- Virtualidad y Presencialidad
Año 2026. Estoy comenzando a explorar el tema de lo virtual y lo presencial por mis clases en la Maestría de organizaciones sin fines de lucro. MercedesJones
- Las clases virtuales respecto de las presenciales generan un uso diferente del tiempo de modo que el tiempo de la virtualidad rinde menos que el de la presencialidad. ¿Hay algo explorado sobre esto?
Sí, y está bastante explorado. Pero conviene formularlo con precisión: no puedo decir que hay evidencia sólida para afirmar que “una hora virtual equivale a X minutos presenciales”. La diferencia parece depender mucho del tipo de aprendizaje que se busca. De hecho, una metaanálisis muy reciente de 31 estudios muestra que la enseñanza sincrónica online puede producir resultados cognitivos y afectivos iguales o incluso superiores a modalidades presenciales en determinadas condiciones.
Ahora bien, para una materia como la tuya, basada en colaboración, diálogo y producción grupal, sí hay fundamentos para decir que el tiempo virtual tiene otros costos.
En presencial, buena parte de la coordinación social ocurre casi simultáneamente con la actividad: miradas, gestos, conversaciones laterales, desplazamiento hacia un grupo, percepción de quién quiere hablar, intervenciones espontáneas. En virtual, una parte de esa coordinación tiene que hacerse explícita y secuencialmente: explicar la consigna, distribuir salas, esperar ingresos, resolver dificultades técnicas, regresar al plenario, ordenar turnos, compartir producciones, etc. La investigación reciente sobre aprendizaje social online señala precisamente una menor espontaneidad de la interacción y mayores dificultades para generar diálogo entre pares y presencia social.
A esto se suma la carga cognitiva de la videoconferencia. Hay evidencia de que atender simultáneamente a múltiples rostros, señales audiovisuales, la propia imagen, el chat y otros estímulos genera carga cognitiva extrínseca y contribuye a la fatiga de videoconferencia.
Esto es particularmente interesante para tu experiencia porque el problema no sería que la virtualidad “enseña menos”, sino que una metodología intensamente colaborativa consume de manera diferente el tiempo disponible cuando está mediada por una pantalla.
Hay un marco clásico que puede servirte: Michael G. Moore y su teoría de la “distancia transaccional”. La distancia educativa no es simplemente geográfica; depende de la estructura, el diálogo y la autonomía. La investigación posterior continúa utilizando este marco para analizar la educación online.https://www.irrodl.org/index.php/irrodl/article/download/5263/5550?utm_source=chatgpt.com
Y otro marco especialmente pertinente es Community of Inquiry, de Garrison, Anderson y Archer, que distingue presencia docente, presencia cognitiva y presencia social. Esta última resulta fundamental cuando el objetivo no es solamente adquirir contenidos sino aprender con otros. Una metaanálisis de 53 estudios encontró una asociación moderada entre presencia social y tanto resultados de aprendizaje como satisfacción en educación superior online.
Hay además un hallazgo muy útil para rediseñar tu materia: una revisión sistemática de 2024 sobre blended learning recomienda utilizar recursos online para teoría y actividades preparatorias y reservar especialmente la presencialidad para discusión, colaboración y aprendizaje profundo.
Por eso, para el informe no escribiría “el tiempo virtual rinde menos”, porque científicamente sería demasiado general. Escribiría algo como:
La experiencia mostró que los tiempos de las clases virtuales y presenciales no resultan equivalentes cuando la propuesta pedagógica se apoya fuertemente en el diálogo y el trabajo colaborativo. En la virtualidad, la organización de los intercambios, el trabajo en subgrupos y la construcción de presencia social requieren tiempos adicionales. Para una próxima edición convendría diferenciar con mayor precisión qué contenidos y dinámicas se desarrollan en cada modalidad y ajustar la carga prevista para las clases virtuales.
Esto además fortalece tu argumento anterior de que el programa debe ajustarse: no fue solamente una cuestión de “cantidad de contenidos”; diseñaste una materia que pretendía simultáneamente aprender sobre colaboración y aprender a colaborar, y esa segunda dimensión requiere tiempo experiencial que no puede comprimirse de la misma manera que una exposición teórica.
- IA: Sí. Y al volver al artículo para explicártelo, hay una precisión importante sobre lo que te dije antes.
Un metaanálisis no es una investigación nueva realizada con un grupo de estudiantes. Es una técnica que reúne los resultados cuantitativos de muchas investigaciones anteriores sobre una misma pregunta y los analiza estadísticamente en conjunto.
En este caso, el trabajo de Andreas Gegenfurtner, Aldin Alijagic, Sylvia Gabel y Özün Keskin, publicado en Learning and Individual Differences (vol. 126, febrero de 2026), se preguntó qué resultados produce la enseñanza online sincrónica —clases en vivo mediante Zoom, Teams, WebEx, etc.— comparada con otras modalidades.
¿De dónde salen los resultados?
Los investigadores hicieron primero una búsqueda sistemática de investigaciones publicadas entre 2019 y septiembre de 2024. Aplicaron criterios bastante exigentes: debían ser estudios experimentales con asignación aleatoria de los participantes entre una modalidad online sincrónica y una condición de comparación. Finalmente encontraron 20 estudios, de los cuales extrajeron 31 conjuntos de datos independientes, que involucraban en total a 3.823 participantes. Por eso mi frase anterior de “31 estudios” fue imprecisa: son 20 estudios y 31 fuentes o comparaciones independientes de datos.
Después convierten los resultados de cada investigación a una medida estadística común —en este caso, Hedges' g— que permite comparar cosas que originalmente fueron medidas de distintas maneras. Y calculan un efecto conjunto, dando el peso estadístico correspondiente a cada estudio.
Estudiaron dos grandes tipos de resultados:
- Cognitivos: conocimientos adquiridos y habilidades desarrolladas.
- Afectivos: actitudes, satisfacción, autoeficacia, motivación e interés.
El resultado global favoreció a la enseñanza online sincrónica: encontraron un efecto positivo pequeño en los resultados afectivos (g = 0,24) y un efecto positivo medio en los cognitivos (g ≈ 0,49).
Pero acá viene lo más interesante para nuestra conversación:
Cuando separaron contra qué estaban comparando la enseñanza virtual, la conclusión se vuelve mucho más matizada.
Frente a la enseñanza presencial, en resultados afectivos prácticamente no hubo diferencia: g = −0,04. En resultados cognitivos hubo una pequeña ventaja de la modalidad online sincrónica: g = 0,19.
Las ventajas fueron mayores cuando el online sincrónico se comparaba con enseñanza asincrónica y, obviamente, muchísimo mayores cuando se comparaba con personas en lista de espera que no recibían formación.
Y hay otro dato revelador: dentro de los resultados afectivos, la modalidad sincrónica mostró una ventaja importante en autoeficacia (g = 0,66), pero un resultado negativo en motivación/interés (g = −0,38). Es decir, tampoco podemos hablar de “lo afectivo” como si fuera una sola cosa.
¿Qué significa esto para lo que vos observaste en tu curso?
Acá está la distinción que me parece fundamental. Este metaanálisis estudia efectividad del aprendizaje, no aprovechamiento del tiempo.
Por lo tanto, no contradice tu observación de que una clase virtual de tres horas puede permitir hacer menos actividades colaborativas que tres horas presenciales. Podrían ser simultáneamente verdaderas estas dos cosas:
La enseñanza virtual sincrónica puede ser tan eficaz como la presencial para determinados aprendizajes, pero requerir una administración diferente del tiempo cuando la metodología exige diálogo, formación de grupos, producción colaborativa, plenarios y reflexión conjunta.
Y esto es exactamente lo que habría que investigar para fundamentar tu informe: no si “se aprende más o menos online”, sino si una metodología participativa y colaborativa tiene diferentes costos temporales en presencialidad y virtualidad.
Además, hay una metaanálisis anterior, de Martin, Sun, Turk y Ritzhaupt (2021), que había encontrado resultados mucho menos concluyentes: al comparar sincrónico online con presencial, las diferencias cognitivas y afectivas no fueron estadísticamente significativas. Eso también aconseja no convertir el trabajo de 2026 en una regla general.
Por eso, para tu auto-evaluación de la materia y de tu planificación docente, no utilizaría el metaanálisis de 2026 como fundamento de la diferencia de tiempos. Buscaría específicamente investigación sobre tiempo, interacción y trabajo colaborativo en clases sincrónicas virtuales versus presenciales. Ahí probablemente encontremos una fundamentación mucho más ajustada a lo que experimentaste.
