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* Bueno, todo el tema de la mundialización y de la comprensión de la conectividad de todos con todo, de la complejidad del mundo actual, del mundo VUCA o VICA al mundo BANI, nos llevaron a acuñar la frase de que "el aleteo de una mariposa en la China puede provocar un terremoto en San Francisco, EEUU." MariposaTerremoto Si nosotros tratamos de pensarlo, resulta lógico. La pandemia del Covid 19 nos mostró esta realidad de la manera más contundente posible. Está bien ¿pero desde mi punto de vista y para mi organización y la iniciativa que yo manejo ¿Qué significa esto de la mariposa y el terremoto? |
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| * Bueno, todo el tema de la mundialización y de la comprensión de la conectividad de todos con todo, de la complejidad del mundo actual, del mundo VUCA o VICA al mundo BANI (De volátil, incierto, complejo y ambiguo (VICA) a frágil, ansioso, no lineal e incomprensible (BANI). La complejidad y la conectividad, nos llevaron a acuñar la frase de que "el aleteo de una mariposa en la China puede provocar un terremoto en San Francisco, EEUU." * Está bien ¿pero desde mi punto de vista y para mi organización y la iniciativa que yo manejo ¿Qué significa esto de la mariposa y el terremoto? |
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| * Se acuerdan que en la clase pasada les hablé de una experiencia con una red territorial donde una de sus líderes me dijo: Mercedes me dí cuenta de que teníamos que levantar la cabeza de la olla. Señalando que había que comenzar a pensar y gestionar la organización de manera estratégica, mirar más allá de prepararles la comida a los chicos y educarlos. Realizar esas tareas no es poco, es necesario, es imprescindible pero, para la organización, ya no era suficiente. | * EfectoMariposaColaboracion * La frase del “aleteo de una mariposa en China que puede provocar un terremoto en San Francisco” es una metáfora potente que afirma que en ciertos sistemas complejos, pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden amplificarse de manera no lineal y producir efectos muy distintos a gran escala. Si nosotros tratamos de pensarlo, resulta lógico. La pandemia del Covid 19 nos mostró esta realidad de la manera más contundente posible. * En síntesis, ¿se acuerdan que en la clase pasada les hablé de una experiencia con una red territorial donde una de sus líderes me dijo: Mercedes me dí cuenta de que teníamos que levantar la cabeza de la olla? Lo que esta lider estaba señalando era que les convenía comenzar a pensar y gestionar la organización de manera estratégica, mirar más allá de prepararles la comida a los chicos y educarlos. Realizar esas tareas no es poco, es necesario, es imprescindible pero, para la organización, ya no era suficiente. |
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| * Estas organizaciones perciben la necesidad de aquellos cambios que se llaman de segunda generación. | * Estas organizaciones percibieron la necesidad de aquellos cambios que ahora se llaman de segunda generación. |
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| * Amplian las miradas angostas sobre los límites de las actividades de las entidades sociales y extienden sus capacidades de conectividad, articulación e influencia en el contexto. * Las perspectivas de fortalecimiento focalizadas en el sistema interior de la entidad –aquellas llamadas de primera generación– son fundamentales pero dejan fuera a la adquisición de estas otras capacidades que son consideradas altamente estratégicas. * Para ampliar la visión angosta debemos hacer hincapié sobre el potencial de las organizaciones de la sociedad civil como usinas de experiencias y de capacidad de transformación. * Lo más importante es que antes cuando pensábamos en fortalecer nuestra organización lo hacíamos puertas adentro, es decir el fortalecimiento de primera generación consistía en mejorar la capacidad interna de la entidad para planificar, evaluar, conseguir fondos. El fortalecimiento de segunda generación, sin dejar de lado las capacidades internas, tiene que incorporar otras cualidades y talentos. * Reconocer y aceptar la complejidad del contexto actual como una oportunidad permite gestionarla con nuevas prospectivas y generar nuevos escenarios de diseños de futuros para la organización. Los que se llaman procesos de fortalecimiento de segunda generación están relacionados con el contexto externo y con la capacidad de las organizaciones y personas para gestionar otro tipo de procesos de articulaciones estratégicas e impacto en el entorno. Las acciones de fortalecimiento interno pueden focalizarse en el cumplimiento de compromiso para el desarrollo de recursos económicos, de voluntariado, etc. pero muy pocas iniciativas consideran que el establecimiento de compromisos fortalezca las relaciones humanas y ultimamente también se incluyen metas en torno a la felicidad personal, organizacional y colectiva. |
* Amplian las miradas sobre los límites de las actividades de las entidades sociales y extienden sus capacidades de conectividad, articulación e influencia en el contexto. * Las perspectivas de fortalecimiento focalizadas en el sistema interior de la entidad –aquellas llamadas de primera generación– son fundamentales pero tienen que dejar lugar para la adquisición de estas otras capacidades que son consideradas altamente estratégicas. * Para ampliar la visión debemos hacer hincapié sobre el potencial de las organizaciones de la sociedad civil como usinas de experiencias y de capacidad de transformación y mostrar cómo las organizaciones sociales fueron cambiando con el tiempo. |
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| Este cambio se vuelve particularmente evidente cuando observamos cómo evolucionan ciertas prácticas en el territorio. Una organización que trabaja en empleabilidad juvenil, por ejemplo, puede alcanzar niveles muy altos de calidad en sus programas de formación. Sin embargo, si no logra articular con el sector productivo, con políticas públicas de empleo o con otras organizaciones que trabajan sobre la misma problemática desde ángulos distintos, su capacidad de generar inserciones laborales sostenidas será limitada. En este sentido, el fortalecimiento ya no puede medirse solo en términos de “mejor programa”, sino en términos de capacidad de incidir en las condiciones que hacen posible —o imposible— ese resultado. Algo similar ocurre en el campo de la primera infancia. En distintos territorios de Argentina y la región, organizaciones que durante años trabajaron en nutrición, estimulación temprana o acompañamiento familiar comenzaron a integrarse en espacios intersectoriales junto con centros de salud, instituciones educativas y gobiernos locales. Lo que cambia allí no es solo la escala de la intervención, sino su naturaleza: se pasa de acciones fragmentadas a intentos de construir respuestas integrales, donde la coordinación entre actores se vuelve tan relevante como la calidad de cada intervención individual. En estos procesos, el fortalecimiento implica desarrollar capacidades para sostener