Nuevas Demografias
Desarrollo MercedesJones, agosto, 2026
NuevasDemografias: revolución de la longevidad, baja fecundidad y nueva arquitectura de las edades
¿Qué entendemos por NuevasDemografias?
Las NuevasDemografias expresan una transformación profunda en la composición de las poblaciones, en la duración de las vidas y en las relaciones entre las generaciones.
Durante buena parte del siglo XX, el imaginario demográfico estuvo organizado alrededor de una estructura relativamente previsible: poblaciones jóvenes, tasas elevadas de natalidad, vidas más cortas y una secuencia vital relativamente lineal que asociaba educación con juventud, trabajo con adultez y retiro con vejez.
Ese mapa está cambiando.
Vivimos más años, nacen menos niñas y niños, las familias son más pequeñas y diversas, varias generaciones pueden convivir durante períodos más prolongados y se modifican las edades y las formas en que estudiamos, trabajamos, conformamos familias, cuidamos, participamos y desarrollamos proyectos.
Las NuevasDemografias pueden comprenderse como el resultado de la interacción entre diferentes transformaciones:
aumento de la longevidad; disminución de la fecundidad y de la natalidad; cambios en las estructuras familiares; coexistencia prolongada de múltiples generaciones; transformaciones en las relaciones intergeneracionales; migraciones; urbanización; cambios en las trayectorias educativas, laborales y familiares; creciente diversidad y desigualdad de los cursos de vida.
No estamos solamente frente a una población con una proporción mayor de personas mayores. Estamos frente a una reorganización de las edades, de los tiempos de vida y de las relaciones entre generaciones.
Por eso, hablar de NuevasDemografias supone ampliar la mirada: pasar del análisis exclusivo del envejecimiento poblacional a la comprensión de una nueva arquitectura social de las edades.
Uno de los acontecimientos demográficos más importantes de los últimos cien años ha sido el extraordinario aumento de las probabilidades de sobrevivir hasta edades avanzadas.
Laura Carstensen y el Stanford Center on Longevity plantean que este aumento de la longevidad requiere construir un NewMapOfLife: un nuevo mapa de la vida adecuado a sociedades en las que una gran cantidad de personas puede esperar vivir durante muchas décadas (Carstensen, Larson y Hsu, 2022).
La pregunta fundamental deja de ser solamente:
¿Cuántas personas mayores hay?
La pregunta se amplía:
¿Qué hacemos individual y colectivamente con los años adicionales de vida que hemos conseguido?
Andrew J. Scott desarrolla esta perspectiva en The Longevity Imperative (2024). Sostiene que el gran logro del siglo XX fue aumentar la duración de la vida y que la tarea actual consiste en conseguir que esos años adicionales puedan vivirse con salud, participación, aprendizaje, actividad y bienestar.
Podemos distinguir, en este sentido, dos procesos complementarios.
Primera revolución de la longevidad
Conseguir que una proporción creciente de la población pueda vivir vidas largas.
Segunda revolución de la longevidad
Transformar instituciones, organizaciones, comportamientos, entornos y culturas para aprovechar las posibilidades que ofrecen esas vidas más largas.
El cambio conceptual es fundamental.
La longevidad no constituye en sí misma un problema. Es una situación potencialmente positiva que necesitamos aprender a gestionar.
Del paradigma del envejecimiento al paradigma de la longevidad
La distinción entre envejecimiento y longevidad no es solamente terminológica.
El paradigma del envejecimiento suele observar la transformación demográfica desde las últimas etapas de la vida y preguntar qué sucede cuando aumenta la cantidad o proporción de personas mayores.
El paradigma de la longevidad modifica el punto de observación.
Una vida larga se construye a lo largo de todo el curso vital.
Por lo tanto, vivir más modifica potencialmente todas las etapas de la vida.
La educación deja de poder concentrarse exclusivamente en las primeras décadas.
El trabajo puede extenderse, interrumpirse, combinarse con períodos de aprendizaje o adoptar diferentes modalidades.
Los cuidados atraviesan distintos momentos de la vida.
La planificación económica y financiera necesita considerar horizontes temporales más extensos.
Las ciudades, las viviendas, las organizaciones y los sistemas de protección social necesitan acompañar trayectorias vitales que pueden extenderse durante muchas décadas.
Esta es una de las ideas centrales del New Map of Life (Carstensen, Larson y Hsu, 2022): existe un desajuste entre la duración actual de nuestras vidas y muchas de las instituciones y normas sociales que fueron diseñadas cuando las vidas eran considerablemente más cortas.
