ADELA CORTINA, LA ÉTICA DE LA RAZÓN CORDIAL

Estaba preparando una exposición para participar en un panel sobre temas relacionados con la CiudadaniaSaludable La idea era llegar algunos acuerdos para la acción. Me encontraba detenida ante la evidencia de los distintos valores de nuestra comunidad y las diversas perspectivas de nuestro grupo sobre lo que era correcto o no lo era. Me sentía realmente perpleja respecto de las posibilidades de llegar a acuerdos con personas tan distintas, con grupos que confrontaban sus cosmovisiones, con la diversidad real y concreta encarnada en individuos con nombre y apellido. Pensaba con qué herramientas podríamos conversar y tomar decisiones conjuntas que fueran duraderas y posibles de sostener entre todxs. Recordaba las ideas de FernandoUlloa respecto de la diferencia entre consensos y acuerdos. Los acuerdos (cordis) surgen del corazón, decía Ulloa.

Las sincronicidades existen. Algunas personas ya hablan del sincrodestino. Nadie sabe cómo, ni qué fue lo que el algoritmo de Google captó de mis reflexiones, pero en un momento se desplegaron frente a mí una gran cantidad de links con el nombre de AdelaCortina en ellos. Agradecí al universo porque Cortina en "Ética de la razón cordial", que lleva como subtítulo "Educar en la ciudadanía del siglo XXI", recurre al concepto de cordialidad como una nueva categoría moral. Es necesario retomar la ética en su sentido más originario, como una forma continuada de hacer, de comportarse y de estar en el mundo. Estas ideas de AdelaCortina me dieron pistas interesantes y respuesta para explorar las claves de una convivencia armónica entre personas diversas. Abajo las comparto, mientras sigo trabajando y formulando preguntas sobre el politeísmo de valores propio de nuestras sociedades y cómo convivir armónicamente. Sigo explorando con gran entusiasmo.

Adela Cortina, para que la vayan conociendo escribió

Ética de la razón cordial. Educar en la ciudadanía. Premio Internacional de Ensayo.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y directora de la Fundación Étnor. Doctora en filosofía; como becaria de la DAAD y de la Alexander von Humboldt-Stiftung profundizó estudios en las Universidades de Munich y Francfurt.

Ha publicado, entre otros trabajos, Razón comunicativa y responsabilidad solidaria (1985), Crítica y utopía. La escuela de Frankfurt (1985), Ética mínima (1986), Ética sin moral (1990), La moral del camaleón (1991), Ética aplicada y democracia radical (1993) y la ética de la sociedad civil (1994).


Educar a la ciudadanía en el siglo XXI es la misión de Adela Cortina y propone su ética cordis o ética mínima. Para lo cual, dice Cortina, es necesario un êthos que podría caracterizarse con cuatro rasgos: apertura, reconocimiento, compromiso y esperanza. Las conversaciones genuinas se desarrollan desde una ética de la razón cordial, ethica cordis porque viene del corazón. Cortina está empeñada en la tarea de mostrar cómo el vínculo comunicativo no sólo cuenta con una dimensión argumentativa, no sólo revela una capacidad de argumentar sobre lo que consideramos verdadero y justo, sino que cuenta también con una dimensión cordial y compasiva, sin la que no es posible la comunicación. Ética mínima, porque son los acuerdos básicos que se respetan para funcionar en una sociedad de la diversidad,la complejidad y la incertidumbre. Es el mínimo común denominador ético.

DICE CORTINA:

Necesitamos, quien lo duda, alimento, vestido, casa y cultura, libertad de expresión y conciencia, para llevar adelante una vida digna. Pero necesitamos también, y en ocasiones todavía más, consuelo y esperanza, sentido o propósito y cariño, esos bienes de gratuidad que nunca pueden exigirse como un derecho; que los comparten quienes los regalan, no por deber, sino por abundancia del corazón. (…) Educar para el siglo XXI sería formar ciudadanos bien informados, con buenos conocimientos, y asimismo prudentes en lo referente a la cantidad y la calidad. pero es también, en una gran medida, en una enorme medida, educar personas con corazón, con un profundo sentido de la justicia y un profundo sentido de la gratuidad.

Cortina hace un recorrido por las distintas formas éticas que ha ido adoptando la humanidad para organizarse y concluir que la “ética cordis” (la que emana del corazón) es la clave para construir un mundo mejor y fundamento de las relaciones justas entre los seres humanos. https://www.rafaelrobles.com/2007/07/tica-de-la-razn-cordial/

Cortina afirma que existe una fuerte necesidad de formar ciudadanos políticamente activos, que participen en la construcción de una sociedad más justa e incluyente. Personas capaces de construir sociedad a partir de unos mínimos valores de convivencia y con las habilidades comunicativas que les permita dialogar y disentir en la diversidad propia de las sociedades actuales. Dice Cortina: Algunos de nosotros creímos poder defender que los españoles (también argentinos, latinoamericanos, etc) compartíamos un conjunto de valores y principios, a los que bien podía darse el nombre de «ética cívica» o «ética de los ciudadanos» de una sociedad moralmente pluralista. Este politeísmo de valores y principios se sustanciaban en unos «mínimos éticos», teniendo en cuenta que son «mínimos» porque no se puede descender por debajo de ellos sin incurrir en inhumanidad.

Nuestra ética de la razón cordial ha encontrado la fuente de la obligación moral en el reconocimiento recíproco de seres que se saben y sienten interlocutores válidos por compartir el bagaje de una razón cordial.

Las emociones nos llevan a centrar la atención en algunos aspectos de la realidad y descuidar otros, ganancia bien fecunda para nuestra vida activa, porque podemos poner un límite a la cantidad de información con que hemos de contar en nuestras deliberaciones y permitirnos no despilfarrar tiempo y oportunidades analizando una infinidad de informaciones que, gracias a los medios con que hoy contamos, cada vez es mayor. “La parálisis por el análisis” – sería la consecuencia del encarnizamiento informativo.

¿Hasta dónde podemos llegar cuando la presión social arropa a los desalmados, a los que desprecian el dolor y el sufrimiento de otros?, ¿por qué esa distancia entre nuestras grandes declaraciones sobre los derechos humanos y las realizaciones de la vida cotidiana? “No tienen corazón” – dicen las gentes. Y aciertan. No tienen corazón, y por eso es imposible salvar el abismo entre los grandes dichos y los hechos.

AdelaCortina propone unas nuevas bases para una verdadera ética de la ciudadanía, fundamentada no sólo en argumentos, sino en una razón cordial, capaz de aunar inteligencia, sentimientos y coraje, de modo que los valores morales arraiguen en los conciudadanos.Pero todo ello es imposible si no contamos con sujetos capaces de estimar valores positivos y de rechazar valores negativos: sujetos dotados de una capacidad a la que podemos denominar «estimativa» o «capacidad de estimar».

A partir del principio de que “conocemos la verdad nos sólo por la razón, sino también por el corazón”, por decirlo con Pascal, es preciso recordar que corazón, en su origen etimológico, significa al mismo tiempo afecto, inteligencia, talento y estómago. Educar en una ciudadanía cordial, en la capacidad de estimar los valores, de compadecer y de argumentar, es el propósito del libro de Cortina que estamos presentando aquí de manera muy acotada.

Adela Cortina es una autora que hay que tomar en cuenta, las personas que puedan leer algo de ella mejor. Abajo incluyo videos también. Cortina es importante para mí porque hace tomar conciencia de la magnitud de nuestra labor como actorxs sociales para erradicar las injusticias del mundo. Muestra los desafíos que tenemos por delante. Pero, nos brinda dispositivos para lograrlo.


AQUÍ VAN OTRAS CITAS DEL TEXTO "Ética de la razón cordial. Educar en la ciudadanía en el siglo XXI"

Claro que los entusiastas del conflicto por el conflicto -no los agraviados, sino los resentidos, los que guardan en el alma un extraño resentimiento fosilizado- se alegran de no encontrar valores compartidos. Cuanto peor, mejor -sigue siendo la consigna. hay que agudizar las contradicciones -sigue siendo el mensaje. Pero los adictos al conflicto por el conflicto nunca tendrán capacidad crítica, nunca serán críticos, porque criticar es discernir entre lo que une y lo que separa, entre lo justo y lo injusto. Las enmiendas a la totalidad son tan dogmáticas, tan faltas de crítica, como las adhesiones incondicionales. (p 10).

El fundamentalista acepta determinados principios por algún tipo de fe y se niega a ponerlos en cuestión, se niega a someterlos a la menor revisión racional. Puede tratarse de un fundamentalista económico, basado por ejemplo en el principio “indiscutible” de que la economía busca el crecimiento, y además a través de una receta como la del Consenso de Washington. O de un fundamentalismo político, que opta por un partido determinado y no ve en él sino virtudes, y en los demás, vicios. O de un fundamentalismo de los hechos, incapaz de pensar sino en lo que todo el mundo ya acepta, ya da por bueno, porque da pánico la idea de ser rechazado por la masa de los “bienpensantes”.

También existe el fundamentalismo religioso, claro está, pero lo he nombrado en último término precisamente porque suele creerse que es el único existente, como si la vida pública no estuviera impregnada, y en mucha mayor medida, por todos los demás fundamentalismos. (p. 14)

En tono de broma nos habla de la volatilidad ética de nuestras sociedades: “Usted se dejaría corromper? -Si es una encuesta rotundamente no; si es una proposición, hablemos.” (p 35).

Como ha sugerido algún autor estadounidense con enorme perspicacia, las naciones -incluida la suya- deberían celebrar el “Día de la Interdependencia” más que el Día de la Independencia, porque mal hace el país que quiera construir su vida en solitario en los tiempos que corren. (p 37).

Quien carece de compasión no puede captar el sufrimiento de otros; quien no tiene capacidad de indignación carece del órgano necesario para percibir las injusticias. (p 87).

El crítico social auténtico, no el que critica los acontecimientos para ser aceptado por los poderosos del momento presente, sino el que critica los acontecimientos que están teniendo lugar y a las gentes que realmente ostentan el poder, será desacreditado y perderá su reputación por coartadas -que no razones- diversas. (p 96).

Es comprensible que las gentes, por simpatía, aprecien al rico y al poderoso, porque la contemplación de su bienestar produce satisfacción. (p 95).

A los extraños seres de la isla les faltaban los sentimientos de orgullo, humillación y simpatía, por eso eran incapaces de sentir y saber que ciertas obligaciones lo son: carecían de la sensibilidad imprescindible para comprender lo que Kant llamaría “la grandeza de la ley de la humanidad”. No bastan los sentimientos, eso es cierto, pero sin ellos los ideales de la humanidad no encuentran el suelo propicio para arraigar. (p 98).

Acostumbrar a las gentes a obrar por su reputación es poner las bases del totalitarismo. (p 107).

No hay enseñanza neutral , sino siempre cargada de valores, por eso más vale explicitarlos y tratar serenamente sobre ellos para no caer en la indoctrinación. (p 142).

Ceder sólo a las presiones de aquellos grupos que tienen la capacidad de presionar, sea por lograr votos, dinero o tranquilidad, es radicalmente injusto. De ahí que para poder identificar los casos de miseria y de injusticia que aún no estén articulados políticamente necesitemos encontrar criterios, conceptos normativos básicos, que sean independientes de los movimientos sociales. No son los movimientos sociales los que han de guiar la teoría crítica, sino que el núcleo normativo de una teoría semejante es la violación de expectativas normativas de la sociedad, consideradas justificadas por los afectados, como bien señala Honneth. (p 173).

Sólo una comunidad de hablantes -diría Royce- es capaz de otorgar valor nominal a las ideas para que tengan valor efectivo; solo una comunidad de científicos -aclararía por su parte Peirce- puede ir desentrañando en el largo plazo de la investigación la verdad de las cosas. (p 174).

Es razonable trabajar por la paz, aunque no tengamos seguridad de que vaya a instaurarse. (p 180).

¿Hasta donde podemos llegar cuando la presión social imperante no abona el más elemental respeto, sino que premia a los torturadores, a los asesinos, a los desalmados, a los que desprecian el dolor y el sufrimiento de otros?, ¿hasta dónde podemos llegar cuando la presión social recompensa a los que no tienen corazón? (p 189).

No conformarse con la prudencia y la estrategia, sino apostar por la justicia. (p 210).

No hacer su vida por ellas, sino darles el poder suficiente como para que puedan hacerlas por sí mismas. Ese es el sentido de la política, la economía y las ciencias: empoderar a las personas para que sean sujetos agentes de sus vidas. (p 226).

El ingreso básico de ciudadanía es un ingreso básico, que cada ciudadano adulto percibiría anualmente, de forma incondicional, sin tener en cuenta sus ingresos ni su riqueza (…) que permite a los ciudadanos libertad real para organizar sus vidas, dedicándose a los trabajos que realmente desean ejercer. (p 233).

De ahí que propongamos el modelo de justicia del “interlocutor válido” que consiste en empoderar a las personas para que puedan ser interlocutoras válidas. (p 236).

Nuestra ética de la razón cordial ha encontrado la fuente de la obligación moral en el reocnocimiento recíproco de seres que se saben y sienten interlocutores válidos por compartir el bagaje de una razón cordial. (p 240).

El “analfabetismo emocional” es una fuente de conductas agresivas, antisociales y antipersonales, que desgraciadamente se multiplican en los distintos países, desde la escuela y la familia al fútbol, la delincuencia común, la destrucción graciosa o el terrorismo. (p 250).

Mejor le iría a nuestro mundo presuntamente “global” si los movimiento antiglobalización, en vez de limitarse a la manifestación y la repulsa de lo que hay, presentaran alternativas moralmente deseables y técnicamente viables. Que en lugar de repudiar la globalización, a todas luces imparable, propusieran alternativas realizables, dijeran: “queremos que la globalización se oriente de esta manera”.

https://www.rafaelrobles.com/2007/07/tica-de-la-razn-cordial/ Autor: Rafael Robles


OTROS APORTES DE CORTINA

https://books.google.com.ar/books?id=jwCFAwAAQBAJ&pg=PA211&lpg=PA211&dq=%22apertura,+reconocimiento,+compromiso+y+esperanza%22&source=bl&ots=zmvPK-m5b_&sig=ACfU3U21Xb5Ej5yJ-S636FHG5fgHL1KzxA&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwjjlq3mk8DvAhWbHbkGHXTIARsQ6AEwDnoECAQQAw#v=onepage&q=%22apertura%2C%20reconocimiento%2C%20compromiso%20y%20esperanza%22&f=false

El sentimiento moral de verguenza, compasión y de justicia son condiciones imprescindibles para el proceso de comunicación. Como dirá en una frase estremecedora: "Es la vivencia del sufrimiento injusto lo que pone en marcha una auténtica teoría crítica de la sociedad".

: file:///C:/Users/TITI/Downloads/112-112-1-PB%20(2).pdf

Si es verdad que estamos unidos por un vínculo comunicativo. Si es verdad que no podemos descubrir lo justo más que a través de un diálogo en el que buscamos desprevenidamente la justicia, si es verdad que lo más justo es lo que satisface intereses universalizables, también es verdad que sólo forjándonos un carácter dispuesto al reconocimiento de los intereses universalizables podremos descubrir qué es lo más justo.

Dice Cortina, un êthos que podría caracterizarse con cuatro rasgos: apertura, reconocimiento, compromiso y esperanza. Apertura, porque los propios intereses pueden no ser universalizables y las propias convicciones son falibles, de modo que tienen que estar abiertos unos y otras a la crítica racional. Predisposición a reconocer los derechos de los demás miembros de la comunidad a exponer sus intereses, aportar sus argumentaciones y a escuchar las propuestas y argumentos de los demás. Compromiso con la justicia, que sólo puede hallarse a través del diálogo, la discusión abierta aunque falible, de quienes se interesan por ella. Y esperanza de que será posible llegar a un consenso sobre intereses universalizables, que es canon para la crítica de los consensos fácticos y además su garantía (Cortina, 1985, 75-77; 2007, 210-213).

Descubrir la justicia de las normas sólo es posible contando con personas dispuestas a cultivar este carácter. Construir al sujeto que afectivamente desea argumentar en serio, porque le importa averiguar qué es más justo para los seres humanos, es una de las grandes tareas de la educación moral.

Conviene desarrollar la dimensión cordial de una ética mínima que, aun haciendo pie en la ética del discurso, despliegue las potencialidades del vínculo comunicativo, y vaya más allá de ella, superándola, dándole carne y hueso. Su nombre será entonces ética de la razón cordial, ethica cordis, empeñada en la tarea de mostrar cómo el vínculo comunicativo no sólo cuenta con una dimensión argumentativa, no sólo revela una capacidad de argumentar sobre lo verdadero y sobre lo justo, sino que cuenta también con una dimensión cordial y compasiva, sin la que no es posible la comunicación. O mejor dicho, una ética empeñada en mostrar que para argumentar con éxito sobre lo justo y lo injusto ha de hundir sus raíces en su vertiente cordial y compasiva. La razón íntegra es entonces razón cordial, porque conocemos la verdad y la justicia no sólo por la argumentación, sino también por el corazón. Debemos enfatizar que es necesario retomar la ética en su sentido más originario, como una forma continuada de hacer, de comportarse y de estar en el mundo.

Información complementaria Ver en:

Videos de Adela Cortina:

XXI https://www.youtube.com/watch?v=ZODPxP68zT0

El contexto del relato es el siguiente: Glaucón y Sócrates, dos filósofos a su vez, entablan un apasionante diálogo sobre qué es la justicia y ser una persona justa. Las preguntas son de envergadura y, para intentar encontrar una respuesta, a Glaucón le parece oportuno contar la historia del anillo de Giges. Giges, rey de Lidia, tiene un anillo mágico que hace invisible a la persona que lo lleva con solo girarlo. Cuando lo rota de nuevo se hace otra vez visible. Esta persona podría matar, robar y violar las leyes con toda impunidad porque nadie la ve. Suponiendo –cuenta Glaucón– que tuviéramos dos anillos como el de Giges y diéramos uno a un hombre justo y otro a uno injusto, los dos podrían obrar mal al hacerse invisibles y nadie se daría cuenta. Y Glaucón está convencido de que eso es lo que harían los dos, actuar mal, porque, a su juicio, lo único que nos obliga a obrar bien es que otros nos vean; la única razón que tenemos para actuar bien es el temor al castigo, el miedo a perder la buena reputación, el pánico a ver manchado nuestro buen nombre. Glaucón cree que es el miedo el que guarda la viña de la bondad.

Si esto es así, la verdad es bien triste, porque entonces no es que la justicia nos interese por sí misma: no nos importa dañar a otros ni nos preocupamos por mejorar sus vidas. Lo único que nos disuade de cometer tropelías es el miedo a la cárcel, a la multa, al descrédito, a la vergüenza social. La sensación de impunidad es el anillo de Giges, que hoy en día toma formas muy diversas. Puede ser el intercambio de favores con los que tienen el poder de castigar para que miren hacia otro lado o deriven el asunto a complicados entramados, de los que los ciudadanos no entienden nada. Puede ser la economía financiera que, por opaca e incontrolable, impide descubrir a los responsables. Puede ser el anonimato de las redes, que es un buen instrumento para denunciar las injusticias, pero también para quitar impunemente el buen nombre a otros o para comprometer a niños y adolescentes en repugnantes tramas sexuales sin que lo sepan sus padres.

El anillo también puede tomar otra forma muy curiosa, y es la de quienes calculan lo que les va a costar la multa por dañar a otros si les descubren o el tiempo de cárcel, y piensan que les tiene cuenta hacerlo, porque todavía salen ganando dinero para disfrutarlo una vez en libertad. Pero hay otra manera de interpretar la leyenda de Giges, que es francamente mejor que la de Glaucón, y es la de Sócrates. Si damos el anillo a una persona justa y a una injusta, y al saberse invisibles las dos actúan injustamente, entonces es que la primera no era una persona justa.

La persona justa es la que sigue comportándose con justicia aunque lleve el anillo, aunque nadie la vea; la que no calcula cuánto puede ganar dañando a otros, porque valora la justicia por sí misma, aprecia a las personas y tiene un profundo respeto por la dignidad de los seres humanos.

Claro que el miedo al castigo guarda en parte la viña, pero no hace hombres y mujeres justos. Para eso hace falta educar moralmente desde la familia, desde la escuela y desde el conjunto de la sociedad.


EL TEMA DE LA FILOSOFÍA, LA ÉTICA Y LA MORAL

definir la razón cordial como la capacidad humana que se encarga de mostrar cómo el vínculo comunicativo, que es el núcleo de la razón discursiva, no sólo tiene una dimensión argumentativa, que es lo que la ética del diálogo ha puesto de manifiesto, sino también una dimensión cordial que es la que hace posible estimar valores y compadecerse. ... Por lo tanto, la experiencia de base no es “pienso, luego existo”, sino “siento, luego existo”. En la raíz de todo no está la razón (“logos”), sino la pasión (“pathos”), que se expresa por la sensibilidad y por el afecto. Para este tipo de razón captamos el carácter precioso de los seres humanos, lo que los hace dignos de ser deseables. Desde el corazón y no desde la cabeza, vivenciamos los valores. Por los valores nos movemos y somos


EN RELACIÓN AL LIDERAZGO

MO: ¿Una sociedad debe buscar igualdad o equidad?

AC: “La equidad es la manera de aplicar la igualdad. A lo largo de la historia ha habido un avance —yo lo considero un progreso— en reconocer la igualdad (...) afortunadamente, la afirmación a la que hemos llegado a la altura del siglo XVIII —que en mi concepto es la más bonita— es la kantiana: ‘el ser humano tiene dignidad y no un simple precio’, y eso es muy importante porque el precio lo tienen aquellas cosas que son instrumentales, que sirven para algo y por eso se pueden intercambiar por otras y no valen por sí mismas. Por ejemplo, este bolígrafo me sirve para escribir pero no vale por sí mismo, y el día que se me acabe lo cambiaré por otro o lo tiraré; otra cosa es que me lo hubiera regalado mi madre y que ella se hubiera muerto y yo lo guardara con mucho cariño, entonces tendría un valor de afecto para mí.

Aquello que es instrumental se puede intercambiar por un precio como las mercancías, pero hay seres que no tienen precio sino dignidad, porque valen por sí mismos y por eso no puedo decir: ‘esta persona ya no sirve para trabajar, entonces vamos a matarla´. Es que esa persona vale por sí misma” (...) La igualdad en dignidad es la clave de la Declaración de Derechos Humanos y es lo que hace que los seres humanos no puedan seguir instrumentalizados, por eso se tienen que conjugar el poder económico, el político y el ciudadano, para proteger la dignidad de la gente y sus derechos”.



MercedesJones

EnciclopediaRelacionalDinamica: AdelaCortina (última edición 2021-05-30 12:21:23 efectuada por MercedesJones)