acuerdos, gestionar diferencias, compartir información y construir criterios comunes de acción. === Capacidades de articulación y gobernanza en red === Desde esta perspectiva, una organización “fortalecida” en segunda generación no es únicamente aquella que gestiona bien sus recursos o ejecuta eficazmente sus programas. Es aquella que logra leer su entorno, identificar actores clave, construir alianzas significativas y participar en dinámicas que exceden su propio perímetro institucional. Esto requiere desarrollar lo que la literatura reciente denomina capacidades de articulación o de gobernanza en red, es decir, la habilidad de operar en espacios donde no hay jerarquías claras, donde los objetivos deben construirse colectivamente y donde los resultados dependen de la interacción entre múltiples actores. En este marco, la dimensión relacional adquiere un estatuto completamente distinto. La confianza, el diálogo y la capacidad de sostener tensiones dejan de ser consideradas habilidades “blandas” para convertirse en condiciones estructurales del trabajo colaborativo. Investigaciones recientes sobre [[aprendizaje organizacional]] y colaboración muestran que sin estas condiciones es muy difícil que los espacios interorganizacionales produzcan innovación o aprendizaje significativo. Dicho de otro modo, no alcanza con “sentar a los actores en la misma mesa”: es necesario construir las condiciones para que esa interacción sea productiva. === Impacto sistémico y múltiples niveles de intervención === Este tipo de fortalecimiento también supone operar en múltiples niveles de manera simultánea. Las organizaciones ya no se limitan a intervenir directamente sobre personas o comunidades, sino que comienzan a actuar también sobre otras organizaciones, sobre redes y, en algunos casos, sobre políticas públicas. Esto se observa con claridad en organizaciones ambientales que han evolucionado desde campañas de sensibilización hacia estrategias de incidencia que combinan producción de evidencia, articulación con universidades, trabajo con medios de comunicación y participación en procesos legislativos. En estos casos, el fortalecimiento no implica hacer “más de lo mismo”, sino expandir el campo de acción hacia espacios donde se definen las reglas del juego. Un elemento central de esta segunda generación es el cambio en la manera de concebir el impacto. Ya no se trata únicamente de medir resultados directos —personas atendidas, actividades realizadas, servicios brindados—, sino de observar transformaciones en el entorno: cambios en prácticas de otros actores, en dinámicas territoriales, en agendas públicas o en marcos normativos. Esto implica incorporar una mirada más sistémica, donde el valor de la organización se vincula con su capacidad de contribuir a procesos de [[inteligencia colectiva]] y cambio en el entorno, más que con la suma de sus intervenciones individuales. |
Desde esta perspectiva, la metáfora de la mariposa deja de ser una imagen lejana para convertirse en una orientación práctica: invita a tomar en serio lo aparentemente pequeño —una conversación bien facilitada, una pregunta apreciativa, un espacio de encuentro intersectorial— porque, en contextos de alta interdependencia, esos “micro-movimientos” pueden escalar y contribuir a transformaciones mayores. Pero también introduce una advertencia: así como pequeños cambios pueden generar efectos positivos amplificados, también pueden desencadenar dinámicas no deseadas. De allí que el fortalecimiento de segunda generación no pueda pensarse sin una dimensión ética —en línea con autoras como Adela Cortina— y sin reglas de juego claras para la acción colectiva, como las que estudió Elinor Ostrom en la gestión de bienes comunes. No se trata solo de activar conexiones, sino de orientar esas conexiones hacia formas de cooperación que sean sostenibles, equitativas y generadoras de valor público. En síntesis, la frase del “aleteo de la mariposa” condensa una idea clave para pensar la colaboración estratégica en contextos complejos: en sistemas interdependientes, lo pequeño puede ser decisivo. El fortalecimiento de segunda generación se apoya en esta comprensión para desplazar el foco desde la acumulación de capacidades individuales hacia la construcción de entramados relacionales de alta calidad, donde las interacciones —junto con las estructuras formales— se convierten en el verdadero motor de transformación. |
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| El aporte de Adela Cortina resulta especialmente relevante. Su propuesta de una ética mínima plantea que, en sociedades diversas, es posible construir acuerdos básicos que permiten la convivencia y la acción conjunta: libertad, equidad, solidaridad, respeto activo y diálogo. | El aporte de AdelaCortina resulta especialmente relevante. Su propuesta de una ética mínima plantea que, en sociedades diversas, es posible construir acuerdos básicos que permiten la convivencia y la acción conjunta: libertad, equidad, solidaridad, respeto activo y diálogo. |
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La ética no es un discurso abstracto, sino una condición concreta de la acción colectiva. La propuesta de la ética cordis incorpora dimensiones clave para la colaboración: |
* ¿QUÉ DICE ADELA CORTINA SOBRE LA ÉTICA Y LOS VALORES? * La ética no es un discurso abstracto, sino una condición concreta de la acción colectiva. La propuesta de la ética cordis incorpora dimensiones clave para la colaboración: |
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| * • Apertura: Implica una actitud crítica y falibilista. Reconoce que los propios intereses y convicciones no son necesariamente universales y que la propia perspectiva puede ser errónea. Por lo tanto, la persona está abierta a la crítica racional, al diálogo y a cambiar de opinión si se presentan mejores argumentos. * • Reconocimiento: Se trata de reconocer a los demás miembros de la comunidad no solo como interlocutores válidos, sino como personas con iguales derechos a exponer sus intereses y argumentaciones. Es el reconocimiento cordial del otro como un fin en sí mismo, aceptando la diversidad y la interdependencia. * • Compromiso: No basta con dialogar; la ética cordis exige un compromiso con la justicia. Implica una responsabilidad activa en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y solidaria. Es pasar de la teoría a la acción práctica. * • Esperanza: Es la convicción de que el acuerdo universal sobre intereses comunes es posible. No es un optimismo ingenuo, sino una esperanza fundamentada en la creencia de que el diálogo y la razón cordial pueden transformar la realidad. La esperanza es el "motor" que permite seguir buscando la justicia a pesar de las dificultades. Sosteniblepedia +5 * '''En resumen''': La Ética Cordis es una ética de la compasión y la solidaridad que busca "curar" el analfabetismo emocional y la frialdad procedimental de otras éticas, reconociendo que el corazón humano debe acompañar a la razón en la toma de decisiones. |
- • PROGRAMA DE ESTA CLASE
- 1. La colaboración estratégica en contextos complejos
- 2. El talento colaborativo y los valores.