Lynda Gratton y Andrew Scott, en The 100-Year Life (2016), cuestionan por la misma razón la tradicional organización de la vida en tres grandes etapas:
aprender → trabajar → retirarse
y proponen pensar vidas de múltiples etapas, en las que aprendizaje, trabajo, cuidado, descanso, participación y reinvención pueden combinarse de maneras diferentes.
América Latina también está cambiando
Durante mucho tiempo América Latina fue representada como una región predominantemente joven.
Ese escenario está cambiando rápidamente.
La transición demográfica latinoamericana combina el aumento de la supervivencia y la longevidad con una disminución particularmente acelerada de la fecundidad.
El Observatorio Demográfico 2025 de CELADE-CEPAL señala que desde 2015 la tasa global de fecundidad de América Latina y el Caribe se mantiene por debajo del nivel de reemplazo. En 2024 alcanzó aproximadamente 1,8 hijos por mujer y el 76% de los países y territorios de la región registraba niveles inferiores al reemplazo generacional.
La velocidad de esta transformación constituye una característica especialmente importante de la experiencia latinoamericana.
Mariana Paredes, desde Uruguay, permite observar las dos dimensiones de esta transformación. Sus investigaciones comenzaron precisamente en fecundidad, familia, trayectorias reproductivas y relaciones de género y posteriormente incorporaron envejecimiento y vejez. Su trayectoria muestra la importancia de analizar conjuntamente los cambios que se producen en diferentes momentos del curso de vida.
En Argentina, la tradición de estudios sociodemográficos desarrollada por Susana Torrado permitió comprender tempranamente las relaciones entre transformaciones familiares, fecundidad, estructura social y condiciones económicas.
Más recientemente, Carola della Paolera y Rafael Rofman, en La revolución demográfica (2026), colocan la transformación demográfica argentina en el centro del debate público y analizan sus implicancias para la educación, el trabajo, los cuidados, la protección social y la organización económica.
La baja de la natalidad y de la fecundidad
Conviene distinguir ambos conceptos.
Natalidad refiere a la cantidad de nacimientos que se producen en una población durante un período determinado.
Fecundidad refiere al número de hijas e hijos que tienen las mujeres durante su vida reproductiva, habitualmente expresado mediante la tasa global de fecundidad.
El nivel de reemplazo poblacional suele situarse aproximadamente en 2,1 hijos por mujer, aunque depende de las condiciones demográficas de cada población.
La disminución de la fecundidad constituye actualmente un fenómeno de alcance mundial, pero ocurre con ritmos, causas y consecuencias diferentes según los países y los grupos sociales.
El CELADE-CEPAL (2025) advierte precisamente contra las interpretaciones demasiado simples. La fecundidad latinoamericana presenta diferencias regionales y socioeconómicas importantes y está influida tanto por la postergación de la maternidad como por transformaciones culturales, económicas y familiares.
Entre los factores que intervienen pueden encontrarse:
mayor educación de las mujeres; creciente participación femenina en el mercado laboral; disponibilidad de métodos anticonceptivos; postergación de la maternidad y la paternidad; cambios en los proyectos de vida; dificultades para conciliar trabajo, familia y cuidados; costo de la vivienda; costo económico de la crianza; transformaciones en las relaciones de pareja; incertidumbre económica; cambios culturales en torno a la maternidad, la paternidad y las familias.
Por ello, baja fecundidad no significa necesariamente ausencia de deseo de tener hijas o hijos.
Una pregunta relevante para las políticas públicas es la distancia que puede existir entre los proyectos reproductivos de las personas y las condiciones sociales, económicas y de cuidado disponibles para realizarlos.
Longevidad y baja fecundidad: dos transformaciones que deben analizarse juntas
La RevolucionDeLaLongevidad y la disminución de la fecundidad suelen presentarse como fenómenos separados.
Sin embargo, su verdadero alcance aparece cuando observamos su interacción.
Vivimos más + nacen menos personas = cambia la estructura de edades de la sociedad.
La tradicional pirámide poblacional comienza entonces a perder su forma.
Las generaciones jóvenes representan proporcionalmente una parte menor de la población mientras aumenta la presencia relativa de generaciones de edades medias y avanzadas.
Pero el cambio verdaderamente interesante no está solamente en la forma de un gráfico.
Está cambiando la arquitectura de las edades y de las relaciones entre generaciones.
De la pirámide poblacional a una nueva geometría de las edades
La pirámide poblacional fue durante décadas una de las imágenes más utilizadas para representar la estructura demográfica.
Una base amplia representaba una gran cantidad de niñas, niños y jóvenes. A medida que aumentaba la edad, las cohortes disminuían.
La longevidad y la baja fecundidad están modificando progresivamente esa figura.
En muchas sociedades la estructura comienza a parecerse más a una columna, un rectángulo e incluso, en determinados casos, a una figura parcialmente invertida.
