se escuchaba en una baja voz. - Por que huyes de mi?- - Huyeees..mii....- se escuchaba repetir. - Apártate! Prefiero morir a dejarme poseer por los demonios del bosque- - booosqueeeee.... Así, Narciso se hechó a correr, y Eco, llorando, se escondió en una caverna que encontró a lo lejos. Abandonada a la tristeza, Eco no volvió a alimentarse o preocuparse por su salud. Su cuerpo adelgazó hasta que su carne desapareció, y solo quedó de ella su voz. Hoy en día responde a todos los que se acercan a ella, repitiendo lo que dicen, con una susurrante y misteriosa voz. La crueldad de Narciso no quedó impune. La diosa Artemisa se enteró de todo lo que había pasado, y juró por la cabeza de Zeus vengar el triste destino de su compañera. Y para eso pidió ayuda a la diosa de la venganza, para que Narciso supiera lo que era el amor no correspondido. Narciso encontró una fuente de agua cristalina y, agotado después de caminar por largo tiempo buscando algún animal que cazar, intentó refrescarse con la misma, hasta que vio sobre ella una hermosa imagen, y quedó encantado por la misma, tal como Eco había quedado encantada una vez. Pensando que se trataba de la imagen de una hermosa criatura atrapada en el agua, Narciso se enamoró de si mismo. Y cada vez que intentaba atrapar la imagen, esta se desvanecía en sus manos. - Por que me desprecias, bello ser?. Mi rostro no puede causar tal repugnancia, ya que las ninfas y las mortales me persiguen, a las que he rechazado, para no perder mi amada libertad. Pero he caído en tu encanto, y te escapas cada vez que te intento alcanzar- Decía Narciso al supuesto espíritu que se escondía en el agua. Una y otra vez, Narciso intentó ciegamente atrapar la imagen en vano, hasta que sus lágrimas cayeron en la fuente, haciendo desvanecerla. - No, no te vayas! - Gritó- Por lo menos, déjame verte -. Pero la imagen había desaparecido. Narciso, tristemente abandonado, murió al poco tiempo, y cuando su alma atravesaba el río Estigia, que lleva al reino de los muertos, buscaba en el agua la imagen de ese ser del que se había apasionado. Y su llanto era repetido por Eco, a lo lejos, compadeciéndose de su aún peor destino, eternamente.

El poeta Cooper, en su obra "Sobre un niño feo" dice:

"Evita, amigo, evita deslumbrarte Sobre el cristal de un espejo bello, De lo contrario, como Narciso, Te destruirás No porque te veas bello, Si no por darte cuenta En lo profundo, De no serlo"

Asunto: PERSEFONE

Hola a todos. Gracias por los comentarios que recibí sobre "Electra", aunque como habrán podido ver el protagonista parece ser en mayor medida Orestes. la base de la historia es la obsesión por la venganza. Una obsesión por la figura paterna, que llevó a Electra a infundir sus ansias de venganza en Orestes.

Se sospecha que las tumbas de los reyes que inspiraron este mito, Agamenón y Clitemestra, se encuentran ubicadas en Micenas.

Tuve la suerte de estar en el recinto arqueológico donde se conservan, y puedo decir que irónicamente se encuentran ubicadas una al lado de la otra.

La inmensidad de estas construcciones hace a cualquier persona ponerse a pensar "como pudieron hacerlo". Dejando detrás los datos arqueológicos, vamos a la historia de hoy

Persefone

La inmensidad del cuerpo de Gea es florecido por una de las diosas mas importantes del panteón Olímpico, la patrona del arte de la agricultura, del verdor que llena los bosques, las fores, y todos los frutos que nutren las vidas de los mortales. Su majestuoso nombre es Démeter.

Su tarea es inmensa, y lo único que puede igualar esa inmensidad en su inmortal vida es su amor por su hija Core, fruto de sus amoríos con su hermano Zeus, rey de los dioses.

Core era tan hermosa que fue cortejada por varios dioses, a los que, un poco por pudor, otro por el parentesco que tenían con ella, negaba una y otra vez.