- 3. Herramientas concretas vinculadas con la reflexión sobre las virtudes, la indagación apreciativa, y el diálogo.
- 4. Factores que afectan la calidad de los procesos colaborativos
- El tiempo en las organizaciones
- Ciclo de vida de las organizaciones
- Las organizaciones longevas.
- Aspectos ocultos de la colaboración, los costos y la gestión de las tensiones.
- 5. Inteligencia colaborativa, inteligencia artificial, inteligencia colectiva
- ANTECEDENTES
- Situacion Desafiante
- Querría recordar que desde la clase pasada quedó planteado el desafío de conocer por lo menos a 5 personas nuevas y entiendo que por las fotos de ustedes trabajando en el Campus que me mandaron Lucas y Martín es bastante probable que hayan cumplido con ese objetivo. También se integraron 7 grupos de manera de poder trabajar juntos hoy.
- El proponer que se conozcan inicialmente con un pequeño grupo de personas hasta tratar de conocerse entre todos y cada vez más, no es un desafío arbitrario. Forma parte de la experiencia de ser una comunidad de aprendizaje donde aprendemos qué es la colaboración colaborando. Dijimos que en este espacio de aprendizaje buscamos responder a la pregunta: ¿Qué es la colaboración para nosotros? Implica que vamos a generar un proceso de aprendizaje colaborativo, situado y significativo, vamos a aprender juntos que es la colaboración, colaborando entre nosotros. Buscando ser una comunidad de aprendizaje colaborativo porque ya sabemos que a colaborar se aprende y que la colaboración se puede gestionar.
- Estamos en una Situacion Desafiante y algo desafiante implica una tarea, actitud o reto difícil, provocador, estimulante. Al mismo tiempo una situación desafiante requirie esfuerzo, audacia y resistencia a lo largo del tiempo.
- Porque, como dijimos:
- Comprender cómo funciona la colaboración es un gran desafío.
- Aprender a colaborar de manera estratégica es todavía más difícil. Pero, no imposible.
Comenzamos entonces por enmarcar que vamos a ocuparnos de la colaboración como práctica estratégica en contextos complejos.
- Nosotros sabemos que las organizaciones siempre colaboran de alguna u otra manera. Por eso, conviene diferenciar la colaboración espontánea de la colaboración estratégica y aprender a reconocer las diferencias.
La Colaboración Espontánea ColaboracionEspontanea es aquella que emerge de manera casual, eventual o contingente, generalmente basada en cercanía personal, urgencias compartidas, valores comunes. Es frecuente en momentos de crisis, o en redes informales donde actores diversos se articulan sin un diseño previo. La colaboración espontánea es muy visible en el campo de las organizaciones sociales en Argentina, especialmente ante problemáticas urgentes donde la capacidad de reacción prevalece por sobre el diseño previo. Redes de asistencia durante la pandemia (2020–2021), Articulaciones frente a emergencias climáticas (inundaciones, incendios), Campañas puntuales entre organizaciones con afinidad temática como cambio climático, derechos humanos, género.Por ejemplo, ante el tratamiento de una ley o una situación de violencia que toma visibilidad pública, distintas organizaciones se suman a una campaña común (difusión, firmas, presencia en redes). Hay otros ejemplos en territorios, de colaboración entre organizaciones barriales, que son colaboraciones entre organizaciones y actores informales y se dan intercambio de recursos en organizaciones pares.
- Justamente ahí se vuelve más clara su potencia —y también sus límites. Este tipo de colaboración es muy frecuente, poco visible y altamente valiosa, y aunque rara vez se sistematiza o escala es fundamental.
La colaboración espontánea
- se activa rápidamente (no requiere diseño previo),
- se apoya en vínculos existentes o afinidades,
- resuelve problemas concretos en el corto plazo,
- y aunque no necesariamente construye capacidades sostenidas, ni estructuras de colaboración duraderas es valiosa.
- La pregunta no es cómo reemplazar la colaboración espontánea —que es indispensable— sino cómo reconocerla, valorarla, registrarla y, cuando es pertinente, transformarla en colaboración estratégica sin perder su energía inicial.
La colaboración estratégica implica un diseño deliberado orientado a objetivos compartidos de mediano y largo plazo. Supone una articulación estructurada en función del objetivo de la colaboración y de acuerdo con lo que queremos obtener nos articularemos con distintos formatos: Requiere la construcción de acuerdos explícitos, la definición de roles, la asignación de recursos y la creación de mecanismos de gobernanza. Se apoya en la dimensión relacional, se fundamenta en la construcción de confianza pero la estructura para producir resultados sostenibles.