Esta transformación cuantitativa produce también cambios cualitativos.
Pueden coexistir durante períodos cada vez más prolongados:
niñas y niños; madres y padres; abuelas y abuelos; bisabuelas y bisabuelos.
En algunas familias pueden coexistir cuatro e incluso cinco generaciones.
La revolución de la longevidad significa, por lo tanto, algo más que vivir más años:
vivimos durante más tiempo con otras generaciones.
Multigeneracionalidad e intergeneracionalidad
Esta transformación permite realizar una distinción importante.
Multigeneracionalidad describe la coexistencia de personas pertenecientes a distintas generaciones en una familia, organización, comunidad o sociedad.
Intergeneracionalidad supone algo más: que entre esas generaciones existan relaciones, intercambios, aprendizajes, reciprocidad, cooperación y producción conjunta de valor.
La presencia simultánea de diferentes generaciones no garantiza por sí misma relaciones intergeneracionales significativas.
Esta perspectiva resulta particularmente importante en los trabajos desarrollados en Uruguay por Mariana Paredes y Lucía Monteiro, quienes incorporan al estudio del envejecimiento las transformaciones familiares, las generaciones, los arreglos de convivencia y el curso de vida.
Desde esta perspectiva, las NuevasDemografias modifican los flujos de:
conocimientos; aprendizajes; cuidados; recursos; patrimonio; trabajo; apoyo; participación; reciprocidad.
La intergeneracionalidad deja así de ser solamente una característica familiar para convertirse en una dimensión estratégica de las sociedades longevas.
NuevasDemografias y curso de vida
La perspectiva de curso de vida permite profundizar todavía más esta mirada.
No todas las personas llegan a edades avanzadas después de haber recorrido las mismas trayectorias.
Las condiciones en las que nacemos, aprendemos, trabajamos, cuidamos, nos vinculamos y vivimos van acumulando oportunidades y desigualdades.
Sarahí Rueda-Salazar, investigadora vinculada al Millennium Institute for Care Research (MICARE) de Chile, trabaja sobre demografía, salud, género y desigualdades a lo largo del curso vital.
Su perspectiva resulta especialmente útil porque permite incorporar una pregunta que la simple esperanza de vida no responde:
No solamente importa cuántos años vivimos. Importa cómo vivimos esos años y cómo se distribuyen las oportunidades de vivirlos con bienestar.
Esta mirada dialoga con los trabajos regionales de Sandra Huenchuan (2010, 2012, 2018), quien ha contribuido desde CELADE-CEPAL a desplazar las interpretaciones de las personas mayores centradas en carencias hacia un paradigma de derechos, autonomía, dignidad y participación.
Evitar una lectura automática de la dependencia
Una consecuencia frecuente de las transformaciones demográficas es presentar el aumento relativo de personas mayores exclusivamente como un incremento de la "dependencia".
Esta interpretación requiere ser revisada.
María Sol Minoldo y Enrique Peláez (2017) cuestionan precisamente la utilización automática de las tasas de dependencia demográfica para inferir consecuencias económicas.
La edad cronológica por sí sola no determina si una persona produce, consume, trabaja, cuida, aporta conocimientos, participa o genera valor.
Una persona puede retirarse del mercado laboral y continuar realizando importantes contribuciones económicas y sociales mediante cuidados, voluntariado, participación comunitaria, mentoría, transferencia de conocimientos o apoyo familiar.
Esto resulta especialmente importante para nuestro enfoque porque permite comenzar a introducir la idea de las personas mayores como personas prosumidoras: personas que no solamente consumen bienes y servicios, sino que continúan produciendo valor económico, social y relacional.
NuevasDemografias y nuevas relaciones
La transformación demográfica modifica también las familias y las formas de convivencia.
Lucía Monteiro permite conectar aquí demografía, arreglos familiares, generaciones, cuidados y relaciones sociales.
Sarahí Rueda-Salazar y María Dolores Puga González incorporan, además, una perspectiva internacional y de trayectoria vital para comprender cómo los contextos sociales y las desigualdades influyen sobre las relaciones y sobre experiencias como la soledad no deseada.
Esto introduce una dimensión fundamental:
una sociedad puede ser multigeneracional sin ser necesariamente intergeneracional ni relacionalmente integrada.
La coexistencia de generaciones constituye una posibilidad.
Convertir esa coexistencia en intercambio, reconocimiento, reciprocidad y cooperación requiere crear condiciones sociales, institucionales y territoriales que lo hagan posible.
Aquí comienza a aparecer el vínculo entre NuevasDemografias y NuevasCercanias.
Las NuevasDemografias como situación potencialmente positiva
Las transformaciones demográficas generan desafíos, pero sus resultados no están predeterminados.