Pero uno de los dioses estaba obsesionado con poseer a Core, con su figura, su gracia, y la luz que irradiaba con su sonrisa cuando jugaba con sus amigas las Oceánides. Y ese dios habita el mundo subterraneo, aquel donde las almas de los mortales que no supieron ganarse su lugar en los Campos Elíseos vagan por toda la eternidad.

Y en las profundidades del mundo subterráneo se encuentra el lugar mas oscuro de la creación, donde torturas inimaginables atormentan a aquellos que infringieron las leyes de los dioses por toda la eternidad. Ese lugar es el Tártaro.

Este mundo subterráneo es gobernado por Hades, hermano de Démeter, y tío de aquella joven hermosa que estaba dispuesto a hacer su reina.

Un día, Core estaba juntando flores en los bosques de Itaca. Cantando y bailando, esperaba que sus amigas llegaran pronto para poder disfrutar con ellas ese hermoso día en que el majestuoso Apolo se levantaba a lo alto iluminando todas las tierras.

De pronto, tan rápidamente que Core no tuvo tiempo de que sus paralizadas piernas recobraran movimiento, la tierra se abrió, y de ella emergió Hades montando su gran carro.

En seguida tomó a la jóven, y la tierra se cerró detrás de ellos. La irradiante hermosura de Core pronto empezó a sentirse en todo el Olimpo, y la falta de su amada hija trajo gran pesar a Démeter.

Buscó por todas las tierras, las de los mortales y aquellas a las que estaban vedados de visitar, pero rastro alguno pudo encontrar de Core. Los días pasaban, y la desesperación de la diosa se empezó a notar en las tierras de los mortales, de pronto tan áridas que semejaban desiertos.

Helios, el que todo lo ve, se apiadó de la diosa, y le dijo lo que había sucedido. La ira de Demeter era indescriptible, y su encolerizada voz se escuchó en toda la tierra y el Olimpo, resonando una y otra vez : "Nada dará frutos en este mundo hasta que mi hija me sea devuelta".

Mientras tanto, en el mundo subterráneo, Core se había transformado en Perséfone, reina de todas las almas que vagaban por su oscuro mundo. Pero la joven se encontraba atrapada por una gran tristeza. Le costaba mantener la calma escuchando los gritos de las desafortunadas almas que giraban constantemente a su alrededor, y la oscuridad del lugar poco a poco iba apagando su radiante luz.

Solo se sentía a gusto junto a la vieja Hécate, la diosa de la hechicería, de lo oculto, la que conoce todos los secretos de la existencia, quien aconsejaba a la jóven como manejar a su reciente marido para sacar provecho de la situación y poder escapar.

La tierra de los mortales ardía, y no había signos de vida que pudiera alimentar a los humanos. La muerte de los mortales significaba la muerte de los dioses, por lo que Zeus mandó a su hermano liberar inmediatamente a Perséfone, quien aceptó.

Pero Hades no se rendiría tan fácil. Ofreció a Perséfone una granada, quein no había tomado vocado desde que llegó a su nuevo reino. Todo aquel que pruebe la comida de los muertos permanecerá por siempre en ese lugar. esa es la ley del mismo Zeus. Perséfone, ambrienta, tomó la granada, por lo que Hades pareció triunfar.

Gea sufría su agonía, mientras que Démeter se negaba a hacerla florecer hasta no tener consigo a su hija. Zeus pidió a ambas partes llegar a un acuerdo. Propuso que la mitad del ano estuviera Core con su madre, y la otra mitad Volviera como Perséfone junto a su marido. Ambas partes, aunque no del todo conformes con la solución, aceptaron, al darse cuenta el dano que estaban causando a Gea, la madre de toda la vida.

Y allí es como surgieron las estaciones, como cuando Core vuelve a la tierra florece la tierra, se ilumina y se llena de colores, y como cuando nos deja llega el frío y las flores se desecan.

MitologiaGriega (última edición 2013-01-09 22:12:43 efectuada por MercedesJones)