- Desde la perspectiva de Elinor Omstrom y de las experiencias recientes en el marco del enfoque de la acción colectiva (collective impact) se sostiene que las colaboraciones estratégicas que logran impacto requieren condiciones. Este enfoque permite diferenciar claramente entre colaboraciones episódicas y aquellas diseñadas para el largo plazo y la transformación de problemáticas sociales complejas que requieren reglas, acuerdos y sostener procesos a lo largo del tiempo. Recordemos la escalera de Himmelman.
Por su parte, la revista de innovación social de la Universidad de Stanford (el Stanford Social Innovation Review- SSIR) publicó en 2011 el artículo de Kania y Kramer sobre ImpactoColectivo (Collective Impact- Kania & Kramer, 2011) Ese texto: instaló globalmente el concepto, redefinió la idea de colaboración a gran escala e influyó en políticas públicas y organizaciones. Ahora, más de 10 años después de que publicaron los primeros artículos sobre las colaboraciones colectivas más efectivas, han desarrollado múltiples artículos accesibles que muestran que sigue manteniendo vigencia el hecho de que las colaboraciones más efectivas son aquellas que combinan intencionalidad estratégica con adaptabilidad, evitando tanto la rigidez excesiva como la improvisación. https://ssir.org/articles/entry/a_learning_agenda_for_collective_impact# y si bien las 5 claves básicas se sostienen reconocen que en el centro de todos los procesos tenemos que ubicar el valor de la equidad.
- 1 Agenda común: Visión compartida.
- 2 Sistemas de medición común: Datos consistentes.
- 3 Actividades de refuerzo mutuo: Acciones coordinadas.
- 4 Comunicación continua: Confianza.
- 5 Organización de apoyo (Backbone): Equipo dedicado.
- Por otra parte, para llevar adelante estos procesos de gestión de la colaboración estratégica es necesario tomar en cuenta el contexto. Porque, como decía Darwin, no es la especie más fuerte, o la más inteligente, la que sobrevive sino aquella que sabe adaptarse a su entorno y gestionar el cambio.
- Creo que en la clase pasada todos entendimos que estamos en un momento histórico con nuevas demografías, nuevas oportunidades y nuevos desafíos. Estamos en un momento histórico de transición. ¿Pero qué queremos decir con momento histórico de transición?
- Los momentos históricos de transición se caracterizan porque el modelo de sociedad anterior pierde vigencia pero tarda en desaparecer y los modelos de la nueva sociedad todavía no se han consolidado, las certezas se desvanecen, el paradigma residual y el emergente chocan, pelean, recuerdo que el profesor Agulla nos decía que en el nivel de la sociedad es la incertidumbre la característica de los momentos de transición, las certezas desaparecen pero, en el plano de cada uno de nosotros, las personas, sentimos confusión. Todo cambia y de manera rápida.
- Es por esto, como dijo Bauman, que todo lo sólido se hace líquido, Marx en 1848, fue el que dijo la frase original: todo lo sólido se desvanece en el aire. La Cita Completa:"Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado, y las personas, al fin, se ven forzadas a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas".
- Esta imagen de Bauman, de un mundo líquido, tomada de Marx, a mí me parece muy clarificadora y sintética de algunas de las peculiaridades más importantes del mundo actual.
- Con crisis y guerras, viviendo en la sociedad del riesgo, con una sensación de incertidumbre generalizada, con la IA que cosecha críticas y aplausos por igual y con una percepción de la complejidad cada vez más intensa: la posibilidad de ser sociedades y personas colaborativas e inclusivas no se dan espontáneamente. La aspiración de aprender a ser, hacer, convivir y conocer, es como la brújula que indica nuestro camino. Por eso aprender sobre la colaboración, implica reflexionar y dialogar que son capacidades altamente estratégicas que tendríamos que esmerarnos en incorporar a nuestras vidas, organizaciones y comunidades.
- 13 minutos
- Bueno, todo el tema de la mundialización y de la comprensión de la conectividad de todos con todo, de la complejidad del mundo actual, del mundo VUCA o VICA al mundo BANI (De volátil, incierto, complejo y ambiguo (VICA) a frágil, ansioso, no lineal e incomprensible (BANI). La complejidad y la conectividad, nos llevaron a acuñar la frase de que "el aleteo de una mariposa en la China puede provocar un terremoto en San Francisco, EEUU."
- Está bien ¿pero desde mi punto de vista y para mi organización y la iniciativa que yo manejo ¿Qué significa esto de la mariposa y el terremoto?
- VAMOS A COMPARTIR EL PPT
- La frase del “aleteo de una mariposa en China que puede provocar un terremoto en San Francisco” es una metáfora potente que afirma que en ciertos sistemas complejos, pequeñas variaciones en las condiciones iniciales pueden amplificarse de manera no lineal y producir efectos muy distintos a gran escala. Si nosotros tratamos de pensarlo, resulta lógico. La pandemia del Covid 19 nos mostró esta realidad de la manera más contundente posible.
- En síntesis, ¿se acuerdan que en la clase pasada les hablé de una experiencia con una red territorial donde una de sus líderes me dijo: Mercedes me dí cuenta de que teníamos que levantar la cabeza de la olla? Lo que esta lider estaba señalando era que les convenía comenzar a pensar y gestionar la organización de manera estratégica, mirar más allá de prepararles la comida a los chicos y educarlos. Realizar esas tareas no es poco, es necesario, es imprescindible pero, para la organización, ya no era suficiente.
- Estamos hablando de generar organizaciones robustas, sólidas, que crecen conectadas con otras y con una visión colectiva, sabiendo a dónde están yendo y adquieren herramientas para lograrlo.
- Estas organizaciones percibieron la necesidad de aquellos cambios que ahora se llaman de segunda generación.
- Los procesos de fortalecimiento de segunda generación
- Amplian las miradas sobre los límites de las actividades de las entidades sociales y extienden sus capacidades de conectividad, articulación e influencia en el contexto.
- Las perspectivas de fortalecimiento focalizadas en el sistema interior de la entidad –aquellas llamadas de primera generación– son fundamentales pero tienen que dejar lugar para la adquisición de estas otras capacidades que son consideradas altamente estratégicas.
- Para ampliar la visión debemos hacer hincapié sobre el potencial de las organizaciones de la sociedad civil como usinas de experiencias y de capacidad de transformación y mostrar cómo las organizaciones sociales fueron cambiando con el tiempo.
El entorno y los nuevos modelos de gestión de las organizaciones
- Trayectoria del fortalecimiento en las organizaciones de la sociedad civil
- Fortalecimiento de segunda generación y acción en el entorno
- Capacidades de articulación y gobernanza en red
- Impacto sistémico y múltiples niveles de intervención
Trayectoria del fortalecimiento en las organizaciones de la sociedad civil
Cuando comenzamos a trabajar articuladamente en espacios como el Foro del Sector Social, FeDEFA y la RACI, se comenzó a usar la expresión de procesos de “fortalecimiento” de las OSC —porque nombra con precisión una trayectoria histórica del sector social en Argentina— vinculada a la profesionalización de las organizaciones sociales. Recuerdo cuando invitamos a un experto norteamericano a hablarnos de la función de la dirección ejecutiva: fuimos a Rosario, a la ciudad de Córdoba, y allí casi nos tiran con tomates. “Eso de tener una directora o director ejecutivo es cosa de yankis”, nos dijeron.
Hoy, en cambio, nadie discute que, acompañando el crecimiento de las organizaciones, se desarrollan procesos de profesionalización de los equipos y de la estructura institucional. La función ejecutiva no se cuestiona, como tampoco la función de gobierno de las comisiones directivas y consejos de administración. A todo este proceso, que llevó años —en el que publicamos manuales sobre cuerpos de gobierno y realizamos talleres en todo el país— lo llamamos “programas de fortalecimiento” y, le demos el nombre que le demos, siempre serán necesarios.
El pasaje hacia una nueva generación de fortalecimiento
Ahora bien, el desafío no es reemplazar los programas de fortalecimiento sino hacer visible su transformación. Hablar de procesos de fortalecimiento de segunda generación implica reconocer que ya no estamos frente a un enfoque centrado exclusivamente en la mejora interna de las organizaciones, sino ante un cambio más profundo en la manera de concebir la acción organizacional en contextos complejos.
Durante décadas, el fortalecimiento organizacional se guio por la idea de que “hacer el bien requiere hacer las cosas bien” y estuvo asociado a la profesionalización, la mejora de la gestión, la transparencia administrativa y la eficiencia en el uso de recursos. Este enfoque fue —y sigue siendo— indispensable: permitió consolidar organizaciones, hacerlas más sostenibles y mejorar la calidad de sus intervenciones. Sin embargo, ese modelo parte de un supuesto implícito: que si la organización funciona bien hacia adentro, su impacto hacia afuera será una consecuencia casi natural. La experiencia acumulada en América Latina, y particularmente en Argentina, muestra que este supuesto es limitado cuando las problemáticas a abordar son estructurales, interdependientes y están atravesadas por múltiples actores.
Fortalecimiento de segunda generación y acción en el entorno
Los procesos de fortalecimiento llamados de segunda generación introducen un desplazamiento que no es solo técnico, sino conceptual. La pregunta deja de ser únicamente cómo mejorar el funcionamiento interno de una organización para pasar a ser cómo esa organización amplía su capacidad de actuar con otros, en relación con otros, y sobre el entorno en el que está inserta. Esto supone reconocer que el impacto ya no se juega exclusivamente en la calidad de la intervención directa, sino en la capacidad de colaboración estratégica, de influir y de construir respuestas colectivas.
Desde esta perspectiva, la metáfora de la mariposa deja de ser una imagen lejana para convertirse en una orientación práctica: invita a tomar en serio lo aparentemente pequeño —una conversación bien facilitada, una pregunta apreciativa, un espacio de encuentro intersectorial— porque, en contextos de alta interdependencia, esos “micro-movimientos” pueden escalar y contribuir a transformaciones mayores.
Pero también introduce una advertencia: así como pequeños cambios pueden generar efectos positivos amplificados, también pueden desencadenar dinámicas no deseadas. De allí que el fortalecimiento de segunda generación no pueda pensarse sin una dimensión ética —en línea con autoras como Adela Cortina— y sin reglas de juego claras para la acción colectiva, como las que estudió Elinor Ostrom en la gestión de bienes comunes. No se trata solo de activar conexiones, sino de orientar esas conexiones hacia formas de cooperación que sean sostenibles, equitativas y generadoras de valor público.
En síntesis, la frase del “aleteo de la mariposa” condensa una idea clave para pensar la colaboración estratégica en contextos complejos: en sistemas interdependientes, lo pequeño puede ser decisivo. El fortalecimiento de segunda generación se apoya en esta comprensión para desplazar el foco desde la acumulación de capacidades individuales hacia la construcción de entramados relacionales de alta calidad, donde las interacciones —junto con las estructuras formales— se convierten en el verdadero motor de transformación.
Fortalecimiento de segunda generación y TalentoColaborativo
Si el fortalecimiento de segunda generación implica ampliar la capacidad de las organizaciones para actuar en relación, entonces introduce una pregunta central: ¿qué capacidades hacen posible esa forma de acción?
Aquí aparece el concepto de talento colaborativo. No alcanza con organizaciones bien gestionadas; se requieren personas y equipos capaces de sostener procesos de articulación en contextos complejos.
El talento colaborativo no es un rasgo individual aislado ni una disposición abstracta. Es una configuración integrada de valores, capacidades y prácticas que hacen posible sostener procesos colaborativos en contextos diversos y cambiantes.
La dimensión ética como base de la colaboración
En este marco, los valores dejan de ser un complemento para convertirse en una condición estructural de la colaboración. Definen las reglas del juego: cómo nos vinculamos, qué consideramos válido, qué está permitido y qué no.
El aporte de AdelaCortina resulta especialmente relevante. Su propuesta de una ética mínima plantea que, en sociedades diversas, es posible construir acuerdos básicos que permiten la convivencia y la acción conjunta: libertad, equidad, solidaridad, respeto activo y diálogo.
Estos mínimos no buscan eliminar las diferencias, sino hacer posible la cooperación en contextos de diversidad.
Ética, valores y virtudes en la práctica colaborativa
- ¿QUÉ DICE ADELA CORTINA SOBRE LA ÉTICA Y LOS VALORES?
- La ética no es un discurso abstracto, sino una condición concreta de la acción colectiva. La propuesta de la ética cordis incorpora dimensiones clave para la colaboración:
• apertura • reconocimiento • compromiso • esperanza
- • Apertura: Implica una actitud crítica y falibilista. Reconoce que los propios intereses y convicciones no son necesariamente universales y que la propia perspectiva puede ser errónea. Por lo tanto, la persona está abierta a la crítica racional, al diálogo y a cambiar de opinión si se presentan mejores argumentos.
- • Reconocimiento: Se trata de reconocer a los demás miembros de la comunidad no solo como interlocutores válidos, sino como personas con iguales derechos a exponer sus intereses y argumentaciones. Es el reconocimiento cordial del otro como un fin en sí mismo, aceptando la diversidad y la interdependencia.
- • Compromiso: No basta con dialogar; la ética cordis exige un compromiso con la justicia. Implica una responsabilidad activa en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y solidaria. Es pasar de la teoría a la acción práctica.
- • Esperanza: Es la convicción de que el acuerdo universal sobre intereses comunes es posible. No es un optimismo ingenuo, sino una esperanza fundamentada en la creencia de que el diálogo y la razón cordial pueden transformar la realidad. La esperanza es el "motor" que permite seguir buscando la justicia a pesar de las dificultades. Sosteniblepedia +5
En resumen: La Ética Cordis es una ética de la compasión y la solidaridad que busca "curar" el analfabetismo emocional y la frialdad procedimental de otras éticas, reconociendo que el corazón humano debe acompañar a la razón en la toma de decisiones.
La práctica sostenida de los valores da lugar a virtudes cotidianas que funcionan como el “sistema operativo” de la colaboración: confianza, responsabilidad compartida, tolerancia, capacidad de sostener tensiones.
El diálogo como práctica central
El diálogo es el dispositivo central de los procesos colaborativos. La calidad del aprendizaje y de la acción colectiva depende de la calidad de las interacciones.
El enfoque dialógico pone en el centro:
• el valor de los argumentos por sobre las jerarquías • el reconocimiento de saberes diversos • la construcción de sentido compartido • la solidaridad como base de la interacción
Indagación apreciativa y desarrollo de capacidades
La indagación apreciativa permite desarrollar el talento colaborativo trabajando sobre lo que ya funciona. No niega las dificultades, pero propone abordarlas desde una lógica de expansión.
Cuanto más abiertas y constructivas son las preguntas, más posibilidades hay de generar cambios sostenibles.
Hacia una comunidad de aprendizaje basada en valores
Una comunidad de aprendizaje no se construye solo con contenidos, sino con acuerdos sobre cómo nos vinculamos.
La cohorte 2026 de la Maestría en OSFL puede pensarse como una comunidad con identidad propia. Esto abre una pregunta central:
¿Qué valores queremos que orienten nuestros vínculos?
La construcción de un decálogo de valores permite hacer explícitas las reglas del juego, sostener la calidad del diálogo y fortalecer la colaboración.
Módulo 4: Factores que afectan la calidad de los procesos colaborativos
Si algo hemos ido reconociendo a lo largo de la clase es que la colaboración no depende únicamente de la voluntad de colaborar ni de la coincidencia de propósitos. Muchas experiencias que comienzan con entusiasmo pierden consistencia o se vuelven difíciles de sostener en el tiempo. Esto no suele explicarse por falta de compromiso, sino por la presencia de factores que, cuando no son reconocidos, terminan condicionando la calidad de los procesos colaborativos.
El tiempo: ciclos de vida de las organizaciones y de las personas
Uno de esos factores es el tiempo. Las organizaciones y las personas no se encuentran en un mismo momento, y esta diferencia incide de manera directa en su forma de participar en procesos de articulación. Las organizaciones tienen trayectorias distintas: algunas se encuentran en etapas de consolidación, con estructuras más estables y mayor capacidad de planificación; otras operan en contextos de mayor fragilidad, donde la urgencia condiciona las decisiones. Estas diferencias influyen en la disponibilidad de recursos, en la capacidad de sostener compromisos y en los modos de vinculación.
Cuando estas asimetrías no son reconocidas, suelen interpretarse como falta de interés o de compromiso. Sin embargo, muchas veces lo que está en juego no es una disposición individual, sino una condición estructural. Incorporar la dimensión temporal en la colaboración implica reconocer estas diferencias y diseñar procesos que puedan alojarlas.
En este punto, el decálogo de valores puede funcionar como una referencia práctica: permite sostener acuerdos básicos aun cuando los ritmos y las condiciones de participación sean diferentes.
Los aspectos no visibles de la colaboración
A este factor se suman los aspectos no visibles de la colaboración. No todo lo que ocurre en un proceso colaborativo está explicitado. Detrás de los acuerdos formales operan intereses diversos, expectativas no declaradas, percepciones sobre el poder, historias previas entre actores y también temores o resistencias.
Estos elementos no son en sí mismos problemáticos; forman parte de la complejidad de lo social. Sin embargo, cuando no pueden ser nombrados o elaborados, suelen aparecer como bloqueos o malentendidos.
La calidad de la colaboración depende en gran medida de la posibilidad de generar espacios donde estos aspectos puedan ser reconocidos sin que eso implique deslegitimar a los actores involucrados. Aquí el diálogo, tal como lo trabajamos en la comunidad de aprendizaje, se vuelve una herramienta central.
Costos de la colaboración
Otro elemento central es el reconocimiento de los costos de la colaboración. Colaborar implica invertir tiempo, ceder parte de la autonomía, negociar prioridades y sostener procesos que, muchas veces, son más lentos que la acción individual. También supone exponerse al desacuerdo y asumir la complejidad de coordinar con otros.
Cuando estos costos no se hacen visibles, la colaboración puede volverse frustrante. En cambio, cuando se los reconoce, es posible diseñar mejores condiciones para gestionarlos.
En este sentido, los valores acordados en el decálogo ayudan a dar sentido a estos costos, porque permiten comprender para qué vale la pena sostener el esfuerzo de colaborar.
Gestión de tensiones
La colaboración no elimina las tensiones; las hace visibles. En estos procesos conviven intereses distintos, tiempos diversos y miradas que no siempre coinciden. Las tensiones entre cooperación e intereses propios, entre corto y largo plazo o entre autonomía y coordinación forman parte constitutiva de la colaboración.
La diferencia no está en evitarlas, sino en cómo se las gestiona. La calidad de la colaboración se expresa en la capacidad de sostener estas tensiones sin que se rompan los vínculos.
Aquí vuelve a aparecer el valor del decálogo: no como una lista normativa, sino como un criterio compartido que orienta cómo atravesar los desacuerdos.
Desde esta perspectiva, los procesos colaborativos no se caracterizan por la ausencia de conflictos, sino por la capacidad de construir a partir de ellos.
Módulo 5: Inteligencia colaborativa, inteligencia artificial e inteligencia colectiva. Hacia la sabiduría colectiva
El desarrollo de procesos colaborativos en contextos complejos abre una pregunta más amplia sobre la naturaleza de la inteligencia que se pone en juego en estos espacios. Si la colaboración implica pensar y actuar con otros, entonces no se trata únicamente de coordinar acciones, sino de producir formas de comprensión que exceden las capacidades individuales.
Inteligencia colaborativa
La inteligencia colaborativa puede entenderse como la capacidad de un grupo para construir sentido compartido, tomar decisiones y actuar de manera conjunta integrando perspectivas diversas. No se trata de sumar opiniones, sino de generar algo que ninguna persona podría producir por sí sola.
Esta forma de inteligencia se apoya en la calidad de las interacciones: en la escucha, en la apertura a revisar las propias posiciones y en la disposición a construir con otros.
En este sentido, los valores trabajados en la comunidad de aprendizaje no son un complemento, sino una condición para que esta inteligencia pueda desarrollarse.
Inteligencia colectiva
Cuando estos procesos se sostienen en el tiempo y se amplían a redes más complejas, emerge lo que se denomina inteligencia colectiva. Aquí ya no hablamos solo de equipos, sino de sistemas más amplios —comunidades, redes, ecosistemas— capaces de aprender, adaptarse y responder a problemáticas complejas.
La inteligencia colectiva no es la suma de inteligencias individuales, sino una propiedad emergente de la calidad de las relaciones.
La comunidad de aprendizaje de la maestría puede entenderse como un espacio donde esta inteligencia comienza a desarrollarse, a partir de las interacciones que se generan en clase y fuera de ella.
Inteligencia artificial como nuevo actor
En este escenario, la inteligencia artificial introduce un elemento nuevo. Estas herramientas amplían la capacidad de acceso a información y de análisis, pero no reemplazan la inteligencia colaborativa ni la colectiva.
La cuestión no es si utilizar o no inteligencia artificial, sino cómo integrarla en procesos donde lo humano —la capacidad de juicio, la dimensión ética y la construcción de vínculos— sigue siendo central.
La inteligencia artificial puede potenciar la colaboración, pero también puede empobrecerla si sustituye el diálogo o reduce la diversidad de perspectivas.
Hacia la sabiduría colectiva
La noción de sabiduría colectiva introduce una dimensión aspiracional. No se trata solo de producir respuestas más eficientes, sino de orientar esas respuestas en función del bien común.
La sabiduría colectiva implica integrar conocimiento con valores, considerar las consecuencias de las decisiones y sostener una mirada de largo plazo.
En este sentido, el trabajo con el decálogo de valores y la práctica del diálogo no solo contribuyen a mejorar la colaboración, sino que orientan el desarrollo de formas de inteligencia que pueden convertirse en sabiduría compartida.
Desde esta perspectiva, la comunidad de aprendizaje no es solo un espacio de formación, sino también un ámbito donde es posible ensayar, en pequeña escala, modos de construir inteligencia y sentido colectivo en contextos de diversidad.
Cierre de la clase 2: sentido, integración y proyección
A lo largo de esta clase fuimos recorriendo un conjunto de ideas que, vistas en conjunto, configuran un cambio profundo en la manera de comprender y practicar la colaboración en organizaciones y en espacios intersectoriales.
Comenzamos reconociendo una trayectoria: los procesos de fortalecimiento que durante años permitieron consolidar organizaciones, profesionalizar equipos y mejorar la gestión. Ese camino no solo fue necesario, sino que sigue siendo una base imprescindible. Sin embargo, también vimos que, frente a contextos complejos, ese enfoque resulta insuficiente si queda centrado exclusivamente en el funcionamiento interno.
A partir de allí, introdujimos la idea de una segunda generación de procesos de fortalecimiento, donde el foco se desplaza hacia la capacidad de actuar en relación: articular con otros, incidir en el entorno y participar en la construcción de respuestas colectivas. Este desplazamiento no es solo técnico, sino también cultural y ético, porque redefine qué significa estar “fortalecido”.
Talento colaborativo y dimensión ética
En ese marco, incorporamos el concepto de talento colaborativo como una forma de comprender las capacidades necesarias para sostener estos procesos. Lejos de ser una cualidad individual, el talento colaborativo se construye en la intersección entre valores, capacidades y prácticas. Esto nos permitió poner en el centro una dimensión que muchas veces queda en segundo plano: la ética.
A partir del aporte de Adela Cortina, trabajamos la idea de que la colaboración no puede sostenerse sin acuerdos básicos que orienten la acción. La ética mínima —libertad, igualdad, solidaridad, respeto activo y diálogo— no busca eliminar las diferencias, sino hacer posible la vida en común en contextos de diversidad. En este sentido, los valores no son declaraciones abstractas, sino criterios concretos que regulan los vínculos y habilitan la acción colectiva.
También vimos que estos valores, cuando se practican de manera sostenida, se expresan en virtudes cotidianas que funcionan como un soporte decisivo de la colaboración. La confianza, la responsabilidad compartida, la apertura o la disposición al cuidado no se imponen, sino que se construyen en la experiencia.
Herramientas para la práctica colaborativa
En paralelo, incorporamos herramientas que permiten llevar estos conceptos a la práctica. El diálogo, entendido como un espacio donde el valor de las ideas no depende de la jerarquía de quien las expresa, aparece como un dispositivo central. La indagación apreciativa, por su parte, nos invita a mirar lo que ya está funcionando, a reconocer capacidades existentes y a construir a partir de allí. El cuidado introduce una dimensión relacional que permite sostener los vínculos en contextos de tensión o incertidumbre.
Factores que afectan la calidad de la colaboración
A su vez, analizamos factores que afectan la calidad de los procesos colaborativos. La dimensión del tiempo —tanto en las organizaciones como en las personas— nos recuerda que no todos los actores están en el mismo momento ni cuentan con las mismas condiciones para participar. Los aspectos no visibles de la colaboración —intereses, expectativas, percepciones de poder— nos muestran que no todo lo relevante está explícito. Los costos y las tensiones nos permiten comprender que colaborar no es un proceso lineal ni exento de dificultades, sino un espacio donde se juegan equilibrios que requieren ser gestionados.
Inteligencia colaborativa y proyección hacia la inteligencia colectiva
Finalmente, abrimos la mirada hacia la inteligencia colaborativa, la inteligencia colectiva y la relación con la inteligencia artificial. Allí vimos que la colaboración no solo permite coordinar acciones, sino producir formas de pensamiento compartido que amplían la capacidad de comprender y actuar. La inteligencia colectiva emerge cuando estas interacciones se sostienen en el tiempo y se expanden a redes más amplias. La noción de sabiduría colectiva introduce una orientación: no se trata solo de producir mejores respuestas, sino de hacerlo de manera ética, responsable y con sentido de futuro.
Apertura hacia la experiencia entre clases
A partir de todo este recorrido, la invitación que se abre no es incorporar más contenidos, sino llevar estos conceptos a la experiencia.
En lugar de proponer una tarea adicional, la propuesta es observar y practicar la colaboración en los espacios en los que cada persona ya participa.
Cada uno forma parte de organizaciones, equipos, redes o comunidades. Esos espacios pueden convertirse en ámbitos donde explorar, de manera situada, algunos de los elementos trabajados en clase.
La invitación es prestar atención a cuatro dimensiones:
* los valores presentes —y los que faltan— en las interacciones, * la calidad del diálogo, * la posibilidad de formular preguntas desde una perspectiva apreciativa, * el lugar del cuidado en los vínculos.
No se trata de agregar actividades, sino de mirar de otro modo lo que ya está ocurriendo y, cuando sea posible, introducir pequeños cambios que permitan explorar nuevas formas de interacción.
El decálogo como punto de partida
En este marco, el ejercicio de construcción del decálogo de valores de la cohorte 2026 adquiere un sentido particular. No es un cierre ni una definición definitiva, sino un punto de partida.
El decálogo permite hacer explícitos algunos acuerdos sobre cómo queremos vincularnos en esta comunidad de aprendizaje. Pero su valor no está en el listado en sí, sino en la posibilidad de poner esos valores en práctica y observar qué sucede cuando se los toma en serio.
Por eso, el decálogo puede pensarse como una referencia que acompaña este período entre clases, más que como un producto terminado.
Proyección hacia la clase 3
En la próxima clase, el foco estará puesto en recuperar estas experiencias.
No se tratará de evaluar resultados ni de presentar informes, sino de poner en valor lo aprendido a partir de la práctica:
* qué observaron en sus espacios de trabajo, * qué cambios intentaron, * qué funcionó, * qué resultó más desafiante.
A partir de esas experiencias, será posible profundizar la comprensión de la colaboración, revisar el decálogo construido y seguir desarrollando herramientas que permitan sostener procesos colaborativos en contextos reales.
Síntesis final
La colaboración, tal como la estamos trabajando, no es solo una forma de organizar el trabajo, sino una manera de habitar las relaciones.
Implica reconocer la complejidad de los contextos, valorar la diversidad de perspectivas, sostener tensiones sin romper vínculos y construir respuestas que ninguna persona u organización podría producir por sí sola.
En este proceso, los valores, el diálogo, la indagación apreciativa y el cuidado no son elementos accesorios, sino condiciones que hacen posible que la colaboración ocurra y se sostenga.
La invitación no es solo a comprender estos conceptos, sino a experimentarlos en la práctica, en los espacios concretos donde cada persona ya está actuando.
A partir de allí, la colaboración deja de ser un tema de estudio para convertirse en una experiencia que se construye, se revisa y se transforma en el tiempo.