El aumento de la longevidad amplía potencialmente los años disponibles para:
aprender; trabajar; emprender; cuidar; participar; crear; enseñar; construir vínculos; desarrollar nuevos proyectos.
La coexistencia prolongada entre generaciones puede favorecer:
transferencia de conocimientos; aprendizaje intergeneracional; mentorías; innovación; redes de cuidado; cooperación; reciprocidad; producción de bienes relacionales; fortalecimiento del capital social.
La longevidad no constituye en sí misma un problema que haya que resolver.
Constituye una transformación histórica potencialmente positiva que necesitamos comprender y aprender a gestionar.
De las NuevasDemografias a las NuevasEconomias
Aquí aparece la primera gran conexión del marco que estamos construyendo.
Si cambia la duración de la vida, cambia también la economía.
Si vivimos más años:
necesitaremos aprender durante más tiempo; podremos trabajar de otras maneras y durante períodos diferentes; cambiarán las formas de ahorro y consumo; aumentará la importancia de los cuidados; aparecerán nuevos productos y servicios; surgirán nuevas formas de emprendimiento; será necesario rediseñar organizaciones y carreras laborales; cambiarán las transferencias económicas entre generaciones.
Las NuevasDemografias generan, por lo tanto, nuevas necesidades, nuevas expectativas, nuevas capacidades y nuevas oportunidades.
Y estas transformaciones requieren NuevasEconomias.
De las NuevasDemografias a las NuevasCercanias
Pero vivir más no modifica solamente la economía.
También modifica nuestras relaciones.
Las sociedades longevas necesitan pensar cómo generar:
vínculos; reciprocidad; cuidados; cooperación; pertenencia; relaciones intergeneracionales; participación; bienes relacionales; entornos habilitantes.
Las NuevasCercanias aparecerán así como una tercera dimensión del mismo proceso.
NuevasDemografias
Vivimos más, nacen menos personas, cambian las familias y convivimos durante más tiempo entre generaciones.
↓
Necesitamos reorganizar cómo aprendemos, trabajamos, producimos, consumimos, cuidamos, participamos y generamos bienestar durante vidas más largas.
↓
Necesitamos generar nuevas formas de encuentro, reciprocidad, cooperación, cuidados, pertenencia y producción de bienes relacionales.
Idea síntesis
Las NuevasDemografias no describen simplemente una sociedad con más personas mayores. Expresan una transformación de la arquitectura de la vida social: vivimos más años, nacen menos personas, cambian las familias, conviven más generaciones y se diversifican los cursos de vida. El desafío consiste en convertir esa nueva realidad demográfica en una oportunidad para construir sociedades capaces de aprovechar las capacidades de todas las generaciones, ampliar el bienestar y generar nuevas formas de cooperación, reciprocidad y vida en común.
Sociología de la innovación y la transformación social
NuevasDemografias
Autoras y autores de Argentina y América Latina
Autoras y autores de Argentina y América Latina
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2025). Observatorio Demográfico, 2025. América Latina y el Caribe ante la baja fecundidad: tendencias y dinámicas emergentes. CEPAL.
Della Paolera, C., y Rofman, R. (2026). La revolución demográfica. Planeta.
Huenchuan, S., y Rodríguez-Piñero Royo, L. (2010). Envejecimiento y derechos humanos: situación y perspectivas de protección. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Huenchuan, S. (Ed.). (2018). Envejecimiento, personas mayores y Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: perspectiva regional y de derechos humanos. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
Minoldo, M. S., y Peláez, E. (2017). Retos del envejecimiento para la protección social de la vejez. Reflexiones desde Latinoamérica. Papeles de Población, 23(93), 9-58.
Monteiro, L., y Paredes, M. (2016). Arreglos de convivencia en la vejez en Uruguay: perfiles específicos para una política de cuidados. Papeles de Población, 22(87), 133-159.
Paredes, M. (2017). El envejecimiento de la población uruguaya y los aportes de un visionario. Cuadernos del CLAEH, 36(106), 169-177.
Paredes, M., Ciarniello, M., y Brunet, N. (2010). Indicadores sociodemográficos de envejecimiento y vejez en Uruguay: una perspectiva comparada en el contexto latinoamericano. Lucida Ediciones.
Referencias internacionales
Carstensen, L. L., Larson, C., y Hsu, D. (2022). The New Map of Life. Stanford Center on Longevity.
Gratton, L., y Scott, A. J. (2016). The 100-Year Life: Living and Working in an Age of Longevity. Bloomsbury.
Scott, A. J. (2024). The Longevity Imperative: Building a Better Society for Healthier, Longer Lives. Basic Books.